El mundo al revés del gran general

Dom, 19/02/2012 - 00:02
 “No hay Dios en la historia de Colombia, ni justicia, y muchas veces son los más nocivos y parásitos quienes se salen con la suya”. Uno de ellos, Simón Bolíva

 “No hay Dios en la historia de Colombia, ni justicia, y muchas veces son los más nocivos y parásitos quienes se salen con la suya”. Uno de ellos, Simón Bolívar, quien fabricó su leyenda en cartas y proclamas retóricas, delirantes, para parecerse a Alejandro Magno, a Napoleón, a Cristo y a Don Quijote. Genio publicitario que inventó un genio, él, dice Evelio José Rosero en su novela La carroza de Bolívar, de Tusquets.  Bolívar concupiscente dominado por la ira, la cobardía, la ambición y la vanidad. Se deshizo de Miranda, de Piar, de Padilla, valientes auténticos.   Aniquiló a quien pudiera empañar su sueño de ser el único grande y el dictador de una república federal conformada por toda América del Sur.

Lo señaló José Rafael Sañudo en Estudios sobre la vida de Bolívar, obra publicada en 1925, que generó muchas polémicas.  Es famosa la que sostuvo con Sergio Elías Ortiz, intelectual conservador.  Sañudo, de recio carácter, aspiraba a ser recordado como “un hombre libre, lleno de franqueza, ni adulador ni servil”, como un buscador de la verdad.

 Arcaín Chivo, profesor de historia de la Universidad de Nariño, enseñó a Sañudo.  Largas  lecciones incluidas en el relato que aburren. Chivo perdió su cátedra.  Enrique Quiroz, su alumno y enemigo, bolivariano  persuadido, se integrará a un grupo insurgente en los años sesenta.  Asesinarán en nombre del Padre de la Patria.

El médico Justo Pastor Proceso López, también lector de Sañudo , recopiló testimonios, la mayoría de ellos sobre episodios de lascivia y violación, de ese Libertador que se fascinaba no con las mujeres, sino con adolescentes frágiles.  Iba a escribir el libro que le daría sentido a su vida.  Allí mostraría “nuestra memoria a retazos, en una carroza de carnaval”.  Bolívar y sus falsas proezas que se repiten en las escuelas, Pasto con su defensor Agualongo y la primera gran masacre, el primer ejemplo de barbarie de la historia de Colombia.  “El vendaval de los libertadores era peor que el de la monarquía”.

Mundo literario al revés para descubrir al guerrero huidor; ficción que se vale del carnaval donde todo se permite, todo sueño puede ser: “grita el que calló, baila el que no bailó y ama el que anduvo sin amor”. Justo Pastor, perdido de pasión por su mujer que no lo quiere, Primavera Pinzón, enamorada de Lorenzo Aipe y amante de catorce más.  Bailes del desorden entre la multitud.  Fantasías alucinadas de hermosa escritura.  Desfila la carroza de Bolívar pagada por el  médico…

Le robaron sus testimonios grabados a Justo Proceso Pastor López.  Mataron al doctor López los bolivarianos. Fue incapaz de sacar provecho de su disfraz de chimpancé que al asustar le devolvería la virilidad, el poder. Traje inservible. Rosero también pudo sacar más provecho de la escena primera de la novela, llena de sugerencias, del simio enloquecido que se pone la máscara. Justo Pastor, que se ilusionó con devaluar uno de los mitos primordiales de nuestra nación, fue silenciado porque “vale más la mentira que la verdad, más el artilugio, la puñalada trapera; el fin justifica los medios”.

Más KienyKe
Abogados solicitan a la Fiscalía General definir pronto una nueva fecha de imputación contra el director de la UNP y garantizar continuidad en la investigación.
Un mapa publicado por Trump puso a Canadá, Groenlandia y Venezuela bajo la bandera de EE. UU. y reactivó el debate sobre la Doctrina Monroe.
Una conversación que Yeison Jiménez tuvo con unos exorcistas está dando pistas de un posible caso de brujería.
La pareja colombiana cerró su romance sin escándalos, fiel al bajo perfil que marcó su relación.