Euforias pasajeras

Vie, 06/04/2012 - 01:03
Este es un país que convierte todo, incluso los hechos más graves y dolorosos, en realities televisivos. La liberación de los policías y militares genera l

Este es un país que convierte todo, incluso los hechos más graves y dolorosos, en realities televisivos. La liberación de los policías y militares genera la natural euforia nacional. Detrás de cada una de esas caras de los héroes que retornaron se observa la sevicia y crueldad de la guerrilla. Más de diez años pasaron privados injustamente de su libertad. En lugar de sentirnos agradecidos por el “gesto humanitario” de la guerrilla deberíamos estar indignados por el dolor irreparable que le causaron a esas familias de compatriotas. En vez de estar hablando de que se abre un supuesto camino hacia la paz sería un buen momento para exigir justicia para aquellos que sin vergüenza violaron los derechos humanos y el derecho internacional humanitario durante más de una década.

Pero la paz, convendría recordarlo en estos momentos de ingenuidad colectiva, no es un objetivo sino un resultado. La paz se obtiene cuando una sociedad ha pagado el precio —

en ocasiones muy elevado— por ella. Más de cincuenta millones de muertos pagaron los europeos por obtener la paz en 1945. Dos generaciones de vietnamitas desaparecieron antes de poder gozar de su independencia y la paz. Algunos dirán que Colombia ya ha pagado suficiente. Pero la paz solo es duradera cuando es el resultado de un hecho incuestionable. Por  mucho que queramos afirmar que la guerrilla está derrotada no lo está. En muchos campos ha triunfado. Su mayor éxito es haber convencido a la clase dirigente colombiana que la guerra no puede ser ganada.

La guerrilla es mucha más estratégica que la opinión pública siempre ansiosa de buenas noticias. Un día después de las liberaciones, las Farc asesinaron cinco militares e hirieron a 17 en el Putumayo. Los noticieros pasaron por alta este hecho de guerra, preocupados por conocer los equipos de fútbol de los liberados y mostrar sus mascotas. La guerrilla nos ablanda con una sumatoria de “gestos de paz” como los llaman Piedad Córdoba y Samper para luego mostrar su verdadera cara, la de la violencia y el terrorismo.

La liberación de los héroes secuestrados no es un triunfo para el gobierno como lo creen los oportunistas de la paz. Es una victoria para la guerrilla que recupera, a los ojos de la comunidad internacional, la legitimidad que había perdido al utilizar esta práctica execrable. Desde Europa y Estados Unidos saldrán el coro de las ONG siempre dispuestas a lavar la imagen de estos terroristas. Vendrán todos los “intelectuales” y farcólogos a reafirmar que en esta ocasión están dadas todas las condiciones para una paz duradera porque ya existe una ley de víctimas y una de tierras. ¡Como si a la guerrilla tuviese una agenda política diferente a la conquista del poder!

La paz no se obtendrá diciéndonos mentiras. No es cierto que la guerrilla esté derrotada.  Tampoco es cierto que hayan renunciado a su vocación de poder. Ningún grupo político renuncia a su aspiración a alcanzar el poder porque si lo hace pierde su razón de ser. Conviene recordar la evidencia de que las fuerzas militares no tienen el control permanente absoluto del territorio y por lo tanto la inseguridad azota todavía muchas regiones.

En el tema de la paz, Colombia es como una mujer cornuda que cree las historias más absurdas que su marido infiel le cuenta para justificar sus ausencias.

representante@miguelgomezmartinez.com

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