El temple de la Fiscal

28 de marzo del 2011

La fiscal Viviane Morales lleva escasos dos meses y medio al frente del ente investigador. Poco tiempo, ciertamente, como para hacer un balance de su gestión, pero suficiente para corroborar algo que habíamos advertido desde esta columna: que estamos ante una funcionaria a la que le sobra carácter.

La semana pasada, la doctora Morales fue inaugurada con uno de esos desvaríos que sólo se ocurre a ciertos expertos en confundir las cosas y en tratar de utilizar la justicia para su beneficio. Resulta que el secretario privado de la Fiscal General es Andrés Alfredo Araújo, un joven de 25 años al que ella conoció como estudiante de derecho en la Universidad del Rosario, en Bogotá.

El joven Araújo, según dijeron los quejosos al diario El Nuevo Herald, es hijo de Alfredo Araújo Castro, “un alto funcionario de Drummond Company que ha sido mencionado en procesos en Estados Unidos y Colombia como uno de los presuntos enlaces de la empresa con paramilitares acusados de los asesinatos” de al menos dos líderes sindicales, hace diez años, en zona rural del municipio cesarense de Bosconia.

“El doctor Araújo se queda”, respondió enfática Morales cuando fue requerida por los medios de comunicación sobre la situación de su secretario privado. Y luego, a través de La W, la Fiscal le dijo a los interesados que el derecho al trabajo, a la honra y al buen nombre “eran derechos fundamentales” de cualquier ciudadano. Una posición más que válida porque en cabeza de nadie, cuerdo y decente, puede caber que a alguien se le discrimine por tener determinado apellido. Mejor dicho, en Colombia no existe el delito de sangre. ¿O nos vamos a quejar de que un concejal de Bogotá es hermano del máximo cabecilla de la guerrilla de las Farc?

Y para cerrar una semana complicada, el jueves le tocó lidiar a la doctora Morales con la novela de Ana Margarita Durán de León, la ex jefa de la Unidad Antimafia de la Fiscalía, una profesional respetable a la que algunos propagandistas quieren usar contra la Fiscal General, elevándola a la categoría farandulesca de “fiscal de hierro” o “fiscal sin miedo”.

Pues bien, pocos días después de que Morales se posesionó como Fiscal, se regó el cuento de que la mafia la tenía como objetivo por las investigaciones que adelantaba contra los más temibles narcotraficantes del país. Aunque no dudo de que alguien pueda estar en la mira de la mafia por rastrearla, no sólo ella sino muchos funcionarios investigadores, lo cierto es que la doctora Durán -seguramente confundida por el patrocinio de algunos sectores de la prensa- desafió el poder de mando de la Fiscal General de la Nación y, en una inusual carta de renuncia, argumentó que se iba de la Fiscalía porque la querían separar de investigaciones clave como la que se sigue por los supuestos actos de corrupción en la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE).

Lo cierto, según los que saben, es que la doctora Durán no tenía a su cargo en su despacho ninguna investigación. En el caso de la DNE, por ejemplo, si bien ella era la coordinadora de la Unidad Antimafia o Unaim, la verdad es que el proceso lo lleva otro fiscal. Entonces es falso que a Durán la querían apartar de sonados casos. Con razón la Fiscal General tuvo que salir a decir públicamente que los argumentos de la hoy ex funcionaria antimafia eran “mentirosos”.

Para terminar, no sobra recordar que la doctora Viviane Morales se ha mantenido en su palabra de no enviar a Miami o Panamá a ninguno de sus funcionarios a escuchar las pavadas de los famosos señores Nule, quienes desde el confort que produce tener en sus cuentas más de 2 billones de pesos de los contratos que descaradamente incumplieron, se han dedicado a encochinar a todo el mundo y a pretender su inocencia. Sin necesidad de arrodillar la justicia con esos exóticos viajes, la Fiscalía de Morales ha ido construyendo con el profesionalismo que se espera de ella la investigación sobre el carrusel de la contratación en Bogotá.

Bien por la nueva Fiscal General. Ojalá ese temple que ha mostrado hasta ahora la acompañe durante los cuatro años de su gestión. Mejor dicho, ahora sí se puede decir que “habemus” Fiscal.

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