Vida y libertad

30 de mayo del 2012

Sebastián Trujillo Osorio   La vida no pasa de ser una eterna decisión, una serie de eventos –afortunados o desafortunados- de giros del destino, de horas y minutos de disposiciones momentáneas, de razones pedidas y de disculpas “por lo mal que he obrado”, por muchas y otras, por tantas razones para soñar pero también para […]

Sebastián Trujillo Osorio

La vida no pasa de ser una eterna decisión, una serie de eventos –afortunados o desafortunados- de giros del destino, de horas y minutos de disposiciones momentáneas, de razones pedidas y de disculpas “por lo mal que he obrado”, por muchas y otras, por tantas razones para soñar pero también para desfallecer.

Y la vida misma es una decisión, pero no nuestra. ¿Por qué llegar a este mundo sin quererlo, sin pedirlo, sin pretenderlo? – ¿por qué si estábamos tan bien en el mundo de la nada venir a nacer? No falta quien piense que es peor cuando se nace en estas tierras del tercer mundo. La “culpa” es de nuestros padres, pero ellos ¿por qué quisieron que yo naciera, por qué se enamoraron, por qué se casaron, por qué se acostaron? ¡Vaya u-n-o a saber!

Y para colmo de males con herencia un Dios, una religión, una raza, una nacionalidad, una familia y como la canción quinceañera “una vida entera por vivir”. ¿Y cómo se vive? Yo no sé si alguien sabe exactamente la respuesta, la vida es tan compleja y el destino tan incierto, que es mejor, como cuando se aprende a montar en bicicleta, ir con las rueditas o pegado de otro.

No nos enseñan, pero todos los días vamos a aprendiendo.

Lo primero que deberíamos aprender es a ser libres, a poder tomar nuestras propias decisiones, de acuerdo a nuestros gustos, necesidades y expectativas. Pero eso sería, en otras palabras, hacer lo que “nos de la gana”. Y si todos hacemos lo que nos diera la gana, el mundo sería más caótico que hasta lo que ahora es. ¿Y entonces? -pregunta un inocente infante-, pues para eso está la política y “Dios”.

El hombre no puede vivir solo, necesita organizarse, y desde hace miles de años, se han creado los grupos humanos, pueblos, organizaciones, sociedades. Porque en esencia somos cuando estamos con otros, y porque el otro me complementa. Y para eso los padres de los habitantes: el Estado –que sería el papá regañón que nos prohíbe y nos castiga las faltas; y Dios – que sería como la mamá que orienta, regaña, “castiga” pero perdona. Los dos imperfectos, al fin y al cabo, inventos humanos.

Para vivir y elegir, la máxima “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, necesaria para controlar los más bajos deseos humanos. Eso desde las costumbres morales. Fernando Savater lo resume en su libro “Ética para Amador”: La palabra “moral” etimológicamente tiene que ver con las costumbres, pues eso precisamente es lo que significa la voz latina mores, y también con las órdenes…la mayoría de los preceptos morales suenan así como “debes hacer tal cosa” o “ni se te ocurra hacer tal otra”…”, entonces antes de cada acto o decisión que tomemos, es mejor pensar varias veces cuáles pueden ser sus consecuencias –buenas y malas- de éstas.

¿Y quién estableció que esas cosas son buenas o malas?, a través de los años de la civilización se han creado códigos, normas y leyes que se van trasformando y adaptando a la evolución de las sociedad. Por lo que suponemos que muchas de ellas son las buenas y debemos vivir bajo estos preceptos. Y la política es la forma en que los humanos se civilizaron y adaptaron parámetros para la sana convivencia. Aunque dice Savater que: “la política no es más que el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse”, entonces también podemos revelarnos y reclamar lo que es injusto, luchar por la justicia y por lo que consideramos que no está “bien”. Esa rebeldía también nos hace libres, al no aceptar todo como ya está establecido. También se puede luchar por cosas mejores e idealistas como “un mundo mejor”.

Entonces somos realmente libres, o aparentemente somos libres, ésta como todas las decisiones que tomamos son nuestras. Podemos cambiar o nos cambian, podemos ser o simplemente parecer.

Lo que la mente quiere es ser libre, y la prohibición a esta libertad se llama obstrucción a la naturaleza.” Yang Chu, siglo III d.C.

Twitter: @BaldomeroPessoa

http://nadaesmentira.wordpress.com/

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO