El clan de los Doce Apóstoles*

31 de mayo del 2011

No es vano decir que la historia es de los sobrevivientes y no propiamente de los historiadores. Y en este caso, en “El clan de los Doce Apóstoles” libro de la periodista Olga Behar, él y los protagonistas de la historia, fueron cómplices y por serlo, causaron y causan en Colombia el proceso horrendo del paramilitarismo, del despojo de las tierras y la agresión interminable a un campesinado inerme.

Además de informar y de revelar grandes horrores de la historia nacional en los cuales están relacionados los hermanos de Álvaro Uribe Vélez, el libro de Behar cumple con el fin fundamental de un texto elaborado para los lectores; divertir así sea contando no pocas veces episodios infernales del paramilitarismo y de las relaciones de los poderes “legítimos”  con ese hijo demoníaco y bastardo, ese no reconocido vástago de la burguesía colombiana.

Un libro en el cual y gracias a las revelaciones de un oficial de la Policía Nacional, se ponen en evidencia en una caso específico –uno, seguramente de tantos en tantas regiones del país-  las relaciones de algunos sectores de las fuerzas militares con la ilegalidad, sectores que participaron de frente en el proceso del paramilitarismo y de las llamadas Autodefensas.

Más allá de las múltiples anécdotas y hechos que llenan los cajones organizados de este gran armario narrativo, el libro de Behar es un anecdotario que se convierte por su propia fuerza en análisis de la violencia política, los paramilitares y el terrorismo de Estado e inclusive en tácito homenaje a las víctimas causadas por esa histórica alianza de extrema derecha durante tres décadas por parte de cabezas de los partidos tradicionales, el narcotráfico, algunos industriales, muchos comerciantes, los grandes propietarios del agro y sectores de las fuerzas armadas.

Este libro hace parte de una saga de trabajos de intelectuales colombianos que han dejado claro (y Olga con su trabajo se convierte en ícono ético) que así como el país rechaza las acciones de la guerrilla, igualmente es profundamente consciente de que los horrores del desplazamiento (cuatro millones y medio de campesinos han sido obligados a dejar sus tierras), las masacres (no menos de 50.000 colombianos asesinados por los paras), las desapariciones (nada se sabe de 10.000 colombianos) el secuestro (los paramilitares se llevaron hacia la muerte a 1.000 ciudadanos) las torturas y los asesinatos selectivos por parte de los paras, son mucho mayores en cantidad y en atrocidad.

No podemos olvidar aquí los trasuntos del paramilitarismo, los hitos de espanto que esta historia, punta de iceberg, vuelve a traer a la memoria. Y sus implicaciones directas en la política que se ramifican y renuevan inclusive hoy, tiempo después de la desmovilización en “Justicia y Paz” de las fuerzas fundamentales del paramilitarismo y sus narco cabezas, fuerzas hoy en pleno resurgimiento y denominadas eufemísticamente Bacrim, para hacernos creer que se trata de bandas de mafiosos sin relación con el proceso anterior, del puro y rudo paramilitarismo narco-antisubversivo. No podemos olvidar estos fenómenos de violencia de la ultraderecha, memoria reciente de los 60 congresistas del uribismo (y día a día crece la audiencia) en la cárcel o investigados por apoyar el paramilitarismo.

La cortina de fondo es la impunidad. El propio proceso de juzgamiento de los paras llamado de Justicia y Paz, que se entregaran en 2002 y 2003, desde un principio nació muerto como hoy lo comprobamos. Las leguleyadas y fintas hechas por el gobierno permitieron que los paras recibieran condenas máximas de ocho años con derecho a rebajas, al punto que varios de ellos ya estarían cerca de ser excarcelados. Buena parte del país recibió con asombro dicho tratamiento para los autores intelectuales de los hechos más inicuos de la historia reciente. Todo gracias a las decisiones nocturnas –por decir lo menos- de Álvaro Uribe. Como las extradiciones de todas las cabezas a los Estados Unidos con el subsiguiente freno a las investigaciones de crímenes de lesa humanidad.

Y más grave aún: el país esperaba que el paso siguiente a la parapolítica fuera involucrar al proceso a otros sectores como el de los empresarios que fundaron o colaboraron con el paramilitarismo (la llamada para-economía) y a grupos importantes de las fuerzas armadas que armaron, condujeron y potenciaron a los paras. Si se ha cerrado la puerta para la vinculación de los políticos y para el acopio de acerbo probatorio contra los ya inculpados, la doble llave ha sido echada en el caso de aquellos ricos colombianos que fueron cómplices de las masacres y de los socios militares de las llamadas autodefensas. Esos mismos sectores de poder que trabajaron de la mano del teniente de marras protagonista de  este libro de Olga Behar.

En todo esto nos cabe justamente la duda y la posibilidad de que existieran pactos ocultos que garantizaron silencios o acomodamientos. Los propios comandantes  paramilitares jefes o cómplices de los militares corrompidos que ayudaron a construir el paramilitarismo, lo dijeron desde la prisión: “ no hay que olvidar los peligros institucionales de la verdad”. Es decir, la lista total de militares, políticos y empresarios que potenciaron y financiaron el paramilitarismo.

Falta aun revelar quienes fueron los autores ideológicos del horror. Como es usual en el tema paramilitar, en Colombia todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice.

Este libro de Olga Behar revela el material de las estructuras para-militares y nos cuenta a través del relato crudo, del dato y la anécdota, los detalles, los “modus operandi” de estos criminales. La alianza conspirativa y criminal de medio país político y económico, con unos asesinos que fueron su propio invento, autores del holocausto cometido en aras de la lucha anti-insurgente.

Miles de colombianos asesinados señalan desde las fosas que se siguen abriendo. Gracias a trabajos como el de Olga Behar, Colombia ha roto definitiva y masivamente la indiferencia frente a la guerra paramilitar. Y eso es más fuerte que una doctrina de Seguridad Democrática o un Estado de Opinión.

*Apartes del prólogo al libro del mismo nombre de Olga Behar

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