Para los que nos gusta el fútbol, estas han sido semanas agradables. Tener, en simultánea, la Copa América Centenario y la Copa Europa es un banquete. Pero la forma de jugar también dice mucho de otras facetas de un país. Por ello el fútbol nos sirve también para entender las diferentes culturas.
Hay que reconocer que los europeos, hasta el momento de escribir estas líneas el día domingo, han decepcionado. Mucho mejor el nivel de fútbol de los equipos americanos, más interesantes y abiertos los partidos. Algunos culpan al agotador calendario del viejo continente que deja a los grandes jugadores agotados. Otros señalan al cuestionado Michel Platini ex -presidente de la UEFA quien, en jugada populista, aumentó el número de participantes a 24 equipos lo que explica la presencia de equipos de nivel muy diferente en esta fase final.
Pero volviendo a lo cultural, el fútbol confirma la crisis de Brasil, otrora estrella del mundo y que hoy tiene dificultades con cualquier equipo medianamente armado. No sólo en economía, política y corrupción los brasileños están mal; también en su deporte favorito. México es otra frustración permanente. A pesar de que clasifican a todos los mundiales porque su proceso de eliminatorias se hace contra enanos futbolísticos de América Central y el Caribe, no logran superar su nivel de mediocridad. Argentina es como el país, con individualidades sorprendentes (Gardel, Fangio, Borges, Messi) y poca estabilidad de conjunto. Estados Unidos, a pesar de haber mejorado su nivel nunca convence, en buena medida porque su equipo sigue dominado por hijos de emigrantes que reflejan el carácter marginal que sigue teniendo el socker. Por cierto, mientras el deporte no se llame fútbol o foot-ball, es imposible que salgan de su nivel secundario. Y está Chile, cuyo fútbol empieza a parecerse al de un país desarrollado, rápido y efectivo.
Porque la diferencia entre el fútbol americano y el europeo es su velocidad. Basta escuchar a un locutor colombiano para ver cómo refleja el inmovilismo. “Hay que hacer la pausa”, “tocar el balón en el medio” son frases comunes y de connotación positiva por parte de quienes transmiten los partidos. Como si los partidos los ganara el que más veces toca el balón. Convendría recordarles que los gana el que más goles mete. Los americanos se demoran en patear, le tienen miedo a la velocidad, les cuesta definir y les da pánico pegarle de volea. Un gol como el del alemán Boateng en el partido con Eslovaquia, una imparable volea de 25 metros, es impensable en nuestros países. El jugador no resistiría la chiflada si falla y, por lo tanto, no lo intenta.
El fútbol es entonces un buen reflejo de nuestra cultura, con sus fortalezas y debilidades.
Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com
Fútbol y subdesarrollo
Mar, 28/06/2016 - 02:45
Para los que nos gusta el fútbol, estas han sido semanas agradables. Tener, en simultánea, la Copa América Centenario y la Copa Europa es un banquete. Pero la forma de jugar también dice mucho de
