Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales

22 de enero del 2011

Philipp Blom
Editorial Anagrama

Comentario:
Mauricio López González

Sin duda este estudio exhaustivo y riguroso de Blom llama poderosamente la atención. Sobre este autor y en particular sobre este libro se han escrito varias reseñas que incitan a su lectura, y a decir verdad, ninguno de ellos peca por exceso. El libro es de fácil comprensión, va atrapando al lector con maestría y permite vislumbrar el alcance de un esfuerzo descomunal en tiempos en donde era peligroso aventurarse en la idea de recopilar el saber en todas sus ramas, sin prioridad en los asuntos eclesiásticos ni reales, y permitiendo al lector abrir su mente al mundo de la realidad de su época y brindarle un sano optimismo hacia el futuro.

Muchas líneas se han tenido en infinidades de publicaciones acerca de la dedicación y esmero, aún en desmedro de su salud y familia, del editor principal de la gran obra de la Enciclopedia, especialmente de Diderot y su compañero D’Alembert. Sin embargo, es significativo que Blom rescate con propiedad a otros intelectuales quienes acompañaron la empresa, principalmente el  Chevalier Louis de Jaucourt, Friedrich Melchior Grimm, el dibujante Louis-Jacques Goussier, el censor jefe Malesherbes, el abate Mallet, el mismo Rousseau, el barón D´Holbach, Condorcet, entre otros.

Pero quiero mencionar con letras de molde al grupo de personas que con su entusiasmo empresarial hicieron posible esta obra. Son los libreros. Sin ellos, el esfuerzo intelectual no hubiera salido a la luz con la propiedad y portento reconocido de la obra. Esta empresa en los 20 años que transcurrió entre la entrega de los 28 volúmenes, le dio trabajo a más de mil tipógrafos, impresores y encuadernadores. El presupuesto ascendió a una cifra superior a los tres millones de euros, el cual tuvo que ser ampliado varias veces. Obviamente que en esta actividad empresarial, los libreros tuvieron su beneficio, como es apenas lógico.

Vale un reconocimiento para Antoine-Claude Briansson, Michel Antoine David, Laurent Durand y André Francois Le Breton.

Resalto que desde siempre y en el Siglo XVIII la noción empresarial ha sido básica para el desarrollo del ingenio. El esfuerzo económico implicó por parte de quienes suministraron los recursos financieros, riesgos, expectativas y constancia. A veces cabe la pena pensar si en la Colombia de hoy haya inversionistas dispuestos a apostar por la recopilación del conocimiento, en un mundo más globalizado, y en donde el intelecto puede que no sea de interés comercial. Definitivamente estamos atrasados más de lo que creemos y creería decir que por falta de Quijotes y gentes que le apuesten a la defensa del conocimiento seguiremos cada vez más alejados de un mundo civilizado y humano.

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