Desmontar el lenguaje “guerrero” plantea directora del Instituto Caro y Cuervo

Desmontar el lenguaje “guerrero” plantea directora del Instituto Caro y Cuervo

25 de agosto del 2016

El Instituto Caro y Cuervo está celebrando 74 años y lo celebra con una “dulzada” en su sede principal en un país que está hablando de paz y la necesidad de adecuar el lenguaje.

Según la directora, Carmen Millán, hay que procurar la ética de la palabra, ponerse en el lugar del otro antes de soltar un taco, evitar las expresiones pasadas de volumen. Y las groserías son imperdonables.

Hay que construir la paz desde las palabras, opina: -Tantos años de conflictos no solamente deterioraron los campos y la economía sino también las relaciones interpersonales y las palabras, expresión suprema de la forma como hablamos.

El lenguaje se nos volvió guerrero. Por eso hablamos de “blindar” un acuerdo, de “gatillar”, de “enfundar” y tantos otros términos militares y de guerra.

Y qué me dicen (observa la señora Millán, simpática, risueña, quien considera que abrir cualquier página de un diccionario es una acción divertida y emocionante) de la forma como se usan algunas expresiones en la rutina diaria.

El conductor de taxi que pregunta “a dónde la llevo negrita, mamita…”.

El taxista que con su música de despecho a todo volumen intenta entablar una conversación. Un amigo dice que cuando esto le ocurre, le propone al taxita: -O le baja el volumen o me da un aguardiente. (El problema es que las mujeres no pueden hacer esa propuesta o terminan invitadas a otro lugar).

El asunto de la dulzada tiene que ver con el poema y el libro publicado por primera vez en 1867 de Ángel Cuervo, sobre los almíbares y postres que en el siglo XIX se servían en Santafé de Bogotá, explica la señora Millán. –Todo un elogio de los dulces santafereños.

-También lleva la palabra memoria porque en este país está asociada con asuntos luctuosos, al recordar a los muertos, sus restos y poder hacer el duelo. Pero la memoria también puede evocar cosas gratas, como las palabras que nos han dejado los mayores, el olor de los lugares que habitamos y el sabor de los dulces.

-Tenemos que apartar el lenguaje nocivo, tóxico, recomienda la directora del Caro y Cuervo.

Carmen Millán, toda una vida dedicada a las palabras, desde cuando acompañaba a su padre (Gabriel Millán López) por el Tolima, fue profesora titular de la Universidad Javeriana por casi 20 años. Tiene una maestría en literatura medieval y un doctorado.

Su pasión son las 70 (¡setenta!) lenguas que se hablan en Colombia (incluyendo el de las señas) y la forma como se adaptan al mundo moderno.

-Fui testigo de una discusión fantástica en la Sierra. Decidían cómo articular una palabra para el concepto computador. Teclas que dan luz, luz que responde a las teclas, hasta llevar el término a su lenguaje.

-Perdone que la acose, le dije, para acelerar el diálogo..

-No utilice acosar que suena feo, me reclamó sonriente. Prefiero que me afane.

-¿Debe parecerle mal que yo hable de un político torpe inmarcesible?

-Torpe es una palabra bonita. Hay personas peores y corruptas. Inmarcesible es lo que no se marchita y debe utilizarse adecuadamente o termina usted como Shakira.

-En la política ya no se escuchan buenos discursos…

-Allá no se escucha nada, responde la directora y mantiene su sonrisa, pero se niega a agregar algo.

-Con cuáles palabras empezó?

-Mi padre me enseñó “estoraque” y me remitió al poema de Cote Lemos. Mi abuela decía…ochis y chambetas.

Y hablando de Caro, usted ha leído “el embolador diplomático”?

Y comienza ella el divertido relato. Hablamos casi una hora y yo no quería despedirme…

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