La deuda social con los pensionados

30 de diciembre del 2010

Vivimos en una entorno de desconfianza que se sustenta en que somos una sociedad de mentirosos, defraudadores y por eso es necesario que cualquier diligencia ante las autoridades tenga el mayor número de requisitos… como si los verdaderos delincuentes no tuvieran la forma de burlar todos los peajes y pagar para obtener lo que desean en el reino de la ilegalidad… pero las consecuencias las sufrimos todos.

Y lo que es peor: la sociedad se ensaña con los más débiles: quienes han trabajado toda la vida y por voluntad propia o porque se ven obligados, se retiran del mundo laboral y buscan el pago de una pensión. Entonces ahí comienza el calvario con los múltiples padecimientos que conlleva.

Durante muchos meses las personas ofician y van personalmente a todas las empresas y entidades donde han trabajado, buscando que se les certifiquen  con exactitud los días laborados, las cotizaciones hechas a salud y pensiones; casi siempre la solicitud respectiva va unida a certificaciones expedidas en su momento, por lo cual sería posible atenderlas de modo expedito. No obstante, los interesados se ven obligados a todo tipo de rogativas, tutelas, en algunos casos palancas políticas, para lograr que les certifiquen nuevamente lo que ya tienen certificado.

En el colmo del agotamiento, y una vez recopilada toda la documentación, la persona presenta su solicitud al Seguro Social.  Entonces va entusiasmada a partir del segundo mes a hacer cola para notificarse de su resolución.  No faltan los vecinos de cola que le aconsejan tener paciencia, pues antes de un año no tendrá noticia alguna, que lo mejor es presentar una tutela para lograr que actúe el Seguro. Como era de esperarse, esta entidad, dentro de la lógica de la trampería colectiva, debe comprobar nuevamente que el pobre ciudadano tiene el tiempo requerido y la edad, para lo cual oficia nuevamente a todas las empresas, entidades y despachos públicos y privados.

Una vez obtenido el reconocimiento, luego de presentar recursos y todo tipo de alegatos, el que lo logra – los funcionarios aplican todo tipo de normas confusas, en algunos casos ilegales, para interpretar de la forma más restringida posible los derechos del candidato a jubilarse -, empieza una nueva etapa donde debe poner en juego toda su paciencia, la del cobro mensual.

El espectáculo es grotesco: colas infinitas de pensionados con inmensa paciencia van a reclamar su pensión en un solo Banco al norte de la Ciudad. No importa si llueve a chuzos, si truena o relampaguea, van todos en fila, a veces saltando charcos,  a demostrar que están vivos.

No se entiende por qué no se les puede consignar su mesada en su cuenta bancaria cerca de su domicilio; no, a pesar de que las redes bancarias entraron al internet desde hace veinticinco años, en Colombia el Seguro Social se aferra al sistema tradicional: los pensionados deben acudir a un solo banco desde todas las latitudes como en el Sueño de las Escalinatas, así crece la audiencia, de los pueblos de Cundinamarca, de Usme, San Cristóbal, Engativá, no importa la enfermedad ni el cansancio, ni los problemas de movilización, todos deben acudir a la cita mensual, crece la audiencia…

Horas enteras para demostrar que no se han muerto. Y en la fila se escuchan historias: luego de cuatro horas de cola y de haber acudido tres veces, una señora le dice al cajero: mire se me quedó la cédula, pero tengo la tarjeta de la EPS, el pase de conducción con mi foto, la tarjeta profesional, pero lo más importante, tengo mi dedo derecho índice con mi huella…. Lo sentimos mucho, vaya a su casa por su cédula y vuelva…

Un hombre llega con un poder de su esposa que viajó al exterior, pero se lo rechazan por tener una fecha que supera un mes. Tiene que venir con un poder actualizado, le dicen, debidamente autenticado por el cónsul – para lo cual ella debe hacer nuevamente la debida cola por varias horas y mandarlo por correo -.

La irrupción de la tecnología  debería tener un sentido humanista, estar al servicio de la gente, por eso no tiene sentido que Colombia no entienda la modernidad como el gran esfuerzo de crear una sociedad donde las telecomunicaciones faciliten la vida a la gente, y en particular, a quienes ya cumplieron una tarea y tienen derecho a la tranquilidad y la seguridad en la vejez. Qué se puede esperar de una sociedad que trata mal a sus viejos?

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