Dos buenas y una mala

26 de abril del 2011

Fue tanta la llovedera en Semana Santa que hasta los farcos se escondieron o se refundieron entre el lodo y los torrentes. Y eso que las desgracias nunca vienen solas…  ¿Qué tal que después de cada derrumbe se hubiera producido una toma guerrillera o que con cada inundación hubieran llovido balas? Estaríamos más fregados que funcionarios del AIS, sobre los que caen truenos y centellas. Afortunadamente solo sufrimos una de tantas posibles tragedias, la invernal. Claro,  dolorosa y dramática, pero sobre todo para quienes todavía esperan los auxilios prometidos.

Y si sólo padecimos por el invierno, es justo reconocer que algo se debió hacer bien en estos días. Pues si. Las carreteras estuvieron fuertemente custodiadas, cual época uribista. No podrán reclamarle a Santos los furibistas porque ese huevito si se cuidó en la Semana Santa. Por eso quiero destacar dos cosas buenas y, para no perder la costumbre de la crítica, mostrar un lunarcito malo.

Ya entendí por qué dicen que en las FF. AA. se están dando codazos. En cada carretera de Colombia los soldados de la Patria levantaban el codo. Claro, no para darse codo entre ellos o para tomarse un guaro, sino para alzar su dedo pulgar en un saludo optimista a los viajantes.

Esta práctica de saludar no es nueva, viene desde que el actual presidente pasó por el Ministerio de Defensa y la dejó establecida como muestra de su talante conciliatorio y educado. Me parece valioso que nuestros soldados hayan aprendido a saludar con amabilidad. Cuando se los ve sonriendo con el pulgar al aire, dan ganas de responderles de la misma manera.

Para muchos este gesto no es suficiente. Las Fuerzas Armadas tienen todavía cuentas pendientes con la sociedad, pero hay que reconocerles este amable gesto que los aproxima a una actitud más humana y más civilista. Mucho peor sería que no saludaran o nos hablaran en el tono chafarote de las épocas del Estatuto de Seguridad: “A ver, el civil, bajarse del carro, ¡Arrr!.” No me importa lo que digan, yo si les abono el saludo. Y va la primera buena.

La otra buena es, por supuesto, su presencia masiva en las carreteras y la “sensación” de seguridad que esto produjo. Ambas cosas, “saludo y presencia”, dieron un respiro a las críticas que les llovían antes por la inseguridad y el aumento de grupos al margen de la Ley por todo el país.

Y ahora viene la mala. En varios retenes me tocó presenciar como los militares estaban acompañados de tipos de civil, con una credencial colgada al pecho que daba la sensación de que pertenecían a las FF. AA. Cuando un soldado le ordenaba a un vehículo detenerse, muchas veces no era para una requisa, sino para cederle el paso al tipejo con la credencial pero sin uniforme.

¿De qué se trataba? ¡De una rifa! El tipo, cual bombero de pueblo, mostraba unas boletas que prometían un carro o una moto si se daba una ayuda. La primera vez que me topé con esto, pensé que se trataba de un error y rápidamente me alejé del retén. La segunda vez, puse más atención y me quedó claro que se trataba de algo ambientado y orquestado por el retén de vigilancia. Respondí que no me interesaba colaborar y me dejaron seguir sin problema; pero la tercera vez, ¡me indigné! ¿Cómo es posible que en los retenes del ejército estén vendiendo bonos de apoyo unos tipos que no se sabe si son militares o no, en medio de procesos de vigilancia delicados  y sin que sepamos qué o a quién van a favorecer estos recursos?

Dirán que hay muchos líos peores con los militares; los falsos positivos, la división interna en el ejército, la confrontación con la armada, la falta de liderazgo del ministro, el aumento de la inseguridad en las ciudades, etc. etc. Frente a todo esto una rifa es una nimiedad que puede pasar desapercibida. Pero es que la forma también importa y esta forma de recaudar plata se parece más a un acto indelicado que a la rectitud con que deben obrar los que nos cuidan de los bandidos

Sería bueno que los altos mandos nos expliquen para qué son esos fondos, quién los administra y por qué deben recogerse de esta forma. De lo contrario empezaré a sospechar que el codo alzado no es para un saludo, sino para repartirse y brindar por esa platica.

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