Philip Crowther: de Washington para el mundo en seis lenguas

Publicado por: erika.diaz el Mar, 19/01/2021 - 09:39
Share
Creado Por
Erika Mesa Díaz
Este periodista luxemburgués cuenta las historias de la capital de Estados Unidos en seis lenguas diferentes. Kienyke.com habló con él.
Philip Crowther: de Washington para el mundo en seis lenguas
Créditos:
cortesía

Desde el centro del mundo, un periodista políglota informa desde Washington hacia todo el mundo. La habilidad del luxemburgués Philip Crowther para comunicar los hechos con fluidez a tantas personas no solo es de gran provecho para la agencia periodística de la que es reportero afiliado, sino que también ha convulsionado las redes, que no dejan de impresionarse con su talento.

Kienyke.com habló con él para conocer un poco de su experiencia como reportero y políglota.

Cuatro lenguas más otras dos (más otras cuantas)

Colombia es un país que habla más de sesenta lenguas pero apenas lleva 30 años apreciando su diversidad lingüística, desde el cambio de constitución. Antes de eso, el sistema educativo presionaba a sus comunidades étnicas a deshacerse de sus lenguas y adoptar el español, mientras ofrecía las mejores oportunidades de vida a los pocos privilegiados que podían permitirse una educación eficazmente bilingüe con una lengua europea. Los resultados de estos rezagos aún permanecen en nuestra sociedad y son factores discriminantes en diversas profesiones.

Mientras esta realidad era la norma en Colombia y gran parte de la América Latina conservadora, el multilingüismo fue respetado y estimulado en otras latitudes. El periodista Philip Crowther es oriundo de Luxemburgo, un pequeño país sin mar que está anclado entre Francia y Alemania cuya población no supera el medio millón de habitantes. Este país reconoce tres lenguas oficiales: el francés, el alemán y el luxemburgués, una lengua de raíz germánica que es hablada por aproximadamente la mitad de la población de Luxemburgo, así como en regiones de los países vecinos.

Philip cuenta que un niño luxemburgués termina la secundaria hablando cuatro lenguas: el luxemburgués, que es la lengua comunitaria, el alemán, que es la primera lengua que se incorpora en el sistema, el francés y el inglés; “no voy a decir de manera perfecta, pero todos sabemos comunicarnos en cuatro lenguas”, dice. 

Algunos niños tienen problemas para acostumbrarse al ambiente multilingüe, pero Philip tuvo una ventaja adicional: su padre era inglés y trabajaba como traductor, mientras su madre era alemana. Su entorno fue el ideal para despertar su curiosidad en las lenguas, así que aprendió otras dos.

La quinta lengua que incorporó Philip en su repertorio lingüístico fue el español. Él cuenta que la escuela le dio la oportunidad de aprenderla de forma opcional y le interesó, así que se fue a Londres a adelantar Estudios Hispánicos. Una vez sintió que su español era lo suficientemente sólido para no sufrir con problemas de code-switching —el fenómeno lingüístico en el que un aprendiz de una nueva lengua reemplaza lagunas conceptuales con palabras de la lengua materna—, comenzó a estudiar el portugués. Así completó seis lenguas.

¿Cuál es la estructura de pensamiento de un hombre que habla seis lenguas? Conceptual. Dice que las personas no comprenden cuando él confiesa que no hay conversaciones en sus sueños y pensamientos; puede habitar su imaginación libre de códigos. Eso sí, cuando se enoja, las groserías le salen en inglés.

Philip ha tenido acercamientos con otras lenguas, como el árabe y el japonés, pero siente que no avanzó mucho por la dificultad y disciplina que implica aprender lenguas con formas de escritura diferentes al alfabeto latino. Eso sí, dice que es capaz de comprender el catalán y el italiano; pero no ha profundizado en su aprendizaje porque el code-switching puede convertirse en un problema en su profesión. 

