Tengo miedo, mucho miedo

15 de junio del 2011

Se requiere coraje para admitir que se es un cobarde, y yo sí que lo soy. Sufro de miedo, cualquier cosa me produce un profundo terror, pero no lo veo como algo malo. Dicen los expertos en psicología evolutiva que el miedo es un mecanismo valioso, que las altas pulsaciones ayudan a bombear más sangre a las extremidades, que por eso la cara se nos pone blanca, y junto con la descarga de adrenalina quedamos preparados para salir corriendo o para atacar. El miedo nos empuja a actuar a favor de nuestra sobrevivencia.

Y el miedo fue lo que me empujó a preocuparme por la política. Empezó en 2002, cuando al país se lo habían tomado las guerrillas. Les habíamos regalado una tajada inmensa del país y le dimos fuerza al monstruo debajo de la cama. Que perspectiva tan terrorífica aquella. Y de pronto salió de la nada el héroe que nos prometió que todo iba a estar bien, que el se encargaría de todo y que nos protegería del monstruo. Aunque no voté por él, por pura ceguera, me sentí bien con su elección. Él se iba a enfrentar a mi miedo. Todo iba a estar bien.

Luego las cosas cambiaron. Seguía sintiendo miedo, sí, pero ahora era diferente. Ya no tenía miedo de la guerrilla, de los terroristas ni de los comunistas. Ahora me daba miedo perder la libertad, perder la democracia, perder el país a manos de una dictadura disfrazada de democracia. Así que primero, en 2006, movido por el horror, alcé mi voz, me indigné, hice campaña, voté contra él y perdí. Luego, en 2010, hice lo mismo, ahora conmovido por el príncipe verde, luchando para que no hubiera un tercer periodo de gobierno en cuerpo ajeno, por el horror que me producía caer para siempre en las garras del tirano. Perdí de nuevo, pero el miedo me hacía sentir vivo.

Ahora es diferente. Hoy tengo más miedo que nunca, porque como bien lo dijo Santos, ahora hay dos monstruos, dos manos negras. Tengo pesadillas recurrentes, en las que estoy acostado en mi cama, con mi pijama enteriza, y cuando giro a la izquierda veo una mano peluda, de piel negra y de pelos amarillos y rojizos, que me habla de algo que no le entiendo, y me da miedo porque no hay nada más atemorizante que aquello que uno no entiende. Y se me suben las pulsaciones, sudo como un animal y giro a la derecha para no ver más ese engendro y oh sorpresa, me encuentro con otra mano peluda, ésta de pelos azules, anaranjados y con nacientes pecas verdes, que me grita, vocifera, se cierra en un puño y luego tiembla, emocionada, hablándome del miedo que debo estar sintiendo por la mano del otro lado de la cama. Y ahí me despierto, siempre, bañado en agua y sales de diferente clase, frío, asustado como nunca.

Estaba desesperado. El miedo es lo que despierta mi sentir democrático, pero esta vez no sabía qué hacer, para qué lado coger. Enfrentar uno de los miedos me dejaría de espaldas al otro, expuesto, a merced de la otra mano peluda. Pero por fin entendí el sueño. Debía dejar libres mis instintos cobardes y dejarme asustar, rendirme al miedo, y así encontraría mi afiliación política del momento.

Por eso me voy a aliar con la mano negra de la derecha. Tiene los argumentos más claros, porque los vemos todos los días. Nos advierte del renacer de la guerrilla y el terrorismo, con los recientes atentados, hostigamientos y secuestros, cosas que no pasaban en los ocho años anteriores. Nos muestra que la justicia se parcializa y condena hombres inocentes e impolutos, como el más reciente caso del Doctor Arias, víctima del abuso de poder de una justicia aliada de los terroristas. La confianza inversionista, base de la prosperidad económica de la administración anterior, se desvanece como la presencia del estado en las regiones apartadas. Santos, el traidor, está entregándole el país a la guerrilla, y quiere callar la mano negra derecha para que nosotros, incautos, no nos demos cuenta de lo que está haciendo. Yo le creo a esta mano, y me voy a poner de su lado. Han sido mucho más convincentes, con sus argumentos y pruebas irrefutables, pero también porque en sus gritos y ademanes se siente el miedo verdadero. La amenaza es tan real que ellos también están temblando, asustados como nunca, temiendo por el destino negro de la patria a mano de Santos, los izquierdistas, los comunistas, los terroristas, la guerrilla. O tal vez le temen a la terrible justicia. El caso es que me voy a unir a Uribe, José Obdulio, Yamhure, y Rangel, voces del terror, porque su discurso de miedo es más convincente, lo siento en el pecho, y me indica que el coco es de izquierda. Además son los que desde hace años tienen razón, llamando a todo el mundo “terroristas”. Visionarios ellos, que entendieron que todos se valían del miedo y el terror para promover sus intereses particulares.

Twitter: @viboramistica

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