La Credulidad en Tiempos de Desafueros

1 de agosto del 2011

Qué el universo se formó a partir del caos. Qué todo puede explicarse a partir de la teoría del caos. Es posible. Qué habitamos dentro de una realidad cada vez más caótica. Lo podemos constatar. Basta con echar una mirada a todo lo que nos rodea: guerras, hambrunas, pobreza, calentamiento global, violencia, catástrofes naturales. Todo […]

Qué el universo se formó a partir del caos. Qué todo puede explicarse a partir de la teoría del caos. Es posible. Qué habitamos dentro de una realidad cada vez más caótica. Lo podemos constatar. Basta con echar una mirada a todo lo que nos rodea: guerras, hambrunas, pobreza, calentamiento global, violencia, catástrofes naturales. Todo parece estar habitado por el caos. Y en los países en vías de desarrollo, la situación se percibe aun más caótica. Pero al parecer, los habitantes de estos países, han desarrollado algún tipo de defensa que los hace inmunes, a las circunstancias tan adversas, en las  que la vida se desarrolla. Cuestión de supervivencia. Aunque es posible, que esa supervivencia no sea más que un placebo. Un tipo de adormecimiento frente a la realidad circundante. Estos tiempos, están marcados por una fuerte tendencia a la injusticia. Y las personas, en su gran mayoría, parecen no tener objeciones y de forma simple han aceptado las cosas. Una fuerte dosis de credulidad, y todo arreglado.

 Siempre han existido los crédulos. En todos los tiempos. Han hecho parte de la historia de la humanidad. Hay los que todavía: ante la luminiscencia de un rayo que atraviesa el firmamento, se llenan de temor. Porque perciben en ese espectáculo natural la furia de Dios, como antaño lo hicieren sus ancestros, al no encontrar una explicación a aquel fenómeno dentro de la razón. No digo que sea malo creer. Las creencias han de tener alguna ventaja. Se puede creer en la vida y luego, en un apacible suspiro aceptar sin más cuestionamientos la muerte –aquella que es producto del ciclo natural de la vida-. Pero hay creencias, que desbordan los limites de la credulidad, haciendo de quienes la padecen, seres completamente “ignorantes”, ajenos a los acontecimientos, a las circunstancias que los rodean. Cerrados a aceptar, que el mundo. Este paraíso que llamamos terrenal, se aproxima cada día más al desbarrancadero. Es esto producto, de la credulidad instaurada, como un sistema de creencia viable en el desarrollo social de los seres humanos. Es esta condición de credulidad, la que obstruye el pensamiento. La que limita la trascendencia del ser. La que impide concebir la idea de un inverso en constante expansión. Es aun peor: impide concebir la idea de que existe el universo y nosotros somos una parte diminuta del mismo.

 ¿Qué son los crédulos? Una masa en constante expansión (como el universo). Sustentados en lo que para ellos son verdades absolutas. Religión, que alguna vez Marx la definió como el opio del pueblo. Es donde abunda, la mayor parte de los crédulos. Mansos corderos, dispuestos a creer en preceptos, que discrepan en su totalidad con las leyes de la naturaleza. Por eso, cuando la tierra tiembla devastando poblaciones enteras, cuando una ola inmensa se levanta sin previo aviso, cuando grandes cantidades de tierra se desprenden de las montañas sin mediar con los seres que habitan su ladera. Suelen achacarlo a designios divinos. Es más fácil culpar a Dios. Siempre será más fácil, buscar culpables y evadir responsabilidades.

 ¿Cuándo la credulidad se volvió necesaria? ¿Cuándo un sistema de creencia pasa a tener carácter de absoluto? La respuesta, se puede encontrar en la condición que tenemos, de ser seres llenos de prejuicios. Esa manía imperante en el ser humano, de crearse juicios basados en la no experimentación. Todos esos tabúes, imperantes en nuestros pueblos. Tienden a inhibir al ser: sesgando la mirada, solo ha lo que es permitido ver. Es posible que ahí, se encuentre la raíz de la intolerancia. De la no aceptación, de que no todas las personas ven el mundo de la misma forma. Es por ello que los crédulos han proliferado de forma vertiginosa. Porque ellos, a diferencia de los escépticos, han creado para si verdades absolutas. Se levantarán falsos profetas, e instauraran falsas doctrinas. Y todas ellas proliferaran, porque siempre habrá personas dispuestas a aceptarlas. Llegará el momento en que los crédulos se ha apoderaran de todo, y ya será difícil derrocarlos. Porque ellos, con sus verdades absolutas, se creerán los amos indiscutibles del universo. Ya antes la historia nos ha demostrado, que esto ha sucedido, y que los resultados han sido devastadores. En la edad media (época de oscurantismo), sucedió el genocidio más grande de mujeres, en toda la historia. Y todo ello, porque en aquel entonces, la iglesia católica se creyó dueña de la verdad absoluta. Inconcebible, pero cierto. ¿Será que estamos dispuestos a llegar de nuevo hasta esos límites de locura?

 Esperemos que de nuevo, a partir del caos se instaure un orden. Orden, que se manifestará cuando entendamos que nadie es dueño de la verdad, que no existen verdades absolutas. Y que la credulidad, en estos tiempos de desafueros, es irrazonable.

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