Informar desde el centro del mundo

Al venir de un país pequeño, a Philip se le facilitó la oportunidad de hacer sus pinitos en el periodismo televisivo y radiofónico allí. Él descubrió que con el periodismo podría combinar varios de sus talentos y pasiones: el manejo de lenguas extranjeras y la posibilidad de estar en el lugar y hablar con los protagonistas de las noticias, que consultó desde antes de saber que le apasionaban. Tras descubrir su vocación y al contar con la experiencia que ya tenía, decidió cursar un año de periodismo de radio y televisión en Londres. 

Está en Washington desde hace diez años, donde trabaja como reportero internacional afiliado a la Associated Press. Allí vive con su esposa, una estadounidense de raíces mexicanas, y su bebé, que está a punto de cumplir un año. En casa, marido y mujer interactúan en inglés. La niñera de la bebé, por su parte, interactúa con ella en español. Por su corta edad, la pequeña aún no ha dicho su primera palabra; las apuestas están abiertas para ver en qué lengua será.

Philip dice que le frustra no poder transmitirle a su hija, así nomás, como quien hereda un bien o un apellido, las seis lenguas que ya domina. Después de todo, ella crecerá en un entorno diferente: en la capital de un país que, con el ascenso en la política de una figura como Donald Trump, se ha sentido envalentonado contra la diversidad cultural y lingüística.

Lógicamente, Philip también es migrante en esa ciudad y en ese país, como lo ha sido en otros lugares en los últimos 20 años. En lo personal, le parece una lástima que los estadounidenses anglo no hagan el esfuerzo de aprender la lengua nativa de 41,8 millones de personas, como también considera un desperdicio que los recién llegados no se comuniquen en la lengua de destino.

La amplia capacidad lingüística de Philip le permite hablar con diversas fuentes y comunicar los hechos importantes que ocurren en Washington, el lugar donde se toman decisiones que afectan a todo el mundo, a una gran audiencia multicultural que espera saber detrás de las fronteras. Es un trabajo que él disfruta de corazón.

El cambio de circunstancias

Eso sí, los periodistas no pueden estar en todos lados. Philip viajó hacia Georgia para ser testigo de la elección atípica de Raphael Warnock, el primer senador afrodescendiente en ese estado. Allá estaba el seis de enero pasado, cuando ocurrió la insurrección en el Capitolio. La noticia parecía una pilatuna en los primeros minutos, cuando él estaba cerca de abordar el avión de regreso desde Atlanta. 

Cuando Philip llegó a Washington, y con lo que se supo con el paso de los días, el evento había escalado a una escena de terrorismo doméstico que cobró la vida de cinco personas y puso en riesgo la integridad de los parlamentarios. La noticia entrará en los libros de historia y él no alcanzó a llegar para ser testigo. Él dice que fue lo mejor en términos de la protección de su integridad, pero es una frustración como periodista.

El incidente cambió el paisaje de las calles de la capital de Estados Unidos. De repente, las calles se llenaron de tropas para conservar el orden en la capital de un país en el que cualquier ciudadano puede adquirir y portar un arma. Fue el primer día de muchos de zozobra que, según él, permanecerá durante los primeros días del gobierno de Biden. 

Philip considera que los primeros días del presidente entrante estarán marcados por una movilidad limitada, así como se restringirá el acceso al Capitolio. Como periodista, él opina que con el paso de los años se está haciendo cada vez más difícil acceder al recinto del senado y la Casa Blanca, que solía ser un lugar de puertas abiertas para la prensa, y este cierre será más contundente en los primeros días del mandato de Biden.

Mientras comentaba esto, se activó una alarma de humo en su casa. Él le atribuyó el humo a la cocina, donde su esposa tal vez cocinaba algo. Tiempo después se supo que Washington estaba cubierta de humo y se estableció una alerta de seguridad y un toque de queda, que luego se levantó al descubrir que se trataba de una fogata encendida por habitantes de calle y que se salió de control.