La verdad, no sé hasta donde pueda ser cierto que en nuestro país exista un gran talento artístico escondido en las regiones, pero sobre todo que esta sea la razón por la cual los dos principales canales de televisión viajen a lugares escondidos de la geografía nacional, no para descubrir la vena artística de ciudadanos del común que no vivan en Bogotá y Medellín, sino para buscar el gancho perfecto que les permita captar audiencia y arrastrarle público a los dramatizados de su parrilla que no logran despertar mayor interés como consecuencia de la pobreza de sus libretos.
Algunos expertos desesperados por el poco rating de sus novelas buscan explicaciones en la llegada de internet, la multiplicidad de canales que hoy podemos encontrar gracias a la televisión por cable, etc., pero nunca le echan la culpa a la cantidad de modelos 90–60–90 y hombres corpulentos que con pobre desempeño actoral posan como protagonistas, mientras les dan un segundo lugar a los actores que durante décadas enteras con excelentes trabajos en la pantalla chica ayudaron a desbancar las producciones de México y Venezuela en el mercado internacional.
Puede ser que lo anterior corresponda a una lógica de mercado, donde la estética y la belleza venden; el problema es que cuando no está combinada con talento, difícilmente se puede sostener una audiencia. Será por esto que no me explico a quién se le ocurrió pensar que la exreina de belleza Paola Turbay puede desempeñar un papel protagónico mejor que María Cecilia Botero, Nórida Rodríguez, Natalia, Ramírez, Ana María Orozco, etc, en una producción cinematográfica como “Mamá tómate la Sopa”, que a mi modo de ver resultó ser tan pobre en contenido como la misma protagonista, que de paso no supo jugar con una señora actriz como Consuelo Luzardo. Tampoco entiendo de dónde salió la idea de colocar en el papel principal de “Oye Bonita” a Karoll Márquez, que aunque costeño y cantante, no se encontró con el personaje ni antes, ni durante, ni después de la novela.
Ni qué decir de “El libretista de Televisión”, de la que aún no se qué fue peor, si el protagonista o la trama, pero lo que sí sé, es que bien podría explicar la manera como trabajan las producciones de televisión en nuestro país, que muchas veces no se hacen bajo esquemas de calidad, sino pensando si el rating sube o baja y dependiendo de su comportamiento, se le invierte o se la termina a machetazos. Y lo que es peor, si se deja a un escritor estudioso, o se contrata a uno mediocre que no conoce a sus personajes como sucede en la cinta.
Me pregunto si es esta es la explicación para que producciones de tan de mala calidad como las que estamos viendo actualmente no se igualen a las que se realizaron en los años 80 y 90 y que le significaron la gloria a las telenovelas colombianas, lo que a su vez fue la puerta para la internacionalización de actores nacionales como Manolo Cardona, Dana García, Amparo Grisales, Ana María Orozco, etc., y que también despertó el interés de artistas extranjeros para trabajar en nuestro país.
Soy de los que lamenta que en Colombia se haya caído en la tendencia a mantener y aumentar un rating, no con base en realizaciones de producciones exigentes y ricas en contenido, sino mediante realetes que por costosos que resulten, no requieren del talento que exige un medio como la televisión.
