"Iván va desnudo", y se acabó este sueño

Publicado por: admin el Sáb, 15/06/2019 - 07:44
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Ayer, después del almuerzo, me quedé dormido mientras pedía el postre y soñé que había un terremoto al que sólo sobrevivimos Iván Duque y yo, de quién me hice drogodependiente porque tenía e
"Iván va desnudo", y se acabó este sueño
Ayer, después del almuerzo, me quedé dormido mientras pedía el postre y soñé que había un terremoto al que sólo sobrevivimos Iván Duque y yo, de quién me hice drogodependiente porque tenía ese sexto sentido para intuir cómo queremos ser engañados, y me aseguró que no había pasado nada: "Todo este desastre", dijo, "lo arreglo yo con una toga mágica que me proporciona unos poderes especiales". Yo sabía que era mentira, pero necesitaba creérmelo y asentí con el entusiasmo con el que le votábamos antes de la catástrofe para que hiciera lo contrario de lo que predicaba, satisfaciendo así la rara necesidad de avanzar sin movernos del sitio, o de correr para llegar a Álvaro Uribe, que viene a ser lo mismo. Nuestra relación se basaba en acuerdos tácitos, de modo que tuve el pensamiento usurero de que si las cosas no salían bien, podría reprocharle sus promesas. Todo eran ventajas. No volvimos a hablar de la toga porque él la olvidó y a mí me daba miedo recordársela, pero un día me puso la mano sobre el hombro y dijo: "Muchacho, vamos a construir un Estado de derecho con sus parques y todo lo demás”. Como no ignoraba a quién le iba a tocar hacer el trabajo sucio, intenté resistirme. "Duque, si no hay Patria", le dije, "para qué queremos un Estado". Él meditó unos instantes y luego se alejó con expresión de desaliento. Se notaba que era un líder en su capacidad para hacerte sentir culpable. Finalmente fui a los parques por miedo a que se disgustara, pero el olor a marihuana, cocaína, alcohol y depresión, me despertaron de golpe. Cogí la Revista Semana y vi que lo que había soñado era verdad: Iván vestía una toga mágica, de seda, con incrustaciones de oro, que el Centro Democrático contemplaba encantado, hasta que alguien, como en el cuento de Andersen, gritó: "Iván va desnudo", y se acabó este sueño.