¿Acuerdos ya? Ojalá, pero lo dudo

¿Acuerdos ya? Ojalá, pero lo dudo

18 de octubre del 2016

Ojalá haya prontos y saludables acuerdos entre los voceros del SI y los representantes del NO, y ello de lugar sin dilaciones a los ajustes y reformas que se están reclamando a raíz del triunfo aritmético que los contradictores de los Acuerdos de La Habana alcanzaron en el Plebiscito.

Pero lo dudo, porque en la mesa de discusiones en Bogotá, donde se habla con cordialidad y se debaten respetables argumentos, no existen puntos de convergencia sobre los dos aspectos sobresalientes de la negociación con la guerrilla —Justicia Transicional y participación política—, y porque si lograran ponerse de acuerdo habría que ir a conversar sobre dicho convenio con la comisión negociadora de las Farc en Cuba y conseguir que los acepten.

Para comprender por qué se hacen conversaciones como la que adelanta el gobierno con la guerrilla, si esta ha matado, secuestrado, traficado con drogas ilícitas y cometido muchas más fechorías, hay que reconocerles un elemento político en su accionar, cual es el de aceptar que su repulsa armada contra la sociedad democrática y especialmente contra las Instituciones Republicanas conlleva el propósito de tomarse el poder político para instaurar un sistema que favorezca al pueblo, según sus ideas y doctrina.

Sé que recordar esto produce rechazo y disgustos, pero si no se hace dicho reconocimiento, es decir, que no se trata de delincuentes comunes, no se pueden hacer diálogos como los que se tienen ni hacerles reconocimientos especiales ni darles un tratamiento diferente al que el Estado y la sociedad dan a los demás que infringen la ley. Esa es la cuestión, que no es ilegal porque la contempla nuestra Constitución y tiene recibo en el resto del mundo, pero es difícil que la acepten el expresidente Uribe y el Centro Democrático, la exministra Martha Lucía Ramírez, el exprocurador Alejandro Ordóñez y los demás voceros del NO.

Insisto, con mayor claridad: las Farc no son una guerrilla derrotada y  nunca habrá negociación si a sus jefes se les manda a la cárcel y se les prohíbe hacer política. Recuerdo que hace 50 años comenzó este sangriento y costoso “tierrero” precisamente porque a los jefes de los sectores inconformes y opositores se les negó  el derecho de participar en política, pues no eran ni liberales ni conservadores.

¿Cuál sería la gracia de conceder estas oportunidades en materia de impunidad y de participación a quienes han cometido tantas faltas graves y tantos atropellos a la población y al sistema constitucional? ¡Se acabarían las Farc y no habría más desgracias ni más víctimas!  ¿Será que esos guerrilleros van a cumplir? Sí, van a cumplir, y debemos ayudar para que se vinculen a la vida civil y democrática.

No es fácil, lo reconozco, pero no hay otra salida. Lo mismo tocará hacer con el Eln para poder tener paz, mejorar socialmente, crecer en la economía y ofrecer a los niños y a la juventud un destino mejor al que podemos brindarles si sigue la guerra.

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