El fantasma del fraude

El fantasma del fraude

31 de enero del 2018

Aparece en cada elección, hace de las suyas y luego se esfuma. Pareciera irreal… como si fuera un fantasma. Luego de que altera de manera grave los resultados de las elecciones, una y otra vez, ponemos el grito en el cielo y no pasa nada. Debe tratarse de un espíritu maligno al que le tenemos un nombre, como a la Patasola o a la Llorona, se llama Fraude.

Que se roban las elecciones desde la Registraduría, se oye decir ¡Y qué! Compran votos acá y allá ¡Y qué! Se presiona a los ciudadanos con amenazas ¡Y qué! Se escucha por ahí que una curul tiene un precio ¡Y qué! Se rumora que los cubanos interfieren los resultados como en Venezuela ¡Y qué! Que se reparten costalados de billetes pocos días antes de las elecciones ¡Y qué! Que los jurados rayan votos para anularlos ¡Y qué! Que se cae el sistema justo cuando va ganando la oposición ¡Y qué! Se dice y se sabe de pueblos con más votantes que habitantes ¡Y qué! Que desaparecen urnas y actas electorales justo antes de que sean digitalizadas ¡Y qué! Que hay quienes votan con la cédula de otros vivos o muertos ¡Y qué! Que trasladan votantes de un municipio a otro ¡Y qué! Que se adulteran las actas ¡Y qué! Que hay campañas financiadas con dineros de la mafia ¡Y qué! Que el gobierno interfiere con todo su poder a favor de quien le conviene ¡Y qué! Que los medios de comunicación se venden al mejor postor ¡Y qué! ¡Y qué! ¡Y qué! Qué siga la fiesta del fraude que lo anterior es apenas una muestra de su actuar con plena impunidad porque ¡cómo carajos llevar a la justicia a un fantasma!

Así, como cuando hablamos de la Viuda Negra o de El Duende, El Fraude es algo del más allá que se ha instalado en el más acá para hacernos la vida imposible. Es nuestra responsabilidad como ciudadanos de una nación libre, el darle cuerpo al fantasma y derrotarlo. Si no lo hacemos ahora estaremos condenados.

El 11 de marzo no solo nos corresponde enfrentar a las FARC, a los políticos corruptos y a la izquierda, que nos tienen recetada una fórmula similar a la de Venezuela, sino también y principalmente al fraude electoral. ¿Pero cómo si hace parte de la cultura popular, está enquistado en todas las capas de la sociedad, los órganos de control se muestran incapaces para derrotarlo y la mayoría de los partidos políticos son cómplices cuando no promotores de él?

¿Qué nos corresponde hacer? En mi caso particular me lo he preguntado durante años. He visto cómo en el presente gobierno se robaron tres elecciones con los viejos métodos y algunos nuevos que han resultado nefastamente eficaces. Con el claro patrocinio de Santos y su gobierno corrupto, el fraude alcanzó dimensiones alucinantes. Se tiró el país por la ventana para celebrar esa bacanal en la que convirtieron el acto más significativo de una democracia.

Hay quienes comparan el fraude con un cáncer que hace metástasis por distintas partes del cuerpo. Entonces ¿cómo atacarlo? Como a un cáncer, destruyendo cada célula maligna y para eso necesitamos la acción de cada uno de quienes creemos aún en la democracia.

Como integrante del Centro Democrático, el partido que sufre duramente los tremendos efectos del fraude y el único que no tolera acciones indebidas para conseguir votos, considero que una estrategia antifraude debe ser coordinada al interior del partido. De manera urgente se requiere que, al tiempo que nuestros candidatos recorren las plazas públicas atrayendo a los votantes, se conformen mesas de trabajo estructuradas y asesoradas por expertos con la función clara de impedir el fraude.

Es muy doloroso ver como cada voto depositado con honradez y sentimiento patriótico sea aniquilado por votos fraudulentos que aparecen por millones. Nuestro deber es salir victoriosos en las elecciones del 11 de marzo para lograr mayorías en el Congreso con los votos de una clara mayoría de colombianos dignos y honestos. Que no sea un fantasma el que nos arrincone de nuevos… ya estamos creciditos como para tenerle miedo a los fantasmas.

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