Historia de dos encuestas

25 de enero del 2013

Dos encuestas recientes de Datexco alborotaron el avispero político. La primera hace ya varios días, con la pregunta hipotética que enfrentó a Álvaro Uribe con Juan Manuel Santos, dándole la victoria por 10 puntos al expresidente y revitalizando al uribismo. La segunda, muestra que los dos ‘candidatos reales’ fuertes para las elecciones del 2014 son […]

Dos encuestas recientes de Datexco alborotaron el avispero político. La primera hace ya varios días, con la pregunta hipotética que enfrentó a Álvaro Uribe con Juan Manuel Santos, dándole la victoria por 10 puntos al expresidente y revitalizando al uribismo. La segunda, muestra que los dos ‘candidatos reales’ fuertes para las elecciones del 2014 son Juan Manuel Santos y -sorprendentemente- Antonio Navarro. La derecha todavía no ha despegado.

Por supuesto es muy temprano para descartar candidaturas con una encuesta, todavía hay mucha tela que cortar, empezando por la suerte del proceso de paz. Pero lo que sí parece indiscutible, es que en Colombia hay mucho más uribismo que derecha. Y eso -con todo el respeto que me merece el ex presidente Uribe- es una mala noticia para el país.

Lo que evidencian las encuestas de Datexco no es un síntoma solo colombiano, sino sucede más bien dentro de una crisis de la derecha a nivel mundial y muy particularmente en el hemisferio. Vayamos lejos para irnos acercando… Netanyahu en Israel recibió un duro golpe en las elecciones de días pasados, por no mencionar a Ángela Merkel y sus decepcionantes elecciones regionales, David Cameron y su incierto referéndum sobre la Unión Europea o Mariano Rajoy que no logra reactivar la economía ni reducir el desempleo español. Cruzando el charco, el panorama republicano en los Estados Unidos se ve duro, con todas las apuestas apuntando a que perderán el control de la Cámara en 2014, lo poco que les queda de poder a nivel federal.

En América Latina, la derecha solo gobierna en Guatemala, Costa Rica, Panamá y Chile, todos con terribles problemas a nivel de opinión pública. Paraguay y Honduras son producto de procesos no muy democráticos, y también hacen agua a nivel de opinión. Todos los demás -incluido el gobierno Santos- son gobiernos socialdemócratas o abiertamente de izquierda.

¿Qué le está pasando a la derecha? Todo parece indicar que la respuesta la tiene la tecnología: la tecnología de la información y redes sociales, junto a la creciente productividad de las máquinas en todos los campos. La primera determina un cambio sociológico y político, una revolución en la forma como se articula la opinión y por tanto la democracia, donde los jóvenes juegan un papel fundamental. La segunda, un cambio de juego económico que está modificando el equilibrio básico entre capital y trabajo.

Lo que está pasando a nivel económico, es que la creciente productividad de las máquinas nos enfrenta a un mundo de crecimiento económico que cada vez requiere menos trabajo humano. No estamos hablando solo de reemplazar puestos de trabajo poco calificados, sino altamente especializados, como le está sucediendo a los traductores, que pueden haber invertido años de estudio para verse hoy reemplazados por un software, por mencionar solo un caso. El problema es que el crecimiento no es sostenible si la gente no tiene empleo, pues no hay ingreso para comprar lo que las máquinas producen y ese no es sólo un problema de los pobres y la clase media, también de los ricos. Eso nos lleva a una situación compleja, donde los jóvenes se van abocados a adquirir enormes deudas -si es que alguien les presta- para hacerse a una educación cada vez más costosa que no les garantizará un empleo… Lo más probable es que engrosarán las filas de desempleados.

Ese es el origen del movimiento español de los indignados, y lo que se manifestó en las elecciones de Israel, donde el partido de Yair Lapid de la noche a la mañana se convirtió en la segunda fuerza política del país. La derecha tiene un reto fundamental para ponerse a tono con los tiempos que corren.

Y es importante que asuma ese reto. Ante esta situación, la derecha no puede ser simplemente la defensora de menores impuestos y austeridad en el gasto. Porque ante estos cambios estructurales, el Estado va a tener que agrandarse y habrá que fondearlo con impuestos. Donde se necesita a la derecha, es en la naturaleza de ese gasto: mientras la izquierda se concentra casi siempre en proteger y aumentar privilegios adquiridos -boliburguesías por decreto, prevendas sindicales, burocracias estériles, pensiones obscenas- la derecha debe asumir las banderas de invertir en las oportunidades, en la infraestructura, en la educación para el emprendimiento, en programas como Bolsa Familia en Brasil, Progresa en México o su versión en Colombia Familias en Acción, que han sido llamados equivocadamente subsidios condicionados. Equivocadamente porque no son subsidios, son pagos directos que se hacen a las madres por la difícil tarea de educar y alimentar a los niños, que son el futuro de todos nosotros.

Si la derecha se queda defendiendo rígidos dogmas religiosos de hace 2.000 años en temas como el aborto, el matrimonio homosexual o la lucha contra la planificación -por no hablar de la despenalización de la droga- irá desapareciendo a medida que las viejas generaciones inevitablemente vayan pasando a la historia. Habrá perdido la batalla demográfica y le habrá entregado a la izquierda, depredadora y rosquera, el futuro. Partido que excluye a los jóvenes ha firmado su sentencia de muerte. Como dicen los norteamericanos, el mensaje está escrito en la pared.

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