Hasta la próxima constituyente

14 de enero del 2011

Las instituciones vigentes no son idóneas para que el país pueda gobernarse con eficacia en tiempos en los que los acontecimientos desbordan. Al paso que va el planeta los desafíos tecnológicos las dinámicas comerciales ambientales y políticas serán cada vez más espeluznantes.

En las instituciones está la clave de la gobernabilidad y el progreso. Por inteligentes y preparados que sean los dirigentes, mientras  trabajen con estructuras inapropiadas y hasta desvencijadas, fracasan. Con herramientas obsoletas ni los mejores conductores tienen éxito.

Pongo ejemplos de fallas en las instituciones colombianas.

El presidente que tuvimos en los últimos ocho años acaparó el manejo de asuntos que debían atender otros funcionarios, alcaldes gobernadores gerentes ministros embajadores generales coroneles etc. Ese sistema de trabajo abruma y desgasta al mandatario y lo lleva a perder el sentido de las prioridades a cometer errores a desperdiciar tiempo y recursos humanos. Son fallas que implican mucho más que la simple pérdida de tiempo y oportunidades para la sociedad. De estos detalles depende en buena medida el progreso. Si el país tuviera instituciones apropiadas algo como esto no sería posible por más impetuoso que sea el gobernante.

Otro caso. El presidente se pelea con gobernantes vecinos y se paraliza al instante la vida de las fronteras con perjuicio de millones de personas cuya subsistencia queda en vilo. Los altercados de Uribe Chávez y Correa acarrearon pérdidas incalculables. Las relaciones entre ellos fueron personales, no mediadas por instituciones que amortiguaran sus debilidades humanas. El temperamento y estado de ánimo de las personas crean riesgos que evitan las estructuras.

Otro escenario. Las grandes ciudades. Cómo racionalizan su funcionamiento y amortiguan su crecimiento sin influir en las regiones y sus vecindarios. La figura de “región” está lejos de implementarse con la fuerza política y la capacidad de gestión que exige administrar servicios públicos para enormes masas de población. Sin  instrumentos locales y regionales idóneos que racionalicen y potencien la operación de estos gobiernos es imposible y con el paso del tiempo las metrópolis se convierten en montoneras.

Podrían enumerarse más casos de incompetencia e impotencia de las estructuras públicas del país. Por ejemplo en el tema ambiental. Las corporaciones autónomas los parques naturales las tierras comunales de grupos étnicos las tierras de resguardo municipios áreas metropolitanas departamentos la nación la fuerza pública los organismos de control los disciplinarios y los de justicia ¿cómo pueden conciliar todos y entre todos políticas ambientales y administrarlas con eficiencia y armonía…? Ese puñado de entidades disímiles de poderes separados e inconexos, orígenes diferentes y fiscos dispersos ¿cómo ensamblarlas y armonizarlas para concebir y administrar políticas de desarrollo sostenible coherentes en espacios de culturas y características múltiples…? El galimatías actual no solo es impotente sino nefasto a la hora de resolver problemas  como puede observarse en la catástrofe del actual invierno.

Los constituyentes del 91 dejaron directrices en la Carta Política para que este asunto se desenvuelva bajo el principio de la descentralización y la autonomía de las entidades territoriales. Quedó el mandato de dictar la “Ley de Ordenamiento Territorial” que organice el territorio y su gestión en instituciones políticas administrativas y fiscales capaces de entender el problema y manejarlo para hacer que la vida en Colombia sea amable y promisoria para muchas generaciones.

La tarea sigue pendiente por falta de organizaciones y de dirigentes políticos capaces de meterle el diente al tema que es de por sí exigente en lo científico y lo político. A los congresistas los bloquea su angustia de regresar cada cuatro años al Capitolio, lo demás no los apasiona. Este asunto además les enciende las alarmas porque se refiere a las estructuras político administrativas en las cuales se eligen y prefieren no tocarlas… sería tanto como cambiar su propio hábitat. Como quien dice, en este aspecto el país está condenado al atraso… al menos mientras llega otra Constituyente con la gente que vendrá del monte…

Otrosí: Según dicen los que saben Uribe piensa que Santos lo traiciona. Es además el sentir general. Los liberales no debieran acolitar la conducta antidemocrática de traicionar a los electores que son al fin de cuentas los defraudados: Santos ganó la presidencia porque era el ex ministro y el candidato de Uribe. De seguir por ese camino de la trampa y la mentira para ganar elecciones esta “democracia” nunca será transparente y por lo mismo nunca será democracia. Les recuerdo: la traición de Núñez al Partido Liberal costó dos guerras civiles en las que murió la flor de la juventud y la inteligencia colombiana y de sobremesa la violencia que aún no termina 125 años después de la traición… Ojo con eso

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