Novelas solitarias

23 de julio del 2011

Hay novelas que son sobre la soledad. Novelas donde sus personajes caminan solitarios en ciudades abarrotadas de gente. Caminan callados y se encierran luego en habitaciones simples, minimalistas, a realizar alguna labor monacal. Escriben, piensan, tocan música. Siempre actividades solitarias que no requieran más que de sí para realizarse. Y la tragedia es su soledad […]

Hay novelas que son sobre la soledad. Novelas donde sus personajes caminan solitarios en ciudades abarrotadas de gente. Caminan callados y se encierran luego en habitaciones simples, minimalistas, a realizar alguna labor monacal. Escriben, piensan, tocan música. Siempre actividades solitarias que no requieran más que de sí para realizarse. Y la tragedia es su soledad misma. Se pierden en ella y de ahí parte su sufrimiento.

“Fantasmas” de Paul Auster, es de este tipo de novelas que juegan con la tragedia misma de la soledad del poeta, del escritor, como un sino marcado malévolamente por un dios que no podemos ver. El poeta no escribe por placer ni por gloria, sino por una necesidad enfermiza que lo atormenta. Que lo lleva a una soledad patológica, tanto que llega a sentir que ya no existe. Que ya no es observado, que ya no es amado, ni querido. Que es un fantasma.

Luego hay novelas que están llenas de personajes. Uno de ellos es, generalmente, el protagonista de la historia que se mueve en un circulo complejo de amistades y de experiencias que van mucho más lejos de una austera habitación. Este personaje puede ser escritor, puede no serlo, pero va de acá para allá en un sinfín de historias entrecruzadas, muchas veces sórdidas, que entretienen la narración. Estas novelas, sin embargo y a pesar de su máscara social, llevan inevitablemente a la soledad de sus personajes. Éstos pierden lentamente ese basto circulo social, por una u otra razón, y quedan en la más completa soledad.

Las novelas de Roberto Bolaño son una muestra de este tipo de narración. Para no ir más lejos, en su afamada “Los detectives salvajes” tanto Belano como Lima sufren un proceso de devastación progresivo que los lleva a la soledad más austera. La misma soledad del escritor de “Fantasmas”, la soledad en un cuarto minimal y callado. La soledad del escritor y de la tragedia que conlleva su propia naturaleza.

Son novelas ambas, que ya sea desde la soledad misma o desde la soledad aparente, dan cuenta de una tragedia un poco distinta a la griega. Esta tragedia no parte de un conflicto de valores sociales o morales, sino que parte de un conflicto interno. El conflicto se desprende, esencialmente, una vez el personaje se da cuenta de su sino trágico y lo enfrenta de uno u otra forma. Entiende, en medio del silencio que le da la misma soledad, que no existe o que existe sólo para su obra. Y a veces la única salida es la muerte, o la más inteligente de todas las muertes, la fingida, la katartica. La muerte de su alterego.

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