El alcalde Rodrigo Guerrero es un afortunado accidente para la ciudad de Cali y la clase empresarial está efímeramente feliz, porque si el estado de cosas no cambia significativamente para el año 2015, otro Iván El Terrible volverá. Cali debe pensarse a las decenas del nuevo siglo, donde se combata la descomposición social, la miopía de los cacaos y la politiquería.
Necesitamos menos reuniones privadas en las haciendas para hablar sobre las amenazas en materia de seguridad y que la Unidad de Acción Vallecaucana vuelva a ser lo que era en la época de Alfonso Bonilla Aragón. Es cierto que existen jóvenes baluartes pero son la excepción de la regla, porque poco a poco veo cómo los va comprando el sistema. Y cuando no los quieren comprar, sufren en silencio la marginalidad, la exclusión o son eliminados.
Hace poco dije que el mundo se está aplanando pero siendo consciente de que en la contradicción nace el ideal de complementar al ser con el desarrollo. Cosa que no está pasando, porque “los valores no son, sino que valen”, ya sea en la formalidad o en la informalidad de una economía de mercado.
Entiendo la necesidad de sentirse útil y de arañar una pequeña porción de poder, representada en un valor material o en un valor simbólico. El problema es el producto, el resultado del “eterno retorno” si se quiere o si me lo permiten, donde la reivindicación máxima de un joven, está en “el movimiento circular en el que caen todas las almas”.
Nadie les pide que cambien el mundo o que cometan un suicidio estético, sólo que primero sufren los síntomas del descontento y luego los síntomas del acartonamiento. Es decir, que se acomodan o los acomodan para luego ser enterrados como uno más en el cementerio, sin epitafios que recuerden sus aportes y sin ninguna herencia moral crecen sus hijos.
He perdido la fe en las nuevas generaciones, porque su estado natural sigue siendo igual de violento, mezquino y demasiado humano para mí. No me gusta ver a un tigre comiéndose a un venado o ver cómo unos jóvenes cambian sus principios para obtener oportunidades mucho más favorables en la vida.
Pero Rodrigo Guerrero afortunadamente ha regresado para dirigir el destino de la ciudad de Cali, mientras se discute nuevamente la idea de reelegir a alcaldes y a gobernadores; como la India Catalina y don Pedro de Heredia, primero colonizando y luego premiando a los mejores actores del conflicto…
