La crisis cubana volvió a instalarse en la agenda de la Casa Blanca. En declaraciones entregadas a periodistas durante un vuelo oficial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a Cuba como una “nación fallida” y aseguró que la isla representa actualmente una “amenaza humanitaria”.
Sus palabras llegan en un momento de alta expectativa regional, tras la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Sin embargo, al ser consultado sobre si Washington busca un desenlace similar en La Habana, el mandatario respondió que “no cree que eso sea necesario”.
No es la primera vez que Trump anticipa un eventual derrumbe del sistema cubano. A finales de enero sostuvo que la isla estaba “muy cerca del colapso” y recordó que su economía dependía en gran medida del respaldo venezolano, especialmente del suministro de petróleo.
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La actual estrategia estadounidense ha reforzado las restricciones al acceso de Cuba a combustibles y recursos energéticos. Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel denunció lo que describió como un intento “brutal” de asfixiar energéticamente al país y agradeció el respaldo de gobiernos aliados.
En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla acusó a Trump de promover “mentiras” para presentar a la isla como una amenaza inexistente.
Reacciones globales por las sanciones
La postura de Washington también generó pronunciamientos internacionales. Irán recordó que Cuba enfrenta un embargo económico desde hace 64 años y afirmó que las sanciones vulneran principios del derecho internacional, incluida la soberanía de los Estados.
Desde Naciones Unidas, Volker Türk, alto comisionado para los Derechos Humanos, expresó preocupación por el agravamiento de la crisis socioeconómica. Señaló que el embargo financiero y comercial prolongado durante décadas, sumado a fenómenos climáticos extremos y recientes restricciones al envío de petróleo, está impactando de manera cada vez más severa a la población cubana.
Mientras la Casa Blanca insiste en la inminencia de cambios estructurales en Cuba, el Gobierno de la isla denuncia una política de presión que profundiza sus dificultades internas. El escenario sigue abierto y el debate sobre el impacto de las sanciones y el futuro político cubano vuelve a tensionar el tablero internacional.
