Elecciones en un lugar del mundo

Jue, 20/10/2011 - 09:00
Es absurdo que haya tres ciclos electorales en cada cuatrienio, y a veces cuatro elecciones en los tres ciclos. Colombia está montada sobre la desconfianza, es un paí

Es absurdo que haya tres ciclos electorales en cada cuatrienio, y a veces cuatro elecciones en los tres ciclos. Colombia está montada sobre la desconfianza, es un país donde cada uno supone que los demás no son correctos, por eso se elige el congreso en una época, los alcaldes y gobernadores en otra y los presidentes en otra, cuando sería lógico elegir a todo el mundo junto, y saldría cuatro veces más barato, pero sobre todo, habría al menos tres años y medio de paz política. Infortunadamente nuestra cultura de la desconfianza nos lleva al naufragio de la fe en los semejantes, por eso todo hay que probarlo, hasta la firma hay que autenticarla, pero las copias autenticadas no valen, y las elecciones en un mismo día causan desconfianza a todos. Por eso, aquí vamos y llevaremos a cabo la tercera, y por tercera vez costosísima, jornada electoral en menos de 15 meses, que nos proveerá de Alcaldes, Gobernadores, Diputados, Concejales y Ediles. Pero nada cambiará en realidad, no de manera importante.

Lamento parecer pesimista, pero es verdad. Una sociedad fracturada por odios incomprensibles no tiene posibilidades de desarrollo, y la política en vez de ser un ejercicio de superación social, se vuelve una arena de agravios o daño material y humano infringido entre rivales para prevalecer fugazmente en posiciones de poder que no trascienden ante la sociedad. Los puestos en disputa, son mayoritariamente enfocados como botines, bolsas, tesoros que busca saquearse para resolver individualidades. Muy poco de lo colectivo y común será resuelto, en cambio, todo tipo de ambiciones personales serán saciadas.

Necesitamos una profunda reflexión sobre lo institucional, el diseño de país está mal hecho, su concepción es ya obsoleta, la Constitución del 91 se quedó corta, no alcanzó, y sus mejores instituciones -como la tutela- viven permanentemente amenazadas por la ambición de poder de los propios protagonistas del poder judicial que con mirada cortoplacista ven en este magnífico instrumento, una contención a los desmanes de su repentismo coyuntural, casi siempre interesado en fulgores personalistas o revanchas de ocasión. La Carta Magna volvió derechos constitucionales las conquistas sociales que ya estaban en la ley, y fue bueno. Pero mantuvo el centralismo y capó la autonomía verdadera que se había iniciado con la elección popular de alcaldes.

Pero sobretodo, dio inexplicablemente rangos que no existían y volvió altísimos funcionarios a quienes antes eran colaboradores comprometidos. ¿Qué pasó con los concejales ad honorem? ¿Por qué hubo que darles carros a los congresistas y concejales? ¿Dónde quedó la "vocación de servicio"? ¿Qué pasó en Colombia? Porque hoy vivimos en cohecho permanente, la inmensa mayoría de la administración pública es comprada y anhela venderse. Todo es un negocio, y nos materializamos del todo.

Quizá sea el momento de pensar en un gran debate sobre lo estructural, sobre el modelo de sociedad, de país, de organización política, que queremos tener. Las que tenemos, no están operando, son anticuadas, no funcionan. Esta rica tierra llena de biodiversidad, recursos y gente talentosa, no está formando a su juventud, no está forjando el metal de su arma principal que es el conocimiento, ni está preparando a otras generaciones para aportar desde una perspectiva superior de preparación y sabiduría.

Colombia requiere una reingeniería ambiciosa en lo político administrativo, en la justicia, en el tamaño del Congreso, en lo urbanístico, en el tamaño de sus ciudades -que empieza a ser absurdo- y por lo tanto, en las prioridades de inversión. Con un dramático subrayado: hasta que la educación sea una obsesión estatal y colectiva, nunca daremos el largo salto que requerimos para transformarnos.

Al parecer necesitamos una nueva Constituyente que rediseñe el Estado y ajuste las instituciones fallidas que hoy son trincheras políticas. Pero sobretodo, que se vuelva un pacto de convivencia que produzca paz, y empiece por entender e implementar la novedosa y hermosa noción del perdón total como sanción colectiva que se puede ver ampliamente en el trabajo de Bert Hellinger.

Las elecciones que vienen, salvo por contadas excepciones, son un sainete, una parodia de democracia, y los candidatos son malos en general. Bogotá, Bucaramanga, Medellín y unas pocas ciudades, cuentan con algunos buenos elementos postulándose, pero son la sobrecogedora minoría; hay que ver la fauna que marcha hacia asambleas y concejos a lo ancho de la patria; da grima ver la pléyade variopinta de malos elementos que serán pronto Ediles, Concejales y Diputados. El panorama de nuestra democracia es lamentable... contratos, convenios, plata zumbando, y pésimos candidatos vendiéndose bajo el disfraz de alianzas, al mejor postor, todo eso en un estado centralista que no alcanza ni ve todo, y parecería no importarle nada. El panorama es deprimente y basta tratar de pensar en cómo producir una revolución positiva, para que a uno lo invada una sensación de desolación republicana, y empiece a creer que esto no tiene solución y que tiene toda la razón el filósofo sinuano, cuando dice "vea, ¡nos falta mucho! Colombia todavía no es un país, es un lugar en el mundo solamente".

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Un desagradable episodio: De antemano ofrezco excusas a los lectores por parecer monotemático, sin embargo, el miércoles 19, en Valledupar, la persona llamada Salud Hernández Mora, acudió al noticiero matinal de Maravilla Stereo, una emisora local, y usó el tiempo conferido para llamar asesinos, delincuentes, hampones y todo tipo de epítetos insultantes, a miembros de mi familia y a mí mismo. Hernández Mora dijo estar en el Cesar y la Guajira realizando un trabajo de campo periodístico sobre el tema de las elecciones, sin embargo, sus insultos fueron encaminados con gran mordacidad a despotricar de una sola familia. Sostuvo un cruce verbal -de su parte agrio y descomunal- con el exgobernador Hernando Molina, y en la puerta de la emisora se volcó en insultos hacia el exalcalde Elías Ochoa Daza. En verdad su contumacia no conoce límites, más de trece columnas en El Tiempo contra miembros de mi familia, decenas de menciones radiales insultantes y miles de referencias agraviantes en recintos privados, me llevan a pensar que la sujeto padece de un Trastorno de la Personalidad No Especificado, pues presenta criterios de varios trastornos. Como el Narcisista que se manifiesta con sentimientos exagerados de superioridad e hipersensibilidad a la crítica. Sin embargo, su agresividad irreflexiva sin control, su testarudez para aceptar errores, la intensa ira y enfado constante cuando escribe o agravia, son más bien propios del Trastorno Límite, todo lo cual presenta comorbilidad con obsesión patológica y mitomanía, y la enmarcan -a ella- en una variedad de tipos clínicos que causan verdadera preocupación, incluso sobre la seguridad personal de los miembros de la familia objeto de su desmedida compulsión. Quien lo considere exagerado puede verificarlo al escuchar la grabación de Maravilla Stereo, en la cual dijo que a la familia Araújo había que erradicarla.

Si no es nada de esto, será llanamente que posa de loca para eludir la acción de la justicia que quizás ya la investiga por su estrechísima relación de muchos años con Carlos Castaño Gil, el prologado.

@sergioaraujoc

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