En un país donde la dirección del SENA suele recaer en perfiles técnicos, políticos o administrativos, el presidente electo Abelardo De la Espriella sorprendió al escoger a un fraile dominico para liderar la entidad de formación para el trabajo más grande de Colombia. Sin embargo, detrás del hábito religioso hay una hoja de vida mucho más amplia.
Ricardo Torres Castro no solo es sacerdote de la Orden de Predicadores, sino también filósofo, teólogo, administrador y académico. Ha dedicado buena parte de su vida a la educación superior y a la gestión universitaria, una combinación que explica por qué terminó convirtiéndose en una de las apuestas más llamativas del nuevo gobierno.
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Una trayectoria entre la educación y la administración
Nacido en Tunja, Boyacá, Torres Castro es licenciado en Filosofía y profesional en Teología. Posteriormente, cursó una maestría en Administración, adelantó estudios en Negocios Internacionales y Marketing Estratégico y avanzó en su formación doctoral en Administración. Así construyó un perfil que combina el humanismo con la gestión institucional.
Su carrera ha estado especialmente vinculada a la Universidad Santo Tomás, donde se desempeñó como profesor, decano y rector de la sede Medellín. Durante su paso por la institución lideró procesos de modernización, fortalecimiento académico y relacionamiento con el sector empresarial.
También ha participado en iniciativas de memoria histórica y en proyectos sociales y de desarrollo regional, especialmente en zonas como el Catatumbo. Allí trabajó con comunidades afectadas por el conflicto, una experiencia que le permitió conocer de cerca las necesidades de formación, empleo y desarrollo existentes en los territorios.
Los retos que encontrará en el SENA
Torres Castro llegará al SENA con el desafío de modernizar una institución que forma a millones de colombianos, recuperar y fortalecer la confianza del sector productivo, ampliar la educación técnica y tecnológica y responder a los cambios del mercado laboral. Entre las principales exigencias estarán la inteligencia artificial, la transformación digital y la formación en nuevas competencias.
Su nombramiento también envía un mensaje político. En lugar de escoger a un dirigente tradicional, el nuevo gobierno optó por un perfil académico, con formación administrativa y una trayectoria construida fuera de la política electoral.
Queda por verse si esa combinación de disciplina religiosa, experiencia universitaria y capacidad de gestión logra traducirse en resultados para una de las entidades más importantes del país. Más allá de ser presentado como “el fraile que dirigirá el SENA”, Ricardo Torres Castro tendrá que demostrar que puede convertir su experiencia en oportunidades reales para millones de aprendices colombianos.
