Alcalde: urge la seguridad democrática para Valledupar

Sáb, 04/06/2016 - 07:56
Señor alcalde de Valledupar, Augusto Daniel Ramírez Uhía, soy un ciudadano vallenato del común que hoy le escribe con inmenso dolor.  Le escribo con un ramalazo que lancina el alma, engendrado al
Señor alcalde de Valledupar, Augusto Daniel Ramírez Uhía, soy un ciudadano vallenato del común que hoy le escribe con inmenso dolor.  Le escribo con un ramalazo que lancina el alma, engendrado al ver nuestras calles anegadas de sangre inocente, a merced de hordas violentas que se pavonean, sin ley alguna que las pueda combatir.  Este es un sentimiento lastimero, nostálgico, pero a la vez rabioso e instigado por la impotencia. Cuando fue usted candidato, voté por Sergio Araújo, porque consideré y aún me ratifico, que de haber él gobernado la ciudad, habría llegado a ese solio dorado alcanzado por virtuosos Alcaldes del existir vallenato, al que llegaron sin disfrazarse de nada, sólo aplicando dotes de inteligencia reposada; sapiencia en su capacidad de gobierno, planeación estratégica maliciosamente indígena e inventiva criolla,  también llegaron allí sin fantocherías de vedettes con humo en la cabeza, sin gritarle a nadie su investidura porque les era reconocida mediante el cariño popular. En ese solio reposa la memoria del negro grande Aníbal Martínez Zuleta y su 'Valledupar Sorpresa Caribe'; el urbanismo bien trazado y pletórico de ecología, antagónica del cambio climático de Rodolfo Campo Soto; un gran gerente y gestor popular como Elías Ochoa en su primer mandato y, cierra el inolvidable e irremplazable ‘Pepe’ Castro de quien harían falta corrientes de tinta para plasmar su legado. Sin embargo, usted ganó la elección por abrumadora mayoría, mal podría yo presuponer que usted no llegará a ese solio o hacer lo de los destructivos facilistas, criticar despiadadamente su capacidad de gobierno, si aún está comenzando. No es tiempo de eso, pero debo reconocer eso sí, su arranque enérgico y proactivo, con un bisoño, pero soñador y bien intencionado grupo de trabajo.  Ajustándoles las “Clavijas” y dándoles buen ejemplo le dan chicle.  De este modo fructuoso, lo invito a mirar dos ejemplos de la historia, distantes en el tiempo, de gobiernos que transformaron el caos violento en grandes oportunidades: Alfredo ‘El grande’ fue un rey sajón del reino de Wessex, Britania, a finales del año 800 d.c, quien era asediado por hordas vikingas que saqueaban, asesinaban, robaban a su antojo y parecer. Constreñía la corte al rey, lo obligaba a elegir dos caminos: diplomacia o la guerra; eligiendo ninguno de los dos; eligió Seguridad, se rodeó de fortificaciones y mercados a fin de cobrar impuestos que sirvieran para mantener un ejército permanente, también estimuló a los nobles a invertir en sembradíos en zonas apartadas obligándolos a tener asentamientos militares para cuidarlos y, evitar así el ataque vikingo. Nuestro país vivió una situación similar en el año 2002.  Colombia padecía el rigor del terrorismo que socavaba sus instituciones, grupos armados ilegales estrangulaban la sociedad civil sin piedad, las masacres, el secuestro, la toma de poblaciones y otras formas aberrantes de violencia eran utilizados para ejercer el poder regional.  Pero, “como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”, el país eligió seguridad… como hace mil 200 años, también la eligió el Reino de Wessex.  En el caso nuestro fue seguridad democrática.  