La cólera ante el cólera.

1 de diciembre del 2010

Todos hemos visto en los últimos quince días imágenes de los disturbios en Haití ante la epidemia de cólera.  Es una situación confusa, y humanamente justificada quizás tras todas las desgracias que le han caído a la mitad más pobre de la isla Española, pero se lee también que muchos haitianos culpan a las tropas de la ONU de haber llevado la epidemia a su país.  No hay ninguna evidencia de esto último.  Aunque quizás algún sabelotodo local disparó la histeria colectiva al culpar a las tropas nepalesas pues el cólera históricamente se ha asociado al subcontinente indio en varias epidemias.

No podemos con certeza y de nada nos sirve decir que el origen del cólera es el sur del Asia, pero la relación de esta enfermedad con las culturas de esa región es interesante.  Las excavaciones arqueológicas más antiguas de ciudades con separación en cañerías distintas de aguas limpias para el consumo humano y aguas sucias para desechar son las de las civilizaciones del río Indo datadas unos 2,000 antes de nuestra era.  La población de esas ciudades conocía en aquella lejanísima antigüedad lo importante del consumir agua sin contaminar.

La enfermedad humana llamada cólera es causada por una bacteria, el Vibrio cholerae, frecuentemente transmitida por agua.  Hoy se sabe que la intensa y deliciosa condimentación de la comida hindú puede explicarse como un intento cultural para disminuir la contaminación bacteriana de los alimentos.  Las especias, por ejemplo el curry, usadas en alta concentración tienen efecto bacteriostático inhibiendo el crecimiento bacteriano.

Nuestro Octavio Paz explica en algún ensayo (Vislumbres de la India, 1995) que la separación en castas de la población de la India puede ser un peculiar intento de contener en una fracción de la población, los intocables o dalits, el contacto con cadáveres, materias fecales e impurezas.  Quizás esto apareció en una cultura amenazada por epidemias de cólera y otras enfermedades gastrointestinales.

Pero nada de lo anterior justifica culpar a los nepaleses del cólera en Haití.  El cerebro humano frecuentemente confunde causa y culpa en situaciones de rabia y miedo ante epidemias.

El cólera es bien importante en la  evolución de nuestra medicina occidental y nuestras metrópolis modernas sobretodo por la historia del Dr. John Snow en el Londres victoriano.  Esta es magistralmente narrada en un libro reciente de Steven Johnson (The Ghost Map, 2006).

La capital de Inglaterra en 1854 era la ciudad más grande del mundo con más de 2 millones de habitantes.  El  saneamiento ambiental en aquella urbe era peor que en las ciudades actuales de Haití.  En agosto de 1854 una niña llamada Louise, de la que no se conoce el apellido, enfermó de cólera y contaminó una de las populares bombas de agua de la ciudad, la de Broad Street en Soho.  En una semana murió el diez por ciento de la vecindad.  El Dr. Snow trazó un mapa señalando las muertes por casa (de ahí el nombre “mapa fantasma”, título del libro).  Este mapa demostró que los casos estaban centrados en la bomba de Broad Street.  Esta se cerró y los casos disminuyeron.

Supongamos que el Dr. Snow (y su socio de investigación, el líder comunitario Whitehead) hubieran revelado el apellido de la niña, ¿cuál hubiera sido la respuesta del vecindario?  ¿Atacar a la familia de la niña, expulsarlos del barrio o quizás, en nuestro ambiente legal actual, demandarlos?. Nada de eso hubiera solucionado el problema.

La cólera ante las causas de las enfermedades y la asignación de culpa casi nunca solucionan el problema patológico.  Lo importante es prevenirlas hasta donde se pueda.  Y lo admirable de la obra de Snow en 1854 es que esto se hizo antes de conocer la causa infecciosa de las enfermedades, lo cual debería esperar unos veinte años a las investigaciones de Pasteur y Koch.

Entonces la cólera haitiana ante el cólera no es la mejor respuesta aún después de más de millar y medio de muertos, con proyecciones de 200,000 infectados en seis meses, en esa isla.  Acciones preventivas más eficaces, que a veces despreciamos por su obviedad y humildad, son hervir el agua y lavarse bien y frecuentemente las manos.

Pero reaccionar con cólera ante el cólera es una respuesta que se ha repetido a lo largo de la historia.  Cuando la enfermedad llegó a Francia en 1832 los obreros, adelantados a su tiempo en consciencia revolucionaria, culparon a los capitalistas y políticos.  En Nueva York se culpó a los canadienses y en 1866 en la misma ciudad a los irlandeses, quizás reacción del chauvinismo norteamericano anticatólico de aquella época bien retratado en el film “Gangs of New York” (2002) de Scorsese.

De cierta forma los obreros franceses proto-marxistas iban bien encaminados, porque es un escándalo que los políticos modernos no provean de buenos acueductos y alcantarillados a nuestras ciudades hoy, cuatro mil años después de aquellas primeras civilizaciones del Indo.  No creo que ocurra en Colombia una epidemia de cólera pero todos conocemos ciudades de nuestra costa caribe y pacífica sin acueductos ni alcantarillados adecuados.  En esta situación estaría justificada la cólera ante el cólera.

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