Ingrid: últimas noticias del exilio

Lun, 30/04/2012 - 09:01
«Ingrid, a Usted la conoce el planeta entero» aseveró esta semana Philippe Vandel, reconocido periodista de la radio pública francesa, para después anunciar una
«Ingrid, a Usted la conoce el planeta entero» aseveró esta semana Philippe Vandel, reconocido periodista de la radio pública francesa, para después anunciar una entrevista que sería transmitida en varias entregas durante todo el día. Buenos días, responde la excandidata presidencial e inicia una conversación serena, en donde Betancourt se refiere, sin tapujos, a algunos de los temas que después de su liberación, en Colombia, había logrado esquivar. Durante el 2011 y 2012, la hemos visto responder escuetamente y dentro de un marco políticamente corrrecto, a los temas que atañen a quienes fueron sus compañeros de cautiverio. El pasado, lo que sucedió en esos seis años de martirio, Ingrid considera, y tiene razón, ya está contado en su libro "No hay silencio que no termine". Pero el tono de esta reciente entrevista revela que Ingrid aprendió a vivir con la curiosidad, los rumores y lo juicios inquisidores que sobre su presente se generan en la opinión publica nacional e internacional. A la pregunta de, por qué no reside en Francia, Ingrid responde con su necesidad de anonimato para poder estudiar «es difícil ser Ingrid en Francia». Vandel le pregunta si el reciente relanzamiento de su libro en versión "bolsillo" hace parte del deseo de reconquistar el afecto de un público que la idealizó, para ahora, tres años después de la liberación convertirla en objeto de duras críticas. «Yo no siento haber caído en desgracia, responde. «En la calle sólo encuentro dulzura y afecto. Lo otro es el manejo de los medios. Ellos hacen lo que quieren. Eso hace parte de la dinámica, ensalzar a alguien y después caerle encima». Lo cierto es que algunos sectores de Francia no le perdonan ni que haya pedido torpemente una indemnización al gobierno francés, (solicitud de la cual se retractó) y mucho menos que le haya solicitado a los comités que tanto militaron por su libertad que no siguieran utilizando su nombre «Se que hay temas controversiales. Cuando yo salí del cautiverio había perdido la voz. Durante seis años y medio, la guerrilla se permitía hablar en mi lugar. Cuando llegué, encontré comités que portaban mi nombre que hacían declaraciones. Para el público esas declaraciones provenían de mí, pero yo no tenía ningún control de lo que se decía» sin embargo, señala: «a los comités yo los adoro, frente a ellos no tengo sino agradecimientos». En la entrevista, Ingrid se pronuncia en favor de la legalización de la droga. «Colombia no podría hacerlo sola, pero al cabo de un tiempo, nos damos cuenta que la prohibición la valoriza y hace que de un punto de vista de represión criminal no seamos eficaces. Es el momento de preguntarnos si no existe otro método para defendernos». Llega entonces la pregunta obligada, Clara Rojas y los testimonios dados por excompañeros de infortunio «Todos mis compañeros de cautiverio, son personas que tienen mi afecto. Si se han expresado sobre mí en los meses recientes, diferente a como nos relacionábamos habitualmente, es parte de los procesos. Con el tiempo, los seres humanos vemos las cosas en perspectiva, sentimos la necesidad de justificarnos. Hubo manipulación de las de Farc que nos ponía a unos contra otros y el deseo de algunos de crear una controversia». EL frío saludo a Juan Carlos Lecompte, una vez recuperó la libertad, también generó enormes críticas. Ingrid suspira «es una larga historia». Cuenta que «en la selva tuve noticias que el había rehecho su vida. Es comprensible. Él es un hombre joven y yo estuve ausente casi siete años. Pero lo duro es que en el momento que me bajé del avión y nos abrazamos, sí nos abrazamos aunque quizás las cámaras no lo vieron. La primera pregunta que me hizo fue si podía continuar viviendo en mi apartamento » (...) «Hubiera querido que me dijera que estaba contento de verme, que estaba feliz que estuviera viva. Muchas cosas vinieron a mi cabeza y entendí que había un problema que debería enfrentar más tarde. Quizás ese pensamiento fue el que se tradujo en mi gesto». Hoy Ingrid asegura que ha perdonado a sus captores. « el perdón es fundamental. Es un proceso espiritual que empieza por un momento de conciencia, primero es irracional, después es una emoción, después eres libre». Mientras en Londres vive sus días de estudiante de teología junto a "una juventud que no deja de sorprenderme" Ingrid trabaja en recuperar la confianza «para volver a reír y encontrar la liviandad». La entrevista inicia y termina sin bombos, ni platillos, con un silencio, el mismo que me motivó a escribir esta columna. A contar sin portar juicios de valor. Es cierto que frente a las enormes expectativas que queriendo o no despertó, Ingrid Betancourt ha sorprendido y desconcertado. Sin duda, como todos lo hemos hecho alguna vez, se ha equivocado. Me pregunto como hubiera sido esta entrevista en Colombia. No en todos, pero en algunos casos, bajo la etiqueta de «entrevista exclusiva» se hubiera traducido en un escarbe de heridas que deja el fin de una amistad. En el moralismo parroquiano que especula si tuvo uno o varios amantes en la selva. En el cortoplazismo de saber si va o no a ser política en el País. Y entonces siento que me gusta la serenidad de un diálogo que no busca titulares. Que me gusta saber que una compatriota se reconstruye. Que reconquista la libertad más importante que es la interna. Como dice Ingrid, "lo vivido ha sido tan fuerte que si vamos a utilizar tiempo en los medios que sea para hablar de las cosas esenciales lo demás, es mundano".
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