La bella vs la bestia

2 de julio del 2015

“Esperemos que Paulina le dé una lección de cómo construir puentes.”

Hemos visto recientemente cómo las afirmaciones del magnate Donald Trump sobre los mexicanos y latinos residentes en Estados Unidos, han despertado una profunda indignación entre la comunidad hispana. El millonario aspirante a representar al Partido Republicano aseguró el pasado 16 de junio que los inmigrantes procedentes de México “están trayendo drogas, crimen, son violadores”, en su  discurso de postulación. Esta declaración ha generado graves consecuencias para Trump con varios de sus socios, la cadena Univisión, NBC/Universal, Televisa y Carlos Slim rompieron relaciones comerciales con él. Estas grotescas manifestaciones son un grito de desesperación de Mr. Donald, que intenta ganarse el apoyo de la facción radical del Partido Republicano; en un momento de muchos aciertos del presidente Obama y donde la oposición no encuentra una voz líder que unifique su fragmentación actual.

Muchos sectores de opinión en nuestro país también se han unido a esta protesta, y se han preguntado cómo debería reaccionar Paulina Vega. Resulta un poco paradójico, que cuando Paulina ganó Miss Universo, era vista como una representante de Colombia ante el mundo; ahora, muchos la consideran como una delegada de Donald Trump y la están presionando para que renuncie.

Pienso que persistiendo en su condición de Miss Universo, tiene más posibilidades de luchar contra los prejuicios raciales que renunciando al título. Independientemente de los vacíos cognitivos de quien preside la organización, Paulina no está haciendo otra cosa diferente a enaltecer la imagen de los latinos en el mundo. Nadie tiene la menor duda que ella es precisamente la antítesis de lo expresado por Trump sobre los hispanos. Renunciar, puede interpretarse como una manifestación de orgullo, pero también como un sentimiento de minusvalía. Abdicar, no sólo reflejaría sensibilidad frente a la difamación, sino también desánimo y evasión de las dificultades.

Pasar por alto los comentarios ofensivos del magnate gringo, tampoco es lo más conveniente, sería dejar de hacer algo positivo por la comunidad hispana en Estados Unidos. Las dificultades muchas veces pueden convertirse en oportunidades. En su condición de Miss Universo, considero que la salida más conveniente para Paulina sería la de apoyar la organización que ella representa y al mismo tiempo, desaprobar las manifestaciones injuriosas de Trump. En realidad así son las latinas: valientes, asertivas, con espíritu conciliador pero sin miedo a decir la verdad. Esta situación pondría a Trump en una incómoda pero merecida situación, en un momento en donde el mundo tiene los ojos puestos en él; al atreverse a tomar una medida deliberada sobre la no continuación de Paulina, incurriría en una doble discriminación; y en este caso,  no sólo irrespetaría la condición racial, sino que también atropellaría la libertad de expresión.

No es la primera vez que los latinos sufrimos de la estigmatización propia de las conciencias ignorantes. Tenemos el derecho y el deber de rechazar todo tipo de generalización absurda y malintencionada. Pero también debemos saber reconocer la delgada línea en donde termina el rechazo y empiezan los complejos. Es muy propio de nuestra cultura, iniciar inmensas campañas con el fin de probar que “no somos así”  y tratar demostrar que estamos a la altura de los demás. La extrema sensibilidad frente a nuestra identidad, puede terminar reflejando más defectos que virtudes.  En la medida de que entendamos que somos distintos, ni inferiores ni superiores; nos daremos cuenta cómo nos podemos enriquecer los unos con los otros. Donald Trump afirmó que si llegaba a la Casa Blanca, construiría un gran muro en la frontera con México y lo pagaría; esperemos que Paulina le dé una lección de cómo construir puentes.

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