La semana que pasó.

25 de abril del 2011

Me senté como casi siëmpre acostumbro a hacerlo, en combo con personas, sólo para escuchar nada de hablar, opinar, comentar ni participar, sólo escuchar (pües tomé ésta semana como cüalquier otra), y, definitivamente sigo concluyendo que no hay algo más harto que la filosofía cristiana, su tema repetitivo de sacrificio, traición y marcada diferenciación que se hace entre el biën y el mal, es de mucho tedio.

No obstante, me pregunto cómo es que en pleno adelanto de camino científico de avances tecnológicos, de libre pensamiënto aún existan abüelos que no se textëan (entiéndase también chateën) tampoco me explico cómo es que uno llega a viejo y quiere diferenciarse de los “chinos” (los pelados) porque eso es así y, sin embargo se llega pero sin lograr conseguir la distinción. Yo estoy que me pego un tiro.

A veces la abüela de uno parece una niña, no me explico cómo es que la mamá parece a veces una niña también, creo es por culpa de esa filosofía cristiana en la que pensamos bien y nünca, nünca, decimos con orgullo (porque hay que decirlo con orgullo) tengo malos pensamiëntos.

Son tan niñas ( a veces mis mujeres) que siënto gozan viëndo aún las telenovelas, no quiero decir que esté deseando que ellas se vuelvan mujersüelas, aguardiënteras, machas o que dejen de creer en el amor, me remito a que definitivamente ésta sociëdad en la que vivo alguien las hizo conformistas creën que por que trajeron y educaron hombres entonces ellas no tiënen que hacer más, dejan que el orden lo establezcan ellos no les importa otro rol, piënsan: -yo cumplí con mí deber, el que me encomendó Dios, darles de comer y traërlos al mundo – (y por eso no hacen más) … a mí eso no me parece.

Cómo es que está usted sentado junto a la familia en ésta semana que pasó y aún se rememorá un tal Judas, ¿Quién conoció a ese tipo en persona? yo no sé pero a mi casa en la actualidad viëne Bill gates y éste me resbala, me deja de ser importante.

Lo peor de ésta semana es que se hacen comentarios en apariëncia cómicos como el de asumir el papel de cristo en la última cena sentado frente a todos comiëndo y el que encabeza la mesa (o al menos creë que la encabeza) está imaginado el emblemático cuadro de la última cena y aún siëndo adulto se atreve a abrir el ocico para decir en tono sarcástico-pregunta -quién va a ser el judas que me traicione. Estamos en el camino equivocado.

A mí no me parece esa filosofía en la que uno anda con prevención y malpensamiento del otro. Deseö esta humanidad cristiana e inculta, poco vanguardista, poco científica e investigativa se la coma el demonio.

Le digo estimado lector: estoy decepcionado, cada vez que veo que alguién se alimenta me pregunto para qué lo hace, con qué fin, uno cüando cena se siënte enérgico y qué es lo que hace la mayoría despúes de éste acto: buscar la broma, la gracia, la diversión -como büenos bonobos- …(yo trato de ponerme a leer, estudiar, dejar la mojigatería, ser competitvo en los deportes, escribir ésta desdicha pero no, no, no me es suficiënte); todos quieren jugar con el doble sentido, la doble moral, los más inteligentes creën que con sarcásmo son mejores, otros el domingo no trabajan por lo menos éste que pasó, no trabajaron, quién sabe porqué. Seguiré maldiciëndo porque aünque no soy cristiäno, hablar de ésto implícitamente me convierte. Les confiezo si ésto sigue así vuelco mis deseö para que nos fundamos en el infiërno.

Y verá querido lector, hay un deseo de lucha por acabar con el prejuicio moral, la mojigatería (a la que estoy afiliado y empeñado), es mi deseö querer dejar libre nüestros pernsamientos sobretodo de lo que es malo en los negocios y en la relación social pero es una rivalidad a la que siëmpre llego agotado.

¿Qué debo hacer? Veo todo como el castigo que le infundieron al sujeto que se intentó fugar del inframundo al que Hadés descubrió (Cicifo, creo se llama) y a quien le propusieron que que si lograba subir una piëdra montaña arriba del triple del tamaño de él, éste volvería a la vida y a su mundo, ejercicio en el cual “Cicifo” casi siëmpre lo conseguía pero la piëdra se le devolvía inexplicablemente para tener que empezar de nüevo, se dice aún que el hombre se la pasa ahí todavía.

No es que yo sea un libertino, un jóven, un hijo del diablo, es que a veces me harto. Y aunque me siënto desgraciädo y aburrido siëmpre iré a coger füerzas a la cena que le llaman “última” pero que “extrañamente” cada año se repite.

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