Una noche en el restaurante en el que toca desnudarse para cenar

Publicado por: admin el Mar, 09/08/2016 - 05:52
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Siempre que se habla de desnudos lo asemejo con la intimidad del sexo o el amor con un ser querido, o se me viene a la mente las miles de personas que corrieron por la Plaza de Bolívar mientras Spenc
Una noche en el restaurante en el que toca desnudarse para cenar
Siempre que se habla de desnudos lo asemejo con la intimidad del sexo o el amor con un ser querido, o se me viene a la mente las miles de personas que corrieron por la Plaza de Bolívar mientras Spencer Tunick apuntaba su lente para describir en una fotografía la libertad del ser humano, no les importó los gordos o los pelos que sobresalían en las tomas, eran libres como Dios los trajo al mundo. Pero no se trata de Spencer, no se trata del sexo o del amor, se trata del placer de comer, sí señores, ese placer que le da a uno comer un buen plato cuando has anhelado por horas saborear esa deliciosa pizza, ese salmón ahumado, una empanada con ají o por qué no, una fritanga, pero ¿qué tiene que ver la comida con los desnudos? Aunque suene raro, ahora existe un restaurante en la zona G de Bogotá donde se puede desnudar y a la vez comer platos exquisitos. No sabía que en Bogotá existía un restaurante que me permitiera sentarme desnuda mientras muerdo y saboreo una pizza, y escucho la mejor selección de música porno de los 70 y 80, a esta experiencia no fui sola, fui con una amiga, en estos tiempos de soltería, cuando no quieres saber de hombres, una amiga es lo que necesitas para distraerte. Lea también: La prepago que inventa estudiar en Los Andes para ganar más plata Eran las seis de la tarde de aquel jueves mientras se escondía el sol por el oriente, el restaurante ubicado en la zona G pasa desapercibido, de no ser por las cuatro letras rojas que se perciben en la entrada del lugar OCUS, con un color rojo pasión. Mientras todos los restaurantes de la zona tienen cortinas y luces blancas que relinchan en sus ventanas, Ocus Gin Bar and Food Porn es lo contrario, es más oscuro, lúgubre, la entrada es tapada por unas ramas verdes que esconden el lugar, al entrar una barra te muestra una cantidad de copas y botellas colgadas como en un boticario y varias imágenes de chicas porno. Restaurante ocus-02-ok Me explicaron que las imágenes porno de los 70 y 80 son más limpias que las que vemos ahora, la idea es tener una experiencia placentera al cenar la comida más morbosa que se ha visto, igual con esos cuadros en la pared donde la mujer muestra su vagina con un turupe de pelos mientras levanta sus brazos, u otra que levanta su falda blanca mientras muestra su cola y en la próxima se ven las dos piernas de una mujer acostada con unas tacones y medias veladas, dejan poco a la imaginación. En el segundo piso, luego de subir más de 15 escalones delgados y en forma espiral como si fuera para la azotea de una casa antigua, me espera el Naked Room, los dueños lo describen como un cuarto privado diseñado para despojarse de todo, advirtiendo que no es para todo el público, así que me dirijo a entrar al cuarto con mi amiga. Al fondo se ve la fotografía de una modelo con el torso descubierto en el interior de un carro mientras se fuma un cigarro largo de los años 20, a mi mano derecha un viejo televisor de esos que pasaban de canal con esa pequeña perilla gruesa y pesada, mi mirada se desvía en más cuadros alusivos al porno, en el centro una mesa de noche con dos copas de ginebra, servilletas, tenedores y cuchillos, un sofá de cuero café, y dos sillas que lo acompañan, a mi mano izquierda cuatro cajas negras que sostienen varias batas de material satín de distinto color que se mezclan entre el rojo encendido de las paredes de la habitación. Restaurante ocus-03-ok Además: El youtuber que enfurece a los homosexuales Alguien fuma y el olor se extiende en el cuarto, con mi amiga comenzamos a hablar sentadas en sillones de cuero, mientras nos cerraron las cortinas del cuarto, nos dicen la regla número uno del Naked Room: Nadie puede tener sexo ni consumir drogas; aunque para ser sincera, el cuarto se presta para muchas cosas, han venido grupos de seis personas, pero es difícil no sentirse atraído por alguien que te muestre sus pectorales o su piel. Luego de que se cerraran las cortinas, le digo a mi amiga, ¡bueno a lo que venimos!, no soy de las personas que le teme desnudarse, varias mujeres tienen sexo o hacen el amor con la luz apagada, yo no, prefiero ver todo lo que pasa, segundo a segundo, así que lo hice de esa manera, me quité sin prisa mi ropa, quería disfrutar de ese momento en que iba a conocer a mi amiga y ella a mí. Quedé en bragas, y ella también, nos sentamos en el sofá mientras teníamos en la mesa una pizza de pulpo y dos copas grandes de ginebra, eran las siete y media de la noche, mi amiga me dijo está haciendo frío, mejor me pongo la bata, ella escogió la negra, y yo escogí la roja, así que empezamos a cenar mientras charlábamos de hombres, sexo y relaciones. La ropa la metí en una de las cuatro cajas negras que cuelgan de la pared, así lo hizo ella,  me senté en el sofá a disfrutar la pizza caliente en mi mano derecha y la consumí pedazo por pedazo, realmente comer pizza de pulpo es una delicia. Luego me quité las bragas pero el frío hacía que los pelos se me pararan de puntas, empecé a estornudar, así que me quedé con las bragas puestas y me volví a poner mi bata roja, mientras por un lado de la cortina el chef nos decía que abriéramos un poco las cortinas, las abrí y  me pasó un plato con cuatro empanadas rellenas de trozos de pulpo, luego cerré las cortinas y comenzamos a disfrutar las empanadas. Las consumimos todas, una delicia. Por otro lado la música no paraba de sonar, un track después del otro, eran los clásicos de una película porno, donde los gritos de excitación, el saxofón y la voz sensual de una mujer, pueden despertar los deseos más escondidos de cada quien. Restaurante ocus-01-ok Nos quitamos las batas para tomarnos unas sensuales fotos, todo para que los lectores pudieran experimentar de cerca lo que vivimos esa noche. Nunca lo había hecho, mostrarle los pechos a una mujer que no sea mi hermana o mi mamá, y de paso dejarme fotografiar mi figura, eso sí que fue emocionante, y me retó como persona y como mujer, que puedes hacer cosas que jamás te hubieras imaginado hacer. También le puede interesar: El hombre que vende Chocoramo y Pony Malta en Dubai El lugar hizo que entendiéramos que todos somos iguales, sin importar si eres alta, bajita, negra, millonaria, pobre, si tienes lunares, cicatrices, qué importa, las mujeres y hombres de mente abierta no le temen a su cuerpo y de eso se trata esto, de tener la autoestima alta para poder desnudarse delante de quien queramos, así sea un completo desconocido o  a su mejor amigo. Concluimos que el sitio se presta también para las parejas, de esas que quieren salir de la rutina, a las parejas que llevan años de relación y sin ningún tipo de entretención más allá de tener solo sexo o hacer el amor, está ese lugar, un sitio para que desnuden sus defectos, cualidades, hasta su alma, con una copa de ginebra y los más exquisitos platos a base de pulpo. Miro la hora y son las diez de la noche, el mesero del lugar que custodió al otro lado de las cortinas nos dice que en quince minutos van a cerrar, así que nos apuramos en vestirnos, revisamos que no se nos quedara nada y salimos de OCUS, una experiencia inolvidable, con ganas de volver, pero la próxima será con un hombre.