De Juan Manuel al Presidente Santos

16 de noviembre del 2010

Para aquellos que llevamos mucho tiempo en la vida pública, no dejan de sorprender las transformaciones que se observan en el Presidente Santos. Conocimos a Juan Manuel Santos como subdirector de El Tiempo, como polémico columnista, como dinámico ministro de Comercio, como imponente Ministro de Hacienda y como sobrado Ministro de Defensa. Muchas de las características que vimos y sufrimos del ciudadano, ministro y periodista no se ven en el Presidente actual. Los cambios no se limitan al hecho de que llegó a la Primera Magistratura con una agenda y está gobernando con otra. Eso solo comprueba su profunda habilidad como político. Pero hay mucho más.

Como columnista no le pudo dar más duro a Chávez, hoy es su “nuevo mejor amigo”, y con la expresión, me parecía escuchar a mi nieto de 8 años porque esa es una linda frase propia de la ingenuidad infantil. Como Ministro, especialmente en Defensa, era intolerante y no le temblaba el pulso para tratar de ridiculizar a sus oponentes. Hoy, el Presidente Santos es tolerante, calmado, sereno y hasta acoge las propuestas que sus opositores presentaron durante la campaña presidencial. Cuando era Mindefensa era pantallero; se recuerda como se robó el show, que debía ser del presidente Uribe, cuando murió Tirofijo. Le llovieron críticas de los furibistas pero él siguió impávido. Hoy dejó la pantalla solo para cuando lo cree necesario y deja que sus ministros tomen la iniciativa de dar noticias buenas y malas. Es decir, parecería que este Presidente volvió a considerar a sus Ministros como fusibles que se queman para evitar cortos circuitos, como debe ser. Preservar su imagen es la obligación de un Presidente de la República.

Cuando no era presidente, era distante y hasta llegaba a ser ofensivo. Hoy el Presidente es amable, y en cien días se le ha visto firmeza pero nada ni nadie le ha logrado sacar la piedra en público. Antes no dudaba en asegurar cosas difíciles de defender. Recuerden el episodio en la Comisión Segunda cuando negó la existencia de falsos positivos y se burló de quienes lo interpelaban. Hoy como Presidente ha logrado que por lo menos uno de los ofendidos en ese momento sea su amigo y lo apoye en el Gobierno. Se le tachó en su trascurrir por la política como un político que manejaba la manzanilla. Ahora eso no se ve, al menos por ahora, y no le ha temblado el pulso para poner a mucha gente en la picota pública por posibles delitos de corrupción. En resumen, mucha gente que juró que nunca votaría por él porque lo consideraban insufrible, hoy están admirados de lo que está haciendo. Ver para creer o como decía el gringo cuando venía cayendo de un rascacielos: so far so good!

¿Que pasó?, es la pregunta que se hacen muchos. Una de las posibilidades es que su gran habilidad como político lo ha llevado a algo que sin duda le está funcionando: sorprender, para bien y no para mal como le pasa a muchos. La otra posibilidad que sinceramente sería la ideal, es que el ciudadano Juan Manuel Santos se creció con el puesto. Entendió que una cosa es ser político, otra ser ministro y una completamente distinta es ser Presidente de un país tan complicado pero con tanto potencial como Colombia. Por el bien del país, ojalá sea esto último y no lo primero.

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