Eso es mucha papaya

20 de noviembre del 2012

Ningún espectáculo más ordinario que esa pelea callejera protagonizada la semana pasada por el nuevo mejor defensor del Presidente y el antiguo mejor jefe de Santos. Parecía de esas en las que se trenzan muchachos violentos a puñetazo limpio y donde se escupen insultos de grueso calibre. Uribe y su ex ministro Silva se pusieron cita “a la salida” de los micrófonos y sorprendieron a la opinión púbica, no solo por lo que se dijeron sino por la forma en que lo hicieron. Lo más grave es que el espectáculo se da cuando nos encontramos iniciando una nueva negociación con una guerrilla que por 50 años ha predicado la necesidad de cambiar el régimen capitalista.

Así las Farc hagan declaraciones que nos produzcan urticaria, sabemos que hay que buscar la paz, es necesario avanzar todo lo posible para acabar con este absurdo conflicto, pero lastimosamente en el terreno del Gobierno están pasando cosas que no ayudan, que nos quitan la legitimidad y fortaleza requeridas. Mejor dicho, estamos dando mucha papaya en el momento menos apropiado y facilitándole a la guerrilla el uso de su trasnochada demagogia socialista.

Lo de Uribe y Silva sería hasta risible, una caricatura, si no estuviéramos en las que estamos, cuando necesitamos precisamente unidad y credibilidad. Sin embargo, no es lo único malo que está pasando para el Gobierno en este momento crucial. ¿Qué tal el escándalo de Interbolsa? ¿Qué tal esa sombra de duda que cobija a ciertos funcionarios de la administración por sus “acciones” en estos hechos? Personajes como Frank Pearl podrían ver ensombrecida su participación en los diálogos por sus conexiones con el mayor escándalo financiero del momento.

La bolsa, una actividad típicamente capitalista, fuente de desarrollo, lugar en el que la gente invierte y se recaudan los fondos para el crecimiento empresarial, cuando comete actos ilegítimos, se transforma en detonador de crisis económicas. Todo depende de una palabra muy frágil y muy delicada: la confianza, y esa es la que ha puesto en riesgo los actores de Interbolsa, salpicando de dudas a su paso la confianza en la integridad del Gobierno, o en su oportuna vigilancia.

Tampoco han sido afortunadas para este momento las declaraciones del mercenario Yair Klein, que un día involucra al expresidente Uribe y al otro día él mismo se desdice lo que declaró. Nuevamente la presidencia anterior, esos ocho años de Uribe, quedan en entredicho y, en este caso, por hechos más graves que los que le escupió en la cara, con rabia, Gabriel Silva.

Y ni que hablar de los carros del Senado o del Concejo de Bogotá. ¡Esa sí es una papaya gigantesca! Con estas actuaciones se termina de desprestigiar la ya deteriorada reputación de la rama legislativa, y una democracia sin Congreso deja mucho que desear. Si Roy Barreras, tan proclive al poder de turno, quiere ayudarle al presidente Santos, debería retirar definitivamente cualquier intento de darle transporte a los congresistas; ni carros nuevos, ni alquilados, ni prestados, ni nada. Con lo que ganan los padres y madres de la patria, que se compren su propio vehículo y punto.

Pero los escándalos no son solo en el legislativo, también en la rama judicial se cuecen habas por las actuaciones de la Corte Suprema, que con los últimos nombramientos lleva a ex magistrados de esa misma Corte al Consejo de la Judicatura en una especie de enroque, poco elegante y a todas luces inconveniente. No es bueno ver a los más altos jueces de la nación favoreciéndose unos a otros sin ningún pudor como si fueran simples senadores.

Si se desprestigia la Rama Judicial, si se equipara en sus abusos de poder con la Rama Legislativa y el Ejecutivo se deja enredar en este escándalo de Interbolsa, llegaremos muy debilitados a defender un sistema que parece hueco, sin la fuerza moral y el respeto que le dé razones suficientes para luchar por él. Ah, y como lo de interbolsa además debilita a la empresa privada… vamos quedando al desnudo en la Habana.

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