Diálogos con poder

Diálogos con poder

5 de noviembre del 2010

En las relaciones humanas y particularmente en la política, entendida como el arte de gobernar, conviene dejar una rendija abierta para conversar puesto que las circunstancias cambian a cada momento. Pero solamente el Gobierno Nacional es quien debe decidir sobre la oportunidad de dialogar y quien debe escoger, para proponer a la contraparte, las condiciones y los aspectos materia de negociación, siempre teniendo de presente que el poder soberano radica en la expresión de la voluntad popular, que con su respaldo el ejecutivo es fuerte, el mandato es claro y la capacidad de negociación es poderosa.

Los diálogos con grupos organizados de delincuentes armados que cometen actos terroristas tienen validez, sólo en la medida en que estén inequívocamente encaminados a humanizar el conflicto y a aclimatar la paz en el país sin que, de ninguna manera, signifiquen la entrega de la autoridad legítimamente constituida en poder de narco-guerrilleros. Porque la paz se puede conseguir con la lucha, de la cual sale un vencedor que impone la voluntad al vencido o se puede lograr mediante el dialogo, en el cual las partes en conflicto se ponen de acuerdo sobre ciertos temas, bajo condiciones específicas y dentro de un plazo determinado.

Pero conversar con los violentos mientras realizan actos terroristas, se parece tanto a jugar yo-yo con las babas, como dialogar sin plazos y condiciones a mantener discusiones bizantinas sobre el sexo de los ángeles, mientras Bizancio era saqueada y sus habitantes asesinados por los barbaros de la época. Razón por la cual, los diálogos se deben adelantar al amparo de una tregua efectiva, pues de lo contrario constituyen una pantomima cuyo único resultado es el debilitamiento de la autoridad.

Las negociaciones deben ser voluntarias y estar libres de toda coacción, en especial de secuestros – dada la salvaje agresión e intimidación física y moral que, con este crimen, se comete contra el ser humano y contra la sociedad – pues de no ser así estaría viciada la manifestación de voluntad política para que, por este medio, se instaure el respeto y se termine la violación de los derechos fundamentales de las personas.

Las materias de los pactos, en los cuales todos ponen y todos ganan, tienen que ser expresadas previamente con meridiana claridad, justas en sí mismas y factibles de cumplir. Por último, cabe advertir que el diálogo es tan solo un medio para producir un resultado que se acerque a la justicia y que los acuerdos, como tales, no son esenciales a la existencia de los derechos y obligaciones que se convengan.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO