Fuego-Fuego

11 de junio del 2011

Diez meses y cuatro días van del gobierno de “más trabajo mejor pagado”, diez meses y cuatro días que van a todo “carbón” las locomotoras de la prosperidad, diez meses y cuatro días de caos, horror y miedo desde que el gobierno elegido por la unidad nacional de Cambio Radical y el Partido Liberal dirige nuestros destinos. Poco quedaba en la memoria colectiva de días de sosiego e incertidumbre por parte no solo de asuntos como el desempleo y la falta de oportunidades para una población de jóvenes preparados que no ven en que explotar sus habilidades, sino también el que despierta la violencia, la misma que resurgió en los últimos meses ante la ausencia de un mensaje claro, contundente y de sometimiento a los violentos por parte del Ejecutivo.

Hace bastantes años no evidenciábamos la muerte de jueces, aquellos que ponen lo mejor de sus vidas y criterios en derecho para administrar justicia. Pero el miércoles fue ultimada una jueza en Santa Marta, supuestamente víctima de un fleteo. ¿Será cierto lo del fleteo? Y hace pocos meses registramos el asesinato a la indefensa juez Gaona quien con fortaleza desempañaba sus funciones en una región donde hace poco también resurgieron las actividades de los facinerosos que se fortalecen y tratan de amedrentar al país por medio de la violencia.

Este viernes 10 de junio, un muerto y tres heridos dejó el ataque del Frente 60 de las Farc en Argelia (Cauca), con niños entre las víctimas. El secuestro de tres ciudadanos chinos de la multinacional Emerald Energy, revivió la que podríamos llamar la época dorada de las Farc, en la que eran muy frecuentes sus asaltos en las principales vías del país, sus denominadas “pescas milagrosas” o secuestros masivos, en algunos casos bajo instrucciones del guerrillero Henry Castellanos Garzón, alias “Romaña”, quien salía muy campante a pocos kilómetros de Bogotá llevando consigo a gentes indefensas en su propósito de aumentar las finanzas de sus jefes del Secretariado General de las Farc.
¿Qué está pasando en estos seis últimos meses del 2011?, ¿Llegó el final de la anterior política de seguridad democrática que permitió unos años de calma relativa en nuestro territorio, pero con estos últimos hechos, nos trae la memoria y a la realidad presente los constantes secuestros a los que en Colombia estábamos sometidos casi diariamente? ¿Acaso los nueve millones de colombianos que votaron por Santos no eligieron la permanencia de la política de seguridad democrática?

Todo indica que el Ministro de Defensa anteriormente era el presidente Álvaro Uribe quien permanecía encima de la tropa, instruía, ordenaba, mandaba, dirigía y exigía por todos los rincones de Colombia, hasta los sitios más alejados, incluso los de más difícil acceso, en selvas donde antes nadie se atrevía a llegar. Varias veces vimos a Uribe pasar el último día del año con nuestros soldados en algún rincón lejano de la patria, desde la puerta de Orión en el Guaviare hasta la tristemente célebre Bojayá en el Chocó, donde él mismo enviaba mensajes de una Colombia sin guerrilla, sin paramilitares, sin narcotráfico.

La misión Uribe era no bajar la guardia ni un segundo, ni cederle ningún espacio a los considerados terroristas por la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos. Todo ese esfuerzo sirvió para cerrarles las puertas a esos violentos, que de intenciones de paz no mostraron, ni han mostrado nada. El anterior gobierno con la ayuda de la comunidad internacional, en países como México facilitó el cierre de la oficina que montaron a finales de los años 90, pero, justo ahora, ¿fatal coincidencia?, quedó libre el señalado guerrillero por las autoridades colombianas, alias “Cienfuegos”. Bien por él que estará presuntamente riéndose de nuestra administración de justicia y de todos los colombianos de bien, como lo harán Granda y compañía; pero esta acción, según ojos críticos, pondría en evidencia otro retroceso en la lucha antiterrorista, mal por nosotros más de 45 millones de colombianos de bien, y mal por nuestros soldados y policías que dan lo mejor de sí con mística para garantizar nuestros derechos y libertades.
Criticado por unos, odiado por otros, pero admirado por muchos, con las trapisondas y demás que quisieron ponerle a su gobierno, con la ordalía inquisidora que muestran nuestros tribunales de justicia persiguiendo a quienes con ahínco, mística y amor por la patria lo dieron todo, para que hoy, sus obras, aquellas que nos mejoraron la vida a tantos colombianos de bien, sean olvidadas. Uribe no solo fue el mejor presidente de los últimos cuarenta años, para nuestra generación y las cuatro que nos anteceden,  él ha sido sin lugar a duda un hombre de Estado y un hombre firme, vertical un hombre de guerra. Para eso lo elegimos presidente en el 2002, para derrotar la violencia por la vía de una política de Estado de seguridad, una política de defensa de las libertades y derechos públicos. Cómo extrañamos los colombianos la dialéctica, el estilo, la humildad y sencillez de quien nos gobernó ocho años, extrañamos los consejos comunitarios, extrañamos su claridad mental y coherencia frente a los desafíos de la patria.

Presidente Santos, insistir, persistir e intentar abrir la puerta al diálogo con quienes han sido por décadas los verdugos de colombianos es un acto, como lo llamó aquel fiscal refiriéndose a la Corte Suprema de injusticias, un acto de alta traición a la patria. Estoy seguro que los nueve millones de colombianos votaron por vuestra inmaculada figura para derrotar a los facinerosos por la vía militar; como llamarían vuestros amigos, fuego a los violentos más fuego.

TWITTER: g_rodriguezm

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