El guayabo, una no enfermedad

Mié, 01/02/2012 - 00:01
La corrección gramatical del título de esta columna se apoya en un viejo artículo de El País de España: “El estrés, una no enfermedad muy cara” (26/0

La corrección gramatical del título de esta columna se apoya en un viejo artículo de El País de España: “El estrés, una no enfermedad muy cara” (26/01/2003). El público debe estar atento a varias y costosas “no enfermedades” que acaba manejando el sistema de salud. Desde aquel seminal libro del sacerdote y crítico social Iván Illich, “Némesis Médica” (1975), se popularizó el término medicalización de la vida para denotar la transformación cultural de eventos usuales de la vida humana en enfermedades. Un embarazo normal, la menopausia, la homosexualidad, el envejecer, el mismo estrés y el guayabo, como discutiremos, pueden ser considerados erradamente como enfermedades. Debemos pensar detenidamente en la diferencia entre diversidad de estilo de vida (“anormalidades”), sufrimiento, dolor, malestar y enfermedad. Son cosas distintas y por supuesto no todas son enfermedades ni todo sufrimiento o malestar humano debe ser manejado como enfermedad. Parece algo obvio pero nuestra cultura, el mercado, nuestro lenguaje y el sistema de salud confunden a veces estas categorías.

La BBC reportó el 30 de diciembre pasado la aprobación en Estados Unidos por la FDA de una píldora, a la venta sin necesidad de prescripción médica, para curar la resaca tan común en temporada de fiestas. El supuesto “medicamento” no es nada especial sino una mezcla efervescente y saborizada de ácido acetilsalicílico (nombre comercial Aspirina) con cafeína. En nuestras farmacias debe haber varios compuestos similares.

Lo interesante es la aceptación por la agencia reguladora de drogas norteamericana. La FDA tarda años en aceptar nuevos fármacos, exigiendo múltiples y costosos estudios clínicos. La explicación que se da es que se trata solo de una nueva mezcla de sustancias farmacológicas ya aprobadas. O sea no es tóxica pero ¿quién ha probado la eficacia del nuevo producto?

La BBC reporta que la dueña del laboratorio quien desarrolló la píldora sufrió de resacas durante muchos años. Esta “investigadora” trabajaba en el enervante sector financiero de Londres, necesitando sentirse en plenitud física después de múltiples y alcohólicas reuniones. Probó varias mezclas hasta decidirse por la que pasó a comercializar. También exploró su eficacia entre amigos y colegas con los mismos problemas de guayabo recurrente. Creo que podemos desconfiar de los resultados de su investigación considerando su estilo de vida y sospechando astucia comercial tras su propuesta farmacológica.

Pero ¿cómo hacer investigación clínica de una “no enfermedad” como la resaca? Lo poco que sabe de su fisiología es que se presenta con deshidratación por supresión de la hormona antidiurética (tome líquidos, muchos líquidos es el consejo habitual) hipoglicemia que explica los temblores y la fatiga (coma algo se aconseja) agriera por aumento de la acidez gástrica (los líquidos y alimentos también sirven para esto) y diversos efectos tóxicos por los aditivos al etanol (parece que los licores oscuros son peores que los transparentes pero yo le tengo cierto temor a la ginebra inglesa y todas sus hierbitas tradicionales). Como ven el guayabo es una situación fisiológica vaga y pobremente definida aunque se sienta uno morir. Esto hace casi imposible un acercamiento terapéutico y científico al problema: a unas personas les sirve una cosa, a otros otra y una comparación clínica es extremadamente difícil. La respuesta científica a cualquier problema comienza por una definición estricta de él y el guayabo no la tiene. Quizás es malestar, incapacidad laboral, vergüenza, remordimiento y unas ganas infinitas de portarse bien como dice el chiste. No es una enfermedad.

Lo que ocurre es que hay ganancia económica en la posibilidad de considerarlo una condición patológica susceptible de tratamiento médico. Debemos sospechar que la astuta “investigadora” londinense de la nueva píldora vio este ángulo, como se dice en inglés. La ventaja de las “no enfermedades” es que cualquier tratamiento es aceptable porque no son enfermedades ni pueden ser definidas como tales. Cualquier píldora (diseñe la suya pero no la venda) que se comercialice para su tratamiento puede ser una estafa.

Hay muchas otras condiciones humanas que se medicalizan para lucro de muchos y peligro de los pacientes. Una de ellas es la inconformidad de hombres y mujeres con el tamaño y aspecto de los senos femeninos. Posiblemente la mayoría de las 15.000 colombianas (según el Invima, nuestra FDA, en El Tiempo 31/12/2011), 40.000 en Venezuela y 300.000 en el mundo, en quienes se usaron las infames prótesis PIP se acercaron al cirujano plástico por consideraciones estéticas. Y el tener mamas pequeñas o caídas no es enfermedad. Quién es el culpable de esta situación más allá del oscuro empresario francés que las producía queda abierto a la polémica.

Lo importante es meditar que la medicalización de la vida es un problema antiquísimo de la cultura y la medicina no es sino parte de la cultura humana. Probablemente los hechiceros de antes lo hacían y también los hechiceros de hoy se aprovechan de ella.

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