Cumbre borrascosa

Jue, 19/04/2012 - 09:01
Ni la exclusión de Cuba, ni la soberanía de las Malvinas, ni discutir la legalización de la droga —mucho menos la fecha concreta para la entrada en vigencia del TL

Ni la exclusión de Cuba, ni la soberanía de las Malvinas, ni discutir la legalización de la droga —mucho menos la fecha concreta para la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos— lograron superar el impacto de la única verdadera noticia global de la Cumbre de las Américas en Cartagena: la de los miembros del Servicio Secreto y el ejército norteamericano que custodiaban al Presidente Obama y su furtivo y borrascoso encuentro con la 'heroica' profesión más antigua del mundo. Y digo heroica, porque no debe ser nada fácil ejercerla, aunque haya quienes desdeñosamente se refieran a la prostitución como "la vida fácil"

Cartagena tiene ya una tradición importante de humillar el poder anglosajón, como bien lo demostró Blas de Lezo al derrotar al Almirante Vernon, quien lanzó desde lo que hoy es Estados Unidos y con apoyo financiero y logístico del padre de George Washington una expedición para capturar la ciudad, con todo y monedas acuñadas con su efigie victoriosa mientras de Lezo le hacía entrega de su espada. Algo así como "I took Cartagena" pero antes de tiempo. La historia hundió tamaña empresa y en esta ocasión y con tres siglos de distancia, la virilidad militar de la primera potencia armada del planeta quedó una vez más por el piso al vaivén de la heroica brisa cartagenera.

Ahora recorren la ciudad periodistas de los principales diarios americanos, investigadores del Departamento del Justicia y el Pentágono junto a asesores de influyentes senadoras gringas buscando como Torquemadas del Siglo XXI entre establecimientos de dudosa reputación, quién les de información con pelos y señales de lo que al parecer es un comportamiento institucionalizado entre los miembros de organismos de inteligencia y seguridad que viajan al exterior, que el Wall Street Journal llamó la cultura de "tren de aterrizaje arriba, anillos afuera". Pero las mujeres se esfumaron. Cartagena tuvo cinco siglos de dominio español para aprender el arte de escabullírsele a cualquier forma de inquisición para seguir practicando inmutable y con ingenioso refinamiento todo arte que se considere pecaminoso.

No voy a sumarme al coro de quienes consideran este un episodio vergonzoso. En realidad, es la metáfora perfecta de la Cumbre, y se ganó a pulso el reinado de chiva planetaria del evento. Porque detrás de todo esta obra teatral, lo que se esconde es el desplome de la hegemonía de una potencia basada en el moralismo, en dividir al mundo en buenos y malos, ángeles y demonios, vaqueros e indios. Un sistema que considera que tener relaciones comerciales con Arabia Saudita o China es aceptable, pero no con Cuba, por ser un "régimen comunista que viola los derechos humanos". Conclusión, para tener el respeto de Estados Unidos no hay que portarse bien sino tener mucho petróleo o armas nucleares: es decir, hay que ser Irán. Es el mismo país que se inventó la Doctrina Monroe de "América para los americanos", siempre y cuando la soberanía que esté en juego sea la de Estados Unidos, no la de un país sudamericano como Argentina en las islas Malvinas. Y sobre todo que no tuvo reparos en fumigar la Sierra Nevada de Santa Marta con toneladas de paraquat, para erradicar la hierba maldita, la misma que hoy se produce y vende con "fines medicinales" en diecisiete estados de la Unión Americana, simplemente porque ahora el negocio está allá, y no acá.

Ya sabemos el desenlace de esta historia. Al escribir esta columna, el Washington Post reporta la renuncia de dos agentes del Servicio Secreto. Pagarán con el fin de sus carreras, con la ignominia y quizás la cárcel, sacrificados en el altar de la moralidad gringa en plena campaña electoral. O tal vez pidan perdón, y la prensa norteamericana enternecida los declare víctimas de una terrible enfermedad llamada adicción al sexo, y los ponga en tratamiento por cuenta de los contribuyentes mientras una Corte Federal en el Distrito de Columbia emita un pedido de extradición contra esas mujeres criminales, agentes del terrorismo internacional que osaron infiltrar el esquema de seguridad del líder del mundo libre. Bien lo dijo Sor Juana Inés de la Cruz, "necios los hombres que acusáis a la mujer, pues ¿quién es más pecador, el que peca por la paga o el que paga por pecar?" En la guerra contra las drogas llevamos 40 años recibiendo desde el norte una respuesta muy clara a esa pregunta.

Lo que se derrumbó en dos tandas, el 11 de septiembre junto a las absurdas guerras que provocó, y el colapso económico del 2008, no fue solamente la hegemonía norteamericana, sino la preeminencia de quinientos años de cultura judeocristiana europea sobre el resto de la humanidad. Su doble moral, su obsesión con la sexualidad, su hipocresía colectiva. Basta recordar el primer comentario que merecieron los nativos de este continente en el diario del Almirante Cristóbal Colón, ese fatídico 12 de octubre al descubrir las maravillas de un nuevo mundo: ¡están desnudos!

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