Theatrón: el negocio de los gays en Bogotá

Theatrón: el negocio de los gays en Bogotá

16 de enero del 2011

$35’000.000 cuesta el arriendo de los 6.000 metros cuadrados de Theatrón, el bar gay más grande de Latinoamérica. Con esta cifra se podrían pagar 175 arriendos de casas en el barrio Sierra Morena, de la localidad de Ciudad Bolívar, si cada arriendo cuesta $200.000. Por el servicio de agua se pagan $12’000.000. Así son las cifras del imperio de la rumba gay en Bogotá, que en la década del setenta fue el afamado cine Metro Riviera e, incluso, a finales de la década de los noventa, fue una de las sedes del emporio religioso Oración Fuerte al Espíritu Santo. Pero hay muchas más cifras que muestran las inmensas dimensiones de Theatrón. En medio del espacio se encuentra la bola discotequera más grande que alguien haya visto. Su diámetro es de 1.35 m, su construcción tardó seis meses y cuenta con 6.000 cuadros de espejos de 3 x 3 cm cada uno. Es de fibra de vidrio con un corazón de metal. Cuenta con un motor que puede levantar media tonelada y permite bajarla del techo hasta 2 m antes de tocar el piso. Según Edison Ramírez, el dueño de la discoteca, 10% de la población de Bogotá pertenece a la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas). Por eso, no sería descabellado decir que al menos el 1% de esta población, cerca de 80.000 personas, ha entrado a Theatrón. Este bar tiene una capacidad de 5.000 personas, pero en algunas ocasiones ha albergado algo más de 6.000. Cuando Theatrón abrió sus puertas, el miércoles 27 de febrero de 2002, la entrada costaba $12.000. Hoy cuesta $25.000, con los que se puede disfrutar de barra libre de 9 p. m. a 2 a. m. Los licores más vendidos son el ron Tres Esquinas, aguardiente Néctar y Antioqueño, ron Santa Fe, vodka Smirnoff y Absolut y whiskys, en especial Something Special. La botella más barata es de aguardiente ($42.000), y la más cara es la de Buchanan’s 12 años ($150.000) Edison Ramírez recuerda que a las 11 p. m. su socio se acercó y le dijo que todavía había fila de personas por entrar. Se esperaban 1.000 personas y llegaron 1.200. En la actualidad entran en promedio entre 3.000 y 3.500 clientes en una noche. Pero luego de tumbar paredes para ampliarse, llegaron a la capacidad actual de 5.000 personas, entre gays y “heteroconfundidos”, como dice Ramírez. Edison Ramírez, dueño de la discoteca. En Theatrón trabajan 140 personas. El staff administrativo lo integran veinte personas, que van desde la parte de publicidad, el productor general, el director de mercadeo, el departamento de auditoría, mantenimiento y dos personas que recorren los bares gay y de rumba heterosexual para extraer ideas y adaptarlas a Theatrón. Desde que se entra a la discoteca, la seguridad es una constante. Hay dos filtros: el primero se cerciora de que los asistentes sean mayores de edad y el segundo verifica que no haya borrachos ni personas armadas. Ochenta personas trabajan en su seguridad, treinta están dentro y cincuenta en los alrededores. Sus oficinas quedan en las antiguas instalaciones de la Embajada de Canadá y el archivo del City Bank, contiguas a la discoteca. Allí hay tres monitores, que muestran 16 pantallazos cada uno, con los que se rastrean las 48 cámaras de seguridad que están distribuidas desde la calle 58 y la carrera 13, hasta el rincón más íntimo del lugar. El sistema de sonido no tiene nada que envidiarle a las mejores discotecas de Las Vegas. Cuenta con sesenta parlantes que retumban en los 6.000 metros cuadrados del lugar, sus ocho ambientes y cinco pisos. Treinta personas trabajan en la barra de Theatrón, y diez personas trabajan en su aseo. Limpian los cuarenta orinales, sesenta sanitarios y las salidas de emergencia. Durante la rumba hay cinco personas que recogen vasos y limpian al máximo. A las 8 a. m. llegan otras cinco, que terminan su labor hasta las 4 p. m. El escenario de Theatrón lo han pisado grandes estrellas de la música. Fito Páez, Andrés Cepeda, Bajofondo, Boy George y Rupaul son algunos. Entre sus clientes más asiduos están el periodista Felipe Zuleta, la ex senadora Gina Parody, Virgilio Barco ‒creador de la fundación Colombia Diversa‒ y la alcaldesa de Chapinero, Blanca Inés Durán. Para Edison Ramírez, el día más fuerte de trabajo fue durante el concierto de la agrupación Misfits. A las 8 a. m. lo llamaron del bar a decirle que habían unas personas muy extrañas haciendo fila desde esa hora de la mañana. Los fans de la agrupación se orinaron por toda la calle, hicieron mucha basura y hubo peleas. Muchos intentaron entrar gratis. Por eso, antes de alquilar su lugar ‒el día cuesta $1’200.000‒, Edison ya verifica muy bien qué tipo de público va a visitar el lugar. No sea que con un comportamiento indeseable profanen el santuario de la rumba gay en Colombia.