Feliz día del periodista si pagan horas extras

8 de febrero del 2016

O nos da miedo exigirlas o nos creímos el cuento que dice que la noticia nos obliga a trabajar gratis. Así de simple.

Es demagogia que el periodista no tiene horario. Los dueños de los medios lo saben, se ahorran miles de millones de pesos gracias a ese cuento y lo peor de todo es que somos los propios periodistas los que pregonamos esa ilegalidad como una característica normal del oficio.

Un periodista de un noticiero de TV trabaja fácilmente más de ocho horas diarias. Un periodista deportivo trabaja fácilmente 12 horas un domingo. Cualquiera que cubra un evento político, una situación extraordinaria, sabe que lo normal es llegar tarde a casa. Al final, si lo pensamos bien, no importa si el medio es impreso, visual, radial o digital, es el gremio en general el que está sujeto a este abuso.

Quienes gustamos del periodismo sabemos que es imposible abandonar una noticia a mitad de camino. Y eso está bien. El compromiso de un periodista con su oficio es una característica irrenunciable. Lo que no es aceptable es que sigamos trabajando horas extras sin cobrarlas.

Por ley, en Colombia se deben trabajar máximo 48 horas a la semana. Lo demás es extra. Desde luego, esto no solo afecta a los periodistas, pues afecta a médicos, actores, entre otras profesiones que suelen explotar el tiempo de sus empleados, gracias a que hay mucha demanda laboral y poca oferta. Detrás de un trabajo hay 10 periodistas haciendo fila.

La situación es compleja para todos. Nueve de cada 10 horas extras que se trabajan son gratis, concluyó hace poco una investigación sobre ‘Calidad de vida laboral en Colombia’ hecha por el Centro de Estudios Económicos Regionales.

La gran ironía aquí es que un periodista calle ante sus propios padecimientos. El Ministerio de Trabajo invitó recientemente a denunciar el no pago de las horas extras y nadie del gremio dijo nada. Yo pregunto si se trata de miedo o de conformismo, esperando que la respuesta al menos no sea la resignación.

Particularmente, me resisto a creer que los grandes medios no tengan cómo pagarnos horas extras. No me dejó convencer (aún) de ese discurso universitario que nos anticipaba largas jornadas de trabajo sin derecho a una buena remuneración, como si fuera algo normal contra lo que no existiera resistencia.

Lejos de la voz sindicalista, el gremio del periodismo está así de mal por nosotros mismos, porque somos capaces de denunciar las aberraciones más increíbles de la sociedad, incluso de los más poderosos, pero casi siempre bajamos la cabeza en nuestro mundo. En la casa estamos atontados, no solo por la autocensura.

Y si no nos están pagando las horas extras, también hay que gritar que ni siquiera las ocho horas diarias de trabajo periodístico están siendo bien remuneradas.

De acuerdo con el grupo de Investigación en Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana, cerca del 34% de los comunicadores recibe un salario mensual de $1 millón e inferior a dos millones y un 27% devenga entre 500 y $950.000. En otras palabras, el 61% de los periodistas en Colombia no gana ni siquiera dos millones de pesos mensuales. En radio, el 54,5% gana menos de $1 millón y el 58,2% de quienes laboran en prensa recibe menos de $800.000.

Eso es una miseria, con respeto y admiración para quienes subsisten con el salario mínimo, pero con la certeza de que un semestre de Comunicación Social y Periodismo cuesta alrededor de 10 millones de pesos. Por eso mismo, muchos periodistas se van del Periodismo a la comunicación organizacional, donde los horarios son menos pesados y los trabajos reciben mejor pago.

Al ser el Periodismo tan importante para la sociedad, para la democracia de un país, deberíamos recordar que el buen periodismo vale y, en fechas como estas, expresar al menos nuestro inconformismo.

En todo caso,  ¡feliz día, colegas periodistas!

En Twitter: @javieraborda

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.