Japón, el reincidente de la caza de ballenas

Japón, el reincidente de la caza de ballenas

10 de enero del 2019

La última noticia ambiental del 2018 fue mala pero no tan sorprendente: el gobierno japonés anunció su salida de la Comisión Ballenera Internacional para retomar la caza comercial de ballenas. Desde Greenpeace la consideramos un decisión lamentable que se aleja de la tendencia mundial e instamos al gobierno a reconsiderar esta situación.

Hace 30 años, el gobierno de Japón le puso fin a esta práctica violenta, pero solo en la teoría, ya que el país oriental continuó sus operaciones, violando los hallazgos de la Corte Internacional de Justicia. Japón tiene un historial de no cooperación con la la Comisión Ballenera Internacional en iniciativas de conservación diseñadas para proteger y recuperar especies de ballenas, muchas de las cuales todavía no recuperaron las cifras de población saludable desde que la caza comercial de ballenas terminó hace 30 años. Pero ahora, retomará públicamente la caza con fines comerciales, como ya hacen Islandia y Noruega.

La decisión del gobierno de Japón está completamente desfasada con la comunidad internacional, e ignora la necesidad de proteger nuestros océanos y su fauna. Este desprecio al multilateralismo es inaceptable y profundamente preocupante. Actualmente, las flotas japonesas cazan unas 600 ballenas al año en el océano Austral y en el norte del Pacífico. Esa cifra se multiplicará con la nueva medida que permite la caza comercial.

Las ballenas ya se encuentran amenazadas por los impactos del cambio climático que dañan su hábitat, la pesca excesiva que las deja sin alimento, la contaminación por plásticos y la contaminación de las aguas. Lo que necesitan es más protección, no otra amenaza como la caza comercial.

En el pasado, países como los Países Bajos abandonaron la Comisión y luego regresaron. A la larga, la protección de los océanos y la vida marina del mundo necesita cooperación global. Esperamos que Japón dé marcha atrás con esta decisión y ocupe su lugar en la Comisión junto a los demás países tratando de revertir el daño que las actividades humanas causaron a las poblaciones de ballenas.

*Por Leonel Mingo, miembro del equipo de campañas de Greenpeace Andino

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