Créditos:
EFE
Durante la campaña apareció el Abelardo candidato.
El hombre de las posiciones firmes. El abogado que confrontó al establecimiento. El líder que habló sin matices y que convirtió la seguridad y el orden en banderas políticas.
Pero las elecciones cambian a los hombres y cambian las responsabilidades.
El candidato tenía que convencer.
El presidente tiene que gobernar.
Y gobernar implica algo más complejo que ganar debates o movilizar seguidores. Implica construir acuerdos, administrar diferencias y tomar decisiones pensando en todo un país.
La historia juzgará si Abelardo fue capaz de hacer la transición más difícil de la política: dejar de hablar como candidato y empezar a actuar como estadista.
Creado Por
Adriana Bernal
