La amiga de Castaño

20 Julio 2011, 11:59 PM
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Salud Hernández es brutal en sus ataques. Es mejor beber un veneno letal que caer presa de sus obsesiones; cuando se ensaña su ponzoña no tiene final. Ella pertenece a una estirpe poco identificada
Salud Hernández es brutal en sus ataques. Es mejor beber un veneno letal que caer presa de sus obsesiones; cuando se ensaña su ponzoña no tiene final. Ella pertenece a una estirpe poco identificada, los "sinmiedo". No teme a nada. No conoce esa sensación derivada del instinto de conservación que acelera el corazón y seca la garganta. Cuando arremete se embriaga de adrenalina, le invade un cosquilleo placentero que la catapulta a un mundo imaginario de dicha orgásmica, en el que su ego se agiganta en la contemplación solitaria de ese ser mítico que se le presenta un poco raído ante el espejo: ella misma es Dios. Sus columnas en El Tiempo son escritas con la daga del ángel justiciero en que se encarna. Corta, da mandobles, cercena; mutilaciones por doquier, cabezas caen, y al terminar de escribir, repasa su obra extasiada de placer ante esa ola de sangre de "corruptos" que desencadena su furia titánica de paladina autoproclamada,  investida de poderes casi divinos dictados por "su" moral. Esos escritos son faenas de un tercio en las que cita y descabella sin contemplaciones. Quizá aprendió a no sentir miedo en las temporadas que pasó al lado de un hombre que influía mucho en ella: Carlos Castaño Gil. Porque aunque jamás lo haya contado, ella era amiga personal del comandante supremo de las AUC desde mucho antes del proceso de Ralito. Le visitaba con inexplicable frecuencia, comía y pernoctaba bajo su techo; se contaban cosas, ella dizque como periodista y él, aprovechaba para cabalgar hábil en las letras de ella, divulgando cuanto quería con la firma de su amiga, que se volvió su amanuense, su escribana, y ejerció una especie de testaferrato conceptual para el comandante.  La cosa llegó a tal punto que no resistió el halago de su invitación y avaló por escrito ese documento inverosímil con forma de libro en el que Castaño cuenta todos  sus despropósitos criminales.  Salud Hernández fue tan cercana a Castaño que redactó y firmó el prólogo de Mi Confesión, el taquillero Mein Kampf de Carlos Castaño Gil. ¡Qué honor Salud! ¿O escribió bajo amenaza? Un prologo es un aval, ella lo hizo y le llama "autodidacta... (del que) corroboré sinceridad, conectado con un amplio sector social" Y en el último párrafo lo exculpa del todo cuando afirma que "con otro Estado y otros dirigentes, con una sociedad justa, sin guerrilla… jamás hubiera llegado a formar las AUC" Cuando Castaño ordenó el alzamiento del Sur de Bolívar, para impedir una zona de distensión que pedía el ELN, ya las AUC habían sido permeadas por el narcotráfico que el mismo Castaño inculcó para robustecer finanzas. Pero el alzamiento del sur de Bolívar reveló a los comandantes zonales la dimensión real de su propio poder. Cuando quiso levantar el paro campesino, dio la orden, pero los comandantes que él creía subalternos le hicieron saber que ya no mandaba. Iracundo, renunció a la comandancia, y para vengarse de ellos acuñó públicamente la tesis del ala narca y el ala antisubversiva de las AUC; curiosamente empezaron a aparecer las denuncias de Salud Hernández en El Tiempo señalando que tal comandante era un monstruo o que tal otro era un hampón, en una disección selectiva del Leviatán que se le había salido de las manos a Castaño, cuyas criaturas eran escogidas y estigmatizadas, con gran maniqueísmo, por voz de Castaño desde el valiente portátil de Salud, según siguieran o no siendo fieles a los comandos del amigo de la española. Ella, debo confesar, me causa pánico. Porque es capaz de decir o escribir cualquier infamia. Salud escribe como cuando el cuerpo se libera de sobrantes, de allí puede salir cuanto se coma y ella suele comerse el cuento de quien le diga cualquier cosa, porque su odio no digiere. Si se tragó los cuentos de Castaño y los divulgaba, desde luego engulle los chismes de quien la