Seguridad que una vez instalada, la nación entendió como un valor democrático en sí mismo, como garante de las libertades y derechos, como una fuente de recursos y como un derecho humano al que todos los ciudadanos deberían tener acceso en igualdad de condiciones. Se entendió por parte de la ciudadanía que la seguridad no aparecería por el azar y, que debía ser incorporada como una agenda prioritaria de Estado y del Gobierno. Mil 200 años después de Wessex y seis años después de Santos elegirse bajo las banderas de esta seguridad a pulso luchada, y que luego abandonara, le pido a usted señor Alcalde, retomar la seguridad democrática en Valledupar. Es menester cada paso planearlo y destinar el presupuesto suficiente para financiarlo; volver a articular la red de cooperantes en los barrios, monitoreados desde la Policía y registrados con número de celular, estimulándolos con recompensas por informaciones certeras. También le recomiendo incrementar el pie de fuerza civil, tipo Policía Cívica; inclúyalos en un programa 5/1: por cada Policía efectivo, 5 Policías Cívicos y 5 informantes. Alcalde, apóyese en la comunidad, recuerde que ésta fue quien lo eligió, y el éxito de la seguridad democrática se gestó cuando la sociedad entendió sus obligaciones de colaboración con los órganos de seguridad del Estado, clave para obtener la victoria frente a los grupos armados al margen de la ley que asolaban el país en 2002 y hoy asolan Valledupar. La tarea es desarticularlos, desvincularlos o darlos de baja. No vaya a permitir que la ausencia de seguridad garantizada por el estado, derive en movimientos de autodefensa ciudadana. Sería lo peor que nos podría pasar. Exíjale a Santos (quien dice ser aliado de todos y luego los traiciona), que incremente el pie de fuerza en Valledupar. Las matemáticas son precisas y la estadística es una ciencia: la media nacional es de 1 Policía por cada 250 habitantes y en Valledupar 1 Policía por cada 440, casi el doble.  Son 30 Cuadrantes de Policía los que tiene hoy Valledupar; en promedio, cada Cuadrante atiende 7.5 barrios extensos, y los asiste con 6 Policías, de los cuales 2 están activos de turno y 4 descansando; es absolutamente insuficiente la capacidad de respuesta por este precario pie de fuerza.  Le sugiero además que destine parte del presupuesto municipal a financiar la suficiente movilización policial, con motos de alto cilindraje y automotores; 100 le costarían 5 mil 500 millones de pesos; 30 carros nuevos 4x4, costarían otros 3 mil 300 millones de pesos. La tecnología es fundamental para el éxito de la inteligencia policial de seguridad. Adquiera una flota de drones de inteligencia para sitios críticos. Promueva la adquisición de sistemas de vigilancia y alarmas por cuadras, interconectados con la policía y el cuadrante.  Lleve las cámaras de 380 a 1.000.  Exíjale al Presidente que los 70 investigadores que le enviaron por 6 meses, los establezca permanentemente… nuestro estado crítico lo amerita. Pida e inicie los trámites para dar vida a la tan anhelada y cacareada Policía Metropolitana; ganaría pie de fuerza y traería oficiales de más alto rango, con mayor poder decisorio y con mayor presupuesto. No se olvide de sus palabras en su discurso de posesión en el que prometió: "conservar la esencia del vallenato auténtico y raizal, porque esas son nuestras convicciones y nuestro espíritu de hidalguía y grandeza", recuerdo más o menos esos términos. Que lejos estamos de esas frases decoradas; que lejos estamos del Valledupar auténtico y raizal, donde las señoras (mecedora en mano), se sentaban en las puertas de sus casas a echar cuentos con sus vecinas. Que lejos estamos de las épocas donde los niños corrían por las calles del barrio tirando balón o jugando boliche. Volvamos a lo que era un verdadero remanso de tranquilidad, donde se acogía al foráneo como nuestro y se atendía a puerta abierta a todo el que pasare a hacer visita.  Hoy no somos más que presos en nuestras propias casas, como pájaros en jaula; se acabaron las tertulias en las calles y las visitas con mecedora, el terror y la desconfianza se apoderan de nosotros. Lo invito a no olvidar como hombre creyente que es, que la soberbia y la vanidad en la que es fácil caer a través del poder, no son las respuestas a nuestros clamores. Le deseo suerte, la va a necesitar.
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