Aplacemos las elecciones del 2011 al 2012

16 de enero del 2011

El fenómeno  de la globalización económica o tecnológica ha cedido claramente  el paso a la catástrofe ambiental, se registran las temperaturas más altas desde 1880 y los colombianos pagamos el precio gastando por adelantado los recursos presupuestados de una apoteósica bonanza minera que se veía  venir. Quizás por ello sería mejor posponer las elecciones en todo el país, por un  año más, mediante una norma de excepción o una ágil reforma constitucional.

Hoy por  hoy no resulta claro si tal bonanza, sobre la cual cifraba todas sus esperanzas el gobierno Santos, con las grandes inundaciones en el país, pueda dar los frutos esperados y encima de todo se viene la dilapidación propia del debate electoral, donde partidos y candidatos mostrarán lo mejor de sus chequeras para tomarse la mejor tajada del ponqué, particularmente en tiempos cuando la contratación e inversión regional tomará un auge pocas veces visto.

El encerrarnos en las disputas electorales en el 2011 supone dividir aún más el país cuando precisamente demanda más unidad, menos  proselitismo y menos disputa burocrática. Súmese a esto el hecho de los  costos multimillonarios que supone al Estado y a la sociedad colombiana esa empresa divisionista que solo favorece a la dirigencia política y su séquito de contratistas y aduladores de turno.

Colombia necesita más legitimidad que legalidad. La formalidad del ejercicio de la democracia, demanda una  validación más profunda de la vida pública mediante el agenciamiento de empresas más importantes y de mayor envergadura como es la reconstrucción física del país, que constituye la cuota inicial de la reconstrucción moral del mismo. Normalmente como país lo habíamos pensado al revés,  al esperar cambiar primero la conciencias ciudadanas para tener como resultado un orden social y material  más incluyente, sin embargo, ahora es la naturaleza con toda la virulencia la que nos impone esta nueva carta, esta nueva bitácora colectiva, para que la política electoral le ceda el paso a la naturaleza de la política.

Como país  después de este pacto por la reconstrucción y posposición de la democracia de votos por la democracia de hechos, quizás podríamos pensar mejor como encarar el fenómeno global del calentamiento y sus consecuencias en países “en vías de desarrollo”. Desde un bloque que extreme las flojas responsabilidades del protocolo de Kioto y sus reformas,  para generar una contraprestación no retórica sino económica o de compensación material por parte de los países generadores de tal hecatombe ambiental, hacia países como Colombia, y se adopten las medidas preventivas requeridas. En últimas, que contaminar tenga un precio y que este se pague por los agentes contaminadores a sus victimas.

Es imposible y hasta indolente realizar campañas políticas con cerca de dos millones de victimas del invierno con el agua  hasta el cuello, y mas  indolente obligarlos a someterse a un certamen electoral para decidir el futuro de la provincia y de las regiones cuando en realidad no tienen resuelto ni siquiera su mismísimo presente básico: su propia subsistencia. Las elecciones del 2011 precisan ceder el paso la las inundaciones, para que el desempeño de candidatos, partidos y movimientos políticos sean la mejor campaña proselitista  para el 2012.

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