24%

Lun, 17/12/2018 - 02:48
Me cae bien Duque, es más me cae muy bien. A mi me complace tenerlo como presidente de Colombia porque lo considero un personaje fuera de serie. Duque es inteligente, no hay duda. Duque es una buena
Me cae bien Duque, es más me cae muy bien. A mi me complace tenerlo como presidente de Colombia porque lo considero un personaje fuera de serie. Duque es inteligente, no hay duda. Duque es una buena persona. Duque es simpático y tiene don de gentes. Duque tiene con qué ser un gran presidente y, a pesar de que muchos piensan así, no cuenta sino con el 24% de aprobación. Cuando arrancó su mandato era 54% su imagen positiva, es decir antes de conocerse su manera de gobernar. ¿Quiénes conformaban ese porcentaje? El mismo 54% que votó por él, ni uno más. Algo lógico si tenemos en cuenta que no arrancó el 8 de agosto, como se esperaba, dándole un vuelco total al desastroso gobierno de su predecesor. La vertiginosa caída en los pocos meses de su mandato viene de lo que podemos diferenciar entre imagen y actos. En Duque su imagen supera a sus actos de gobierno. Nos cae bien, sin duda, no es detestable como lo era, lo es y lo será Santos -a ese nefasto personaje nadie lo quería y muy pocos estaban conformes con su manera diabólica de gobernar-. Muy lejos de eso está Duque y sin embargo mantiene los bajos porcentajes de aprobación de Santos. ¿Por qué? Voy a intentar una posible explicación. Duque no es corrupto pero tampoco toma cartas en el asunto al no querer abrir la olla podrida que dejó Santos. Duque encontró un país quebrado, como ya todos lo presentíamos, y parece no importarle que los responsables sigan como si nada hubiese pasado sin ponerse en la tarea de rastrear los billones de pesos que se robaron para devolverlos a las arcas de la nación, donde deberían estar. Que encontró un país inundado en coca y con una producción inverosímil de cocaína y no ha comenzado a fumigar con glifosato sino que se atiene a la farsa implementada por Santos de la erradicación manual con la que por cada hectárea erradicada se están sembrado dos o tres más. Igual ocurre con la crisis en la educación pública, en la salud y la migratoria, por mencionar algunas con las que en lugar de enfrentarlas yendo a la raíz de los problemas, se ha conformado con medidas populistas muy costosas a futuro. Lo más grave de este asunto es que pareciera que el presidente gobernara para quienes no votaron por él, queriendo congraciarse con ellos de una manera muy cercana al populismo. Como era de esperarse, no ha encontrado sino el desprecio de quienes se han visto favorecidos con sus decisiones y la desaprobación de quienes si votaron por él y ven con consternación que no se gobierna para ellos sino para sus adversarios. Sin ganar una pizca de aprobación de quienes votaron por Petro o se abstuvieron de ir a las urnas, ha perdido la confianza de más de la mitad de sus votantes. Queriendo mejorar su imagen ha acudido a sus antiguos enemigos en la política y en los medios en lugar de acercarse a sus copartidarios. Duque perdió la oportunidad de mantener una mayoría favorable que podía crecer, por darle gusto a la minoría derrotada en las urnas. ¿Cómo recuperar el favor de esa mayoría? Muy sencillo, gobernando con ella para el bien del país, no complaciendo a los adversarios con afán populista y teniendo muy presente la famosa frase de Alfred de Musset: “Lo realmente importante no es llegar a la cima; sino saber mantenerse en ella”.
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