El logro de la Ministra

18 de abril del 2011

Si algo tiene para mostrar la Ministra de Educación en sus primeros ocho meses de gestión es la resurrección del movimiento estudiantil. No es un arrebato juvenil cargado de violencia contestataria. Con los jóvenes, la universidad toda reconquista un saludable lugar en el debate público nacional. Lástima que la Ministra no se lo haya propuesto y que hasta lo lamente.

En un inusitado ataque de reformismo se propuso modificar la Ley 30 de 1992 que organiza el servicio público de  educación superior. Ambiciosa ella, la Ministra, presentó una propuesta de 164 artículos que no alcanzan para resolver los grandes problemas de la educación superior colombiana.

La discusión pública se ha concentrado en los asuntos presupuestarios. La cobertura tiene en el déficit presupuestal su principal escollo. Limitados presupuestos públicos impiden la disposición de suficientes cupos de educación superior, al tiempo que presionan un incremento de las matrículas que se convierten en verdaderas barreras de acceso para los estudiantes más pobres. Pero la tacañería gubernamental de aumentar el 1 por ciento de inversión en el 2012, el 2 por ciento en el 2013 y el 3 por ciento entre el 2014 y el 2019, impide que se subsane el déficit actual de 700 mil millones de pesos de las Universidades Públicas y que se dispongan de nuevas inversiones para ampliar las coberturas.

Como expiando culpas, la Ministra se propone aumentar los beneficiarios de los créditos Icetex y reducir el valor de sus intereses. Olvida que dichos créditos benefician, como es obvio por la capacidad de pago de sus familias, a los estudiantes de las universidades privadas. Pero nuestra Ministra descubre el agua tibia: se propone aumentar los aportes de la empresa privada a la universidad pública. No sabe que desde hace  tiempo existen alianzas entre universidades públicas y la empresa privada en proyectos específicos de investigación. Que las universidades públicas y privadas, sin cambiar su naturaleza jurídica, reciben importantes ingresos provenientes de la contratación pública. Y aún así el déficit persiste.

La Ministra se siente autora de la idea de las universidades con “ánimo de lucro”.  Olvida que Brasil, con una estrategia similar aumentó la cobertura de 1,8 millones a 6 millones de estudiantes pero, como lo recuerda el rector de la Universidad Nacional, el éxito de la política fue su implementación simultánea con el fortalecimiento de la universidad pública y de los sistemas de gestión de calidad. La equivocación más grave de la Ministra está en pensar que la universidad privada con ánimo de lucro, por definición, resuelve los problemas de calidad, sin darse cuenta que estas no están ubicadas en los principales puestos de los ranking universitarios internacionales.

Cierto es que ninguna universidad colombiana aparece entre las 15 primeras de América Latina,  ni entre la primeras 500 del mundo. Pero no puede ser bueno un sistema educativo de un país que invierte en educación superior sólo el 1,1 por ciento del PIB y menos del 0,5 por ciento del PIB en Ciencia y Tecnología. La reforma de la Ministra no salvará la universidad colombiana pero la trajo al debate público. Y ello es un gran logro, así no se lo haya propuesto la Ministra.

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