quiera usar como megáfono de rencores afines a los propios. Salud va a Valledupar, se pasea por la provincia, y por todas partes trata de recabar información sobre las fechorías que ella quisiera que hubiéramos cometido los miembros de mi familia. Se sienta con cuanto malqueriente político nuestro se tropieza, a ver como arma el imposible rompecabezas de nuestra inhabilidad moral. Pero no encuentra cómo, jamás podrá, por una razón muy sencilla: la vida de mi familia ha sido de esfuerzo, de lucha honesta, ha sido por el agro, por el folclor, por lo que es Valledupar, por el honrado manejo de la cosa pública, y por eso, solo por eso, es que las gentes de Bogotá van a nuestra casa y nos brindan su amistad. Por ser correctos, jamás metidos en chanchullos ni desfalcos, jamás "serrucheros" con contratistas, jamás beneficiarios de criminales. Por eso tengo micrófono y columnas desde 1985, aunque Salud se revuelque de inconformidad. Pero no se sacia, no es capaz de aceptar que se equivoca, su ceguera no da para una contrición y su obsesión no le permite rectificar. Se siente Júpiter Tonante y lanza rayos, corta, rasga, destruye, y sigue, porque su propósito no es la verdad sino el derrumbe final de su "objetivo militar", como le aprendió a Castaño Gil en el solaz de la clandestinidad que conocía y terminó prologando orgullosa. Esta columna desatará su ira. Lo sé. Pero piense lo que escriba o diga Salud, porque esta fiscal ya no tirita de pánico ante sus escritos. Lo que me vaya a decir prepárese para sustentarlo ante la justicia, porque si me calumnia la denunciaré penalmente. Yo se que no teme a eso, especialmente no teme ser canalla, no siente rubor siendo injusta, ni le da miedo vomitar sobre la honra de un hombre probo y ejemplar como mi padre, o decirle putas a las pereiranas, ni callar o ensalzar cualquier asesino o mediocre con el que se sienta agradecida. Poco a poco he podido entender su confusión sobre el valor; al fin y al cabo, sin hijos, novio, novia, familia ni nadie cercano, sus profundas necesidades de afecto las llena con esa atención mediática que cosecha del desmedido protagonismo que producen sus calumnias y esa lengua venenosa e impune. Cree que esto sigue siendo Roma, se siente una gladiadora mortífera y ve un circo que goza y la aplaude. De eso vive. Siento terror ante la perfidia de sus embustes. Pero tenga claro, muy claro, que prevalido de la verdad, bajo los ojos de Dios, usted a mí, jugando al desprestigio y con infamias no me arredra. De sus letras a mis letras, con la ley alrededor, y bajo imperio de la dialéctica, cada vez que lo plantee le acepto el reto; en público y con polígrafo si quiere, y nos hacemos preguntas... Mire Salud, yo conozco su doble faz y sus tribulaciones morales, desde la España de Mario Conde hasta su gran cercanía con Castaño, por eso, ante usted, inmisericorde y letal como parece, "siempre siento miedo, pero nunca me falta valor" Una frase familiar para usted, usada por su amigo en aquella entrevista en que… ¿también lo asesoró? Estoy de acuerdo en todo con la definición de ese monumento moral que es Abdón Espinosa Valderrama quien dijo sobre Salud: "con carita de ángel y nombre engañoso que se lanza escoba en ristre cual las brujas. Sin respeto ni miramiento, esta pretendida y pretenciosa exponente de la inquisición moderna, como buitre ansioso se sueña solazándose en sus supuestas entrañas pestilentes. Vade retro Satanás". Bueno, casi en todo, porque "carita de ángel" no tiene.   ________________________________________________   De otro tema: Rodrigo Lara Bonilla y Enrique Low Murtra eran imprescindibles para la patria. La arrogancia asesina de la mafia del narcotráfico nos privó de ellos, su muerte duele aún, pero declarar estos homicidios Crímenes de Lesa Humanidad, no procede según parámetros universales. Y si se hace para subsanar las falencias y tardanza investigativa del Estado, sería lo mismo que aceptar que unas vidas son más valiosas que otras, pues de facto se estratifica la importancia del crimen. Twitter : @sergioaraujoc

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