Cero en historia

Publicado por: admin el Vie, 01/06/2012 - 01:03
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Los colombianos no sabemos de historia y por lo tanto no aprendemos sus lecciones. Esta semana, gracias al ambiguo Roméo Langlois, tuvimos derecho a otro show de las Farc presidido por su pitonisa Pi
Los colombianos no sabemos de historia y por lo tanto no aprendemos sus lecciones. Esta semana, gracias al ambiguo Roméo Langlois, tuvimos derecho a otro show de las Farc presidido por su pitonisa Piedad Córdoba. Es una vergüenza que un estado democrático ofrezca a los terroristas una oportunidad adicional de vanagloriarse por haber violado los derechos humanos y obtener propaganda gratuita de nuestros medios siempre dispuestos a venderse por una imagen. Como no estudiamos historia se nos olvida que el terrorismo ha sido siempre y será una amenaza ilegítima para una democracia. Las democracias serias como Alemania, Francia, Italia o España, han entendido que con ellos no se negocia sino se les combate. Como nadie lee ni estudia seguimos creyendo que el terrorismo no puede ser derrotado y que por lo tanto hay que negociar con él. Eso no es históricamente cierto: el terrorismo puede ser vencido si la sociedad pone su empeño en defender sus libertades. Naturalmente es imposible hacerlo si, desde la cúpula del Estado, se envía el mensaje de querer —a toda costa y a cualquier precio— ceder ante las pretensiones de los violentos. Como no estudiamos historia se nos olvida que claudicar ante el enemigo siempre lo estimula a exigir más. La conferencia de Munich no es el único ejemplo pero es muy simbólico. Hitler pidió y le dieron. Luego pidió más y más. Otro buen ejemplo de claudicación fueron las negociaciones de paz entre Nixon y el Vietcong que dieron lugar a la conferencia de París en 1973. Los comunistas pidieron y les dieron. Dos años después se quedaron con el país y lo sometieron a un férreo régimen comunista violando todos los derechos humanos. Y en el siglo XIX la paz de Tilsit no trajo la paz sino que produjo cientos de miles de muertos adicionales mientras Napoleón saciaba sus delirios de grandeza. Y más cerca de nosotros, geográfica y temporalmente, está el ejemplo del Caguán. Pero como se nos olvidan las cosas, le estamos dando un marco jurídico para la paz a los que no quieren la paz sino el poder. Como no estudiamos historia no sabemos que los regímenes totalitarios no son mejores amigos de nadie. Stalin creyó que su mejor amigo era Hitler y luego invadió la Unión Soviética matando por hambre o por la guerra a más de 20 millones de sus ciudadanos. Siria, la Libia de Gadafi, Corea del Norte o Cuba no son mejores amigos de nadie. Son solo partidarios de sus intereses y de su agenda de prioridades. Creer que Cuba está interesada en la paz de Colombia o que Venezuela nos va a ayudar con los problemas de terrorismo nuestros es de una ingenuidad pasmosa. Nosotros no los utilizamos como los oráculos de Palacio lo creen desde las cimas de sus egos. Ellos nos utilizan a nosotros mientras les somos útiles. Luego nos desechan como un empaque cuando se consume su contenido. Como no sabemos historia, porque no la enseñamos en el colegio, se nos olvida que la historia no es el recuento del pasado sino la explicación del presente. Lo que somos hoy es lo que fuimos ayer. Por eso la historia es tan importante pues nos permite entender lo que somos hoy y por lo tanto determina nuestro futuro. Como un buen profesor, el futuro nos va a rajar en la materia. Nos merecemos un cero bien redondito en historia. Representante@miguelgomezmartinez.com

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