Cuentos Cortos

Mié, 22/02/2012 - 00:02
Al momento de encontrar un claro entre las nubes, el piloto se topó de frente con la montaña.
Marchaba rápido y silencioso e

Al momento de encontrar un claro entre las nubes, el piloto se topó de frente con la montaña.

Marchaba rápido y silencioso el secuestrado que huía de la guerrilla. Los disparos lejanos los recibió el centinela.

Cada vez que la veo en la toalla, la marca me recuerda la cuchilla que me rayó el rostro: María La Limpia.

Cojera la que el soldado Benítez exhibía en los desfiles con la prótesis adherida a la rodilla izquierda. La prótesis tenía incorporado un chip con el himno nacional.

El bus estaba lleno de pasajeros cansados. Querían volver a su vereda, un domingo al atardecer, mientras el cura párroco gritaba por el micrófono la falta de diezmos y la ausencia del amor a Dios y a sus enviados. Un temblor de tierra agrietó la iglesia. El cura dijo en la calle que era castigo divino. Una campesina le gritó al conductor: Vámonos pronto antes de que Dios nos cobre personalmente.

Un perro descansaba en la acera de una barbería. Un pedazo de oreja cayó al suelo. El perro ladró, para que el herido la recogiera. Era el dueño de ambos.

Sentóse Don Jorge Carvajal en la puerta de su casona colonial. Esperó el carruaje con los caballos pura sangre que traía al virrey español. Cuando el auto frenó, una mujer le advirtió que el desfile de vehículos antiguos se había cancelado.

La puerta no abría porque un mendigo atascó la cerradura con un clavo. Se vengó por la falta de limosna en el Día de los Pordioseros.

El policía sabía dónde se escondía el asesino. Lo vio escapar en una motocicleta encilindrada de color alacrán. El policía no le contó a nadie que estaba en licencia remunerada.

El maestro de matemáticas soñó que él había perdido el año. A varios estudiantes les ocurrió lo mismo. Por lo tanto el examen versó sobre la influencia del sueño en la literatura infantil.

La monja directora del convento rezó durante varias horas, casi días, por su alma pecadora arrepentida. Los padres de la novicia recibieron a su hija, pero en el ajuar reclamado, faltaban prendas interiores. Y un rosario de plata.

Colindante con el cementerio de Riohacha, estaba el local forense. Un aviso decía: “se hacen autopsias gratis”. El entierro del anciano jefe político pasó por el frente sin mirar el aviso y siguió. Su muerte registrada fue una muerte natural.

Dentro del perol se cocinaba un bocachico. Ella acudió a la puerta para que ingresara el pescador. El notificador de la inspección de policía le informó que el bocachico quedaba decomisado mientras se comprobaba la licencia del pescador ahogado.

En la hacienda “Tierra de Nadie” laboraba como vigilante en la noche. Como nadie le pagaba durante un largo tiempo resolvió no volver allí. Nadie lo recomienda. Y lo están buscando por abandono del puesto.

Su porro preferido es “Doble Cero”, de Lucho Bermúdez y su orquesta. Para bailarlo invita a una joven vecina del barrio Enciso. Meses después contrajeron matrimonio. “Doble Cero” no se oye. Él quedó sordo después que la bomba explotó en el quiosco de la acción comunal.

No se movió. El balón no se movió. En la mitad de la cancha nadie lo pateó no obstante que lo rodean 22 jugadores y 3 árbitros. Corean las barras el nombre del centro delantero que murió hace dos días por una dosis excesiva de aguardiente. El saque inicial es en su honor.

Su reputación de buen jardinero era cierta. Rodeado de mil flores y otro tanto de colores, por sus manos pasaban sonrientes camino de los brazos compradores. Alrededor del ataúd las flores de plástico lucen inmóviles, inodoras. El jardinero no era el dueño del vivero. Ya estaba jubilado.

Las cometas subían y subían empujadas por el viento de enero. En el morro los niños cuidaban ovillos de los hilos y las cuerdas para que no se confundieran entre ellas. Formas diversas, colores subidos, colas de viejas camisas y retazos se mecían al aire. Un niño, el más liviano y chico, se elevó con su cometa. En lo alto gritaba: “Muchachos: ya vuelvo”.

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