El aplazamiento de la firma de los acuerdos, un acierto de Santos

29 de marzo del 2016

“La dejación de las armas es un tema no negociable.”

Después del encuentro con Timochenco, el Presidente Santos le anunció al país una fecha límite para la firma de los acuerdos de paz, el 23 de marzo fue el día escogido. Dicha ilusión se fue disolviendo, producto de algunos imponderables que hicieron imposible tal realización. Las negociaciones de paz suelen ser así, surgen problemas de última hora que hacen que lo que parecía simple, se torne complejo y a veces insalvable.

La actitud del Presidente fue valerosa, a riesgo de la crítica de sus acérrimos contradictores y de un bajonazo en las encuestas, prefirió jugarle limpio al país. Los temas no son de poca importancia, uno de ellos tiene que ver con las zonas de concentración; el gobierno estima que ellas deben ser de ubicación temporal, es decir, de corta duración, unos meses y no más de un año, para que los guerrilleros, de manera ágil y pronta, inicien su proceso de reincorporación a la vida civil, pero además, se ha planteado que ellas deben encontrarse en zonas despobladas, alejadas de los centros educativos.

Por el contrario, para las FARC estas franjas, que ellos denominan Terrepaz -territorios especiales para la paz-, deben convertirse en una posibilidad territorial a través de la cual puedan moverse entre un sitio y otro, teniendo en cuenta que es en donde han hecho presencia históricamente, lo que obviamente les ha dado alguna legitimidad con la población civil, allí podrían comenzar a pagar las penas impuestas y a hacer política. Mientras se hace la dejación de armas, la guerrilla siente que estas comunidades farianas deben ser protegidas de actores violentos como los paramilitares. Una cuestión vital para la guerrilla es su seguridad y ello, definitivamente, será uno de los temas controversiales.

El gobierno ha sido claro en que no es posible hacer proselitismo armado, pues la finalidad del proceso es el rompimiento total y absoluto del vínculo entre política y armas. En resumen, mientras para las FARC la dejación de las armas debe ser un tema gradual, para el gobierno la entrega debe ser total una vez se inicie el proceso de concentración en los sitios acordados.

En cuanto a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, parece ser que ya no es punto de honor para las FARC, pues han entendido que nadie puede asegurarles que una vez elegidos los dignatarios de esa institución, aprueben todo lo acordado en La Habana. Una Constituyente, por su naturaleza, es soberana y omnímoda, y podría incluso decidir cuestiones contrarias a lo acordado en la mesa de negociaciones; de ahí la importancia de lo propuesto por el ex Fiscal Montealegre en el sentido que se le dé el rango de Tratado Internacional a lo que se defina en La Habana, situación que evitaría, de paso, la celebración del plebiscito, que como bien lo expresó el profesor Ferrajoli, no es posible cuando se debe definir sobre derechos fundamentales no mayoritarios, la paz es uno de ellos.

Al respecto algunos comentarios: la dejación de las armas es un tema no negociable, es necesario que las FARC entiendan que el desarme es lo que espera el pueblo Colombiano y que su seguridad es compromiso de la comunidad nacional e internacional, que ha expresado de diferentes maneras su apoyo al proceso de paz de Colombia. El desarme no solo es una expresión material, es también psicológica y de raigambre social, los colombianos debemos entender que la paz es algo actitudinal que exige coherencia y convicción.

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