Según la Organización Mundial de la Salud (WHO-NCD Country Profiles, 2011) en Colombia dos de cada tres muertes se deben a enfermedades no contagiosas: la mitad de ellas por enfermedad cardiovascular, una cuarta parte por cáncer y el resto por otras condiciones como diabetes y patologías respiratorias. Solo un tercio del total de muertes se deben a enfermedades infecciosas, accidentes, violencia y otras causas diversas. Parecería obvio que si vamos a invertir dinero en la salud de la población deberíamos gastarlo, prioritariamente, en el control de las enfermedades crónicas no infecciosas.
La prevención y tratamiento de estas condiciones patológicas no es fácil (no hay vacunas contra ellas) ni barato (la mayoría requiere atención médica de por vida). Por lo tanto hay que buscar dinero para luchar contra ellas y priorizar iniciativas rendidoras en sus resultados. En 2009 se ofrecieron mundialmente 26 billones de dólares en donaciones y ayudas internacionales para la salud. De ese total solo 270 millones, 1%, iba destinado a las enfermedades no contagiosas. Pareciera que las enfermedades de estilo de vida (enfermedad coronaria, hipertensión, etc.) no estimularan la filantropía global como lo hacen el sida, la malaria y otras condiciones.
El Consenso de Copenhagen (www.copenhagenconsensus.com) es un centro que a través de grupos de expertos, reuniones y encuestas aconseja a gobiernos e instituciones de ayuda internacional sobre cuales serían las iniciativas más efectivas, desde el punto de vista económico y social, para enfrentar los problemas globales de desarrollo. Ha publicado sensatas sugerencias en la lucha contra el calentamiento global, la malaria, la infección por VIH y otros problemas. ¿Qué ideas o propuestas está trabajando el III Consenso de Copenhagen que se reunirá en mayo de 2012 sobre las enfermedades no contagiosas que causan el sesenta por ciento de las muertes en gran parte del mundo? Hay cuatro intervenciones cuyo costo es relativamente bajo comparado con el gran beneficio que podrían producir contra las enfermedades de estilo de vida. Tengamos en cuenta que estas iniciativas no van a resolver todo el problema ni prevenir todas estas condiciones pero podrían disminuir marcadamente el peso social y económico de la enfermedad cardiovascular, el cáncer y las enfermedades respiratorias crónicas.
Primera sugerencia, aumentar significativamente los impuestos al tabaco. Francia triplicó en una década el precio de los cigarrillos subiendo sus impuestos, el consumo en jóvenes bajó a la mitad y la prevalencia de cáncer de pulmón se ha reducido marcadamente. Lo único que se necesita para concretar esta iniciativa es tener la voluntad política para implementarla.
Recordemos que si en los países del norte se ha reducido la población de fumadores el mercado de los países más pobres del sur y oriente del mundo se hace más atractivo para las empresas tabacaleras. Habrá que resistir un tsunami de cigarrillos. También podemos predecir que un aumento de impuestos a un producto de consumo estimulará su contrabando. Tendremos probablemente que luchar contra nuevos carteles y la corrupción tributaria. Pero vale la pena prevenir algunos millones de muertes.
La segunda propuesta se refiere a disminuir el costo del tratamiento de la enfermedad cardiovascular. Un adulto con antecedente de enfermedad coronaria e isquemia miocárdica, accidente cerebrovascular o diabetes tiene un riesgo anual de 7% de morir o volver a ser hospitalizado. Si este adulto toma una aspirina al día su riesgo baja al 5%. Si además toma dos o tres drogas más para controlar su hipertensión arterial y bajar su nivel de colesterol su riesgo desciende al 2% anual. Supongamos que se desarrolle una “polipíldora” (como ya se ha diseñado con otras drogas en campañas contra el sida y la tuberculosis) con estos fármacos y pueda suministrarse a gran número de pacientes a bajo costo. Según el informe suministrado al Consenso de Copenhagen para su reunión de este mes (Chronic Disease Prevention and Control, Prabhat Jha et al.) esta iniciativa reduciría tres veces el riesgo de morir o ser hospitalizado en la población descrita si recibieran la “polipíldora” sugerida.
Una tercera propuesta es bajar el nivel de sal en la manufactura de alimentos procesados, su preparación y consumo en la mesa. Brasil, Argentina y Chile están trabajando en acuerdos industriales con este propósito. Argentina y Sudáfrica en particular se concentran en fabricar pan con menos sal. Se puntualiza que el beneficio de estas medidas al disminuir la hipertensión arterial sería veinte veces mayor que su costo económico. Por último los autores proponen una vacunación masiva contra el virus de la hepatitis B, enfermedad epidémica en muchos países (no tanto en el nuestro) que lleva a cirrosis y cáncer del hígado.
Quizás muchas personas pensarán que estas medidas son muy intervencionistas y preferirían insistir en educación esperando la popularización de estilos de vida más saludables. Pero es muy difícil confiar en la capacidad humana de cambiar hábitos establecidos de conducta y la sociedad (todos nosotros) paga nuestra incapacidad de hacerlo.
Iniciativas rendidoras en salud
Mié, 16/05/2012 - 09:01
Según la Organización Mundial de la Salud (WHO-NCD Country Profiles, 2011) en Colombia dos de cada tres muertes se deben a enfermedades no contagiosas: la mitad de ellas por enfermedad cardiovascula
