El caudal de las emociones

30 de abril del 2011

El agua es versátil, toma la forma del recipiente que la contiene sea cual sea, curva, recta, espiral en ascenso o descenso. Se tiñe, se impregna, disuelve, hace que los sólidos se transformen.  El agua busca camino, se desborda, se contiene, se adapta. Construye y destruye a la vez. Sana o enferma.  Es polifacética por decirlo así, al igual que nuestras emociones.

En estos días de lluvias por doquier, de inundaciones, de excesos de agua no encauzada, es imposible sustraernos a su mensaje, por lo tanto podemos preguntarnos: ¿Tenemos al interior de cada uno de nosotros la misma situación?, ¿Será que lo que sucede en el mundo, en el país, es un reflejo de nosotros?, ¿Será nuestro espejo?, ¿Qué nos quiere decir esta situación sobre nuestra forma de ser?

Revisando los significados del agua en la historia de la humanidad tenemos que para los chinos simboliza la calma, la ternura con fuerza interior, la juventud, la alegría. También representa la acción, la vida física, llevar a cabo propósitos y despertar ideas. Simboliza las emociones, lo instintivo y lo amorfo. Representa al espíritu atrapado en lo físico, lo inconsciente, los deseos,  purificación y amor. Es el elemento mas parecido al Tao, puede dar vida o ser un destructor fatal. En Grecia Tales de Mileto la consideraba el principio de todas las cosas, de donde viene todo y a donde todo regresa. Para hindúes, mahometanos y cristianos es en esencia el purificador del espíritu, muy bien conocido durante el rito del bautizo. Para quienes interpretan los sueños, el agua representa la vida interior.

En medicina las emociones son el agua, están contenidas en los diferentes fluidos humanos y tienen un significado especial en cada uno de ellos. La sangre arterial representa la alegría y el júbilo de vivir, o sea que una hemorragia significa que estamos perdiendo este sentimiento. La formación de un coágulo es la represión de las emociones negativas, las hemos almacenado tanto tiempo que solidifican la sangre, tapan arterias y venas, obstruyendo la vida, obstruyendo la llegada del oxígeno esencial, son por tanto la incapacidad de enfrentar el conflicto, lo aplazamos hasta que algo muere en nuestro interior. Los conflictos son para resolverlos, no para ocultarlos, al igual que las emociones. La diarrea o el vómito son el rechazo a los sentimientos que generan los encuentros, las ideas, sobretodo las novedosas, desbordamos nuestro sistema digestivo eliminando agua en exceso para “purificarnos” de lo que rechazamos, de lo que nos hace entrar en disidencia. El edema, que es fluido acumulado, quieto en los tejidos, es el estancamiento de situaciones vitales, la incapacidad de poner en marcha proyectos y soluciones, refleja así nuestra necesidad de pedir ayuda. Las lágrimas y el goteo nasal, son el llanto interior, frustración y pesadumbre expresada en dicha forma, no manifestada verbalmente.

Las avalanchas precipitadas por agua, que destruyen casas, vidas, cultivos, representan las muertes y destrucción interior cuando permitimos que se acumulen las emociones. Vivir por tiempo prolongado una rabia con el jefe, el miedo al cónyugue, la indecisión por temor al hijo, solo llevan a que de repente explotemos y tengamos actos contra los demás, el agua de las emociones se desborda y destruye en vez de alimentar.

O sea que sí, podemos asimilar la ola invernal al invierno emocional. Las lluvias son el llanto profundo por la situación del país, trata de lavar, pero acaba haciendo daño. Las inundaciones, el terreno anegado de agua son el egoísmo de pensar solo en lo mío, cuando hay tanta ayuda que prestar y necesidades que suplir. La falta de agua potable, mientras estamos llenos de agua no potable, son los recursos desviados, la corrupción que acapara, somos victimas, pero pasivos.

Pero no nos fijemos solo en lo grande, en lo externo, miremos en nuestro interior en que momento y situaciones acaparamos, lloramos, obstruimos, rechazamos o nos inundamos con nuestras propias emociones. Aprender a encauzar las emociones, a no dejarse desbordar por ellas, a escoger si tomamos una u otra, como si bebiéramos agua pura o contaminada, es parte del trabajo personal. Pongamos nuestro aporte para que ellas se vivan, se pongan en movimiento, se compartan. Hagamos un equilibrio entre tanto pensar, para sentir más.

Feliz viaje a tu interior.

Carlos Juan Antonio Toro Torres
Médico, Medicina Mente-Cuerpo
www.medicointerior.com

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