El error de evitar algunos errores

Mié, 09/05/2012 - 09:00
Todos sabemos que la letra de los médicos es horrorosa. ¿Debemos evitar esa peculiar caligrafía promoviendo el uso de computadoras al prescribir medicamentos? Parece

Todos sabemos que la letra de los médicos es horrorosa. ¿Debemos evitar esa peculiar caligrafía promoviendo el uso de computadoras al prescribir medicamentos? Parecería una solución obvia pero es discutible. No será otro caso de aquello que subrayó Voltaire al decir “Le mieux est l´ennemi du bien” cuya traducción exacta es: lo mejor (no lo perfecto como usualmente se repite) es enemigo de lo bueno.  No quiero ser pedante al precisar la conocida máxima, solo señalar que si lo perfecto  no existe en este mundo los intentos compulsivos de mejorar las cosas pueden empeorarlas.  En otras palabras, podemos caer en grave error al evitar algunos errores menores.  Por ejemplo al impedir que los médicos escriban sus casi incomprensibles garabatos.

El New York Times reporta el 28 de abril de este año un 37% de errores en prescripciones médicas escritas en papel contra 7% en prescripciones hechas por medios electrónicos. No se asusten, solo menos del 8% de esos errores podrían haber llevado en el peor de los casos a eventos clínicos adversos. Pero con estas cifras parecería aconsejable la implementación de fórmulas médicas electrónicas en la práctica clínica. Los criterios para acreditación de hospitales en Colombia exigirán la historia clínica computadorizada en un futuro próximo. En estas circunstancias la prescripción electrónica será cada vez más común en nuestra medicina. Mas hay algunos problemas en esta solución técnica.

  Primero, el costo. En principio es más barato escribir que teclear, sin querer parecer un ludita. El sistema para ordenar un fármaco, su mantenimiento, el subsistema para garantizar la confidencialidad y la calidad de la información, todo esto aumenta el costo de la prescripción electrónica. Por eso entre otras cosas es mucho más barato tomar una aspirina en casa que en el hospital. El diario USA Today informaba este año que en varios centros médicos de Estados Unidos tomar una aspirina pediátrica costaba 18 dólares, más de 30.000 pesos colombianos por pepita.  El sistema de entrega de medicamentos al paciente y sus controles son parte importante de este sobrecosto.

Además es posible y probable, casi inevitable, la corrupción. Si es frecuente la clonación de tarjetas de crédito en grises y oscuros restaurantes y establecimientos comerciales, imaginen la dificultad para controlar entrega de medicamentos en concurridos  hospitales. En estas circunstancias cada nuevo nivel de seguridad electrónica cuesta más y más dinero. Por lo menos la ilegible letra y firma de muchos médicos es casi imposible de imitar aunque fácil de reconocer para vergüenza del galeno.

Interpretar órdenes médicas escritas en papel en el hospital público donde trabajo es todo un arte. ¿Ha olvidado el médico apuntar el sexo del paciente en la orden de biopsia?: el nombre parece femenino, me contesta el residente. ¿Ha olvidado la edad del paciente?: el nombre parece, me dice, nombre de una mujer mayor (Encarnación, Noemí, Gertrudis o alguno así). ¿Ha olvidado explicar por qué se le toma una biopsia de hígado?: la firma parece, porque el sello está medio borrado, de fulanito de tal quien acaba de iniciar residencia en medicina interna. Les juro que no invento estos diálogos y son cosa de todos los días.

En estas circunstancias parece obvia la necesidad de implementar un sistema electrónico de órdenes médicas.  Pero ¿no sería más sencillo e inmediato pedir al médico que escriba bien? Este escribir bien tiene varias partes.

Antes que nada, buena letra o por lo menos legible. En alguna ocasión al solicitar plaza en un hospital norteamericano me pidieron, como a todos los candidatos, una corta biografía en inglés escrita a mano en hoja blanca. Treinta años después, le doy la razón a aquella oficina de admisiones.

Otro problema es el uso exagerado de abreviaturas.  Esto es una dificultad de toda la medicina contemporánea: IRA, por ejemplo, puede ser infección respiratoria aguda o injuria renal aguda.

Por último, no se trata de belleza o estilo en el lenguaje escrito de las historias clínicas, se trata de claridad y coherencia. Y aquí viene lo del uso exagerado de computadores e impresoras con un formato fácilmente legible: ello no garantiza la claridad y coherencia de lo escrito.  Apenas lo simula.

El escribir bien exige práctica y correcciones. Evitar de manera automática una fea caligrafía no lo garantiza.  Los médicos y estudiantes de medicina deben escribir y repetir documentos con puntuación, párrafos, numeración lógica y claridad. Además cometer errores y corregirlos, esto entrenará la mente a pensar con corrección.  Por algo los funcionarios del antiguo Imperio Chino eran examinados en caligrafía.

Escribir bien no aumentará el precio de una aspirina en el sistema de salud. Remplazar las órdenes manuscritas por órdenes electrónicas, evitando algunos errores, sí aumentará el costo de la prescripción. Aunque lo último no impide lo primero pues es posible escribir bien en computadora con una sola excepción: versos. Pero cada día son más escasos los médicos poetas